La 'patrulla eterna'

Del K-8 soviético al ARA San Juan: las otras grandes tragedias submarinas de la historia

El ARA San Juan se incorpora a una larga retahíla de submarinos desaparecidos tras accidentes, fallos o colisiones. Algunos permanecieron décadas perdidos hasta dar con sus restos

Foto:  El submarino nuclear británico HMS Vanguard
El submarino nuclear británico HMS Vanguard

Un submarino es uno de los vehículos más peligrosos jamás inventado por el ser humano, al nivel de una nave o estación espacial. Diseñado para operar en un entorno hostil en operaciones de guerra, el riesgo no proviene tan sólo de las acciones enemigas, sino de sus propias características y del medio en el que vive y opera. En superficie, un submarino es un barco con pésimas cualidades marineras, muy bajo y por tanto vulnerable a la inundación y bastante inestable. Para sumergirse es necesario realizar centenares de operaciones para activar su compleja maquinaria en una secuencia concreta; un sólo paso que se salte o se lleve a cabo en el orden incorrecto y la inmersión será la última.

Una vez bajo el agua la situación mejora con respecto al oleaje, pero toda inmersión es intrínsicamente inestable y debe ser controlada constantemente mediante entradas y salidas de agua en tanques de lastre y movimientos de los timones de popa y las aletas que muchos tienen en proa o en la vela: una irregularidad puede provocar una emersión incontrolada o peor, un aumento de la profundidad que llegue a superar la profundidad de resistencia del casco, ya que todo sumergible tiene un máximo de aguante contra la aplastante presión del agua superado el cual colapsa como una lata de refresco vacía.

En su interior un submarino es casi macizo. El espacio ocupado por su compleja maquinaria supone un riesgo permanente si no está en perfecto estado. Y ni siquiera hemos mencionado las armas, que como corresponde a una misión en general antibuque son de elevado poder destructivo. En suma, en un submarino hasta los retretes pueden matar a toda la tripulación en caso de avería. Y si hay un desastre, la esencia furtiva de sus operaciones dificulta la localización del vehículo averiado y el rescate de los posibles supervivientes.

De ahí la excelencia que exige la operación de submarinos a sus tripulaciones y de ahí la intensa solidaridad entre submarinistas de distintos países cuando hay una catástrofe: aunque sean potenciales enemigos se siente una hermandad que tiene por rival más peligroso no a otros seres humanos, sino al mar. La historia confirma el riesgo: centenares de submarinos de multitud de nacionalidades diferentes se han hundido por causas accidentales en los poco más de 100 años que llevan operándose estos buques, sin contar los perdidos en combate.

En la tradición anglosajona, cuando un submarino no regresa no se considera que ha desaparecido: se dice que está en 'Patrulla Eterna'

Sólo como ejemplo, la clase A británica, primera construida en astilleros de aquel país a partir de 1903 basándose en la estadounidense clase Plunger, estaba formada por 13 submarinos de los cuales no menos de seis resultaron hundidos durante sus carreras por distintas causas accidentales. Las cifras han mejorado desde aquellos primitivos sumergibles iniciales y la tecnología de seguridad ha dado saltos de gigante. Pero si navegar siempre es un peligro, porque el océano puede ser terrible con las obras de la humanidad, en un submarino es un riesgo mucho mayor.

Y aunque el primer submarino usado en combate, el Turtle en 1776, simplemente fracasó sin costarle la vida a sus tripulantes, los primeros sumergibles de combate a menudo causaron casi más bajas a los propios que a los enemigos. Así ocurrió con el H.L. Hunley, usado por la Confederación durante la Guerra de Secesión, el primer sumergible en hundir un buque enemigo. A cambio los confederados perdieron 21 tripulantes en tres hundimientos del navío incluyendo a su homónimo creador (en el segundo naufragio); el Hunley no regresó de su exitosa misión y desapareció con una tercera tripulación.

Cuadro de Conrad Wise Chapman, mostrando el submarino H.L. Hunley, inaugurado en 1863. Fue el primero de la historia en hundir un buque enemigo. (Wikimedia Commons)
Cuadro de Conrad Wise Chapman, mostrando el submarino H.L. Hunley, inaugurado en 1863. Fue el primero de la historia en hundir un buque enemigo. (Wikimedia Commons)

En la tradición anglosajona las salidas de puerto de cualquier submarino se llaman patrullas y cuando un submarino no regresa no se considera que ha desaparecido: se dice que está en ‘Patrulla Eterna’. Sin ánimo de ser exhaustivos repasamos las principales causas por las que cientos de submarinos han iniciado sus ‘Patrullas Eternas’ en el poco más de un siglo que llevamos empleando este tipo de navíos; una amplia flota a la que por desgracia acaba de incorporarse en ARA San Juan argentino.

Accidentes de navegación

A lo largo de los años, numerosos submarinos se han perdido simplemente navegando en superficie o sumergidos, por diferentes y a veces desconocidas causas. El HMS A8 pertenecía al Grupo Dos de la primera clase-A y se hundió en el Estrecho de Plymouth en 1905 cuando navegando en superficie un súbito oleaje provocó la entrada de agua por la escotilla de la vela; ya desde los primeros submarinos operativos el riesgo de entrada de agua navegando en superficie se demostró fatal. El Diane francés era el primero de su clase; construido durante la Primera Guerra Mundial, sufrió una explosión interna el 11 de octubre de 1918 mientras navegaba en la Bahía de Vizcaya, hundiéndose con toda su tripulación de 43 marinos.

En enero de 1961, el submarino diésel-eléctrico soviético S-80 navegaba a profundidad de periscopio en el Mar de Barents recargando sus baterías mediante un snorkel con mar agitada; el oleaje sumergió al barco y la válvula que impide el paso de agua estaba bloqueada por hielo al estar desconectado el sistema anticongelante. Como resultado los motores se apagaron y empezó a entrar agua a la sala de máquinas; un error humano retrasó demasiado el cierre manual del conducto por lo que el agua inundó el compartimento de popa provocando que la proa se alzara hasta más de 45 grados.

 El submarino soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1984. (Wikimedia Commons)
El submarino soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1984. (Wikimedia Commons)

Acto seguido el sumergible se hundió de popa y el choque con el fondo marino a 196 metros de profundidad colapsó varios compartimentos más. Veinticuatro de sus 68 tripulantes sobrevivieron, pero murieron al intentar escapar con trajes de rescate. El naufragio fue tan rápido que nada se supo del barco hasta que se localizó el pecio más de siete años después: el submarino fue recuperado del fondo marino y estudiado por especialistas, que reconstruyeron la cadena causal del accidente incluyendo varios errores críticos en la respuesta a la emergencia inicial que hicieron imposible la supervivencia. Se achaca una causa similar a la pérdida del HMS Affray (P421) británico en 1951, que desapareció sin dejar rastro y cuando fue encontrado en el Canal de la Mancha no mostraba ninguna señal externa de problemas.

En 1956 el submarino diésel-eléctrico soviético M-256 sufrió una explosión durante una tormenta en el Báltico, aunque consiguió salir a superficie; las malas condiciones de mar impidieron tomarlo a remolque o rescatar a su tripulación, y tras varias horas el buque escoró y se hundió; sólo siete de sus 42 tripulantes fueron rescatados. El K-8 soviético, perteneciente a la clase November, sufrió un incendio que acabó por provocar su hundimiento el la Bahía de Vizcaya el 12 de abril de 1970, con varios torpedos nucleares a bordo. El accidente costó la vida a 57 marinos que intentaban remolcar el averiado sumergible.

La inmersión es uno de los momentos más delicados de la operación de un submarino. Si algo falla el resultado puede ser catastrófico

Por su parte el submarino nuclear de misiles balísticos K-129 sufrió en 1986 un incendio a bordo y tras varios intentos de controlar la situación que costaron la vida a varios marinos acabo hundiéndose a más de 6.000 m de profundidad frente a las costas de los EE UU. El K-278 Komsomolets, un submarino nuclear experimental soviético, se hundió en 1984 tras un incendio en su sala de máquinas que provocó 4 muertos entre sus 69 tripulantes; otros 34 marinos murieron de hipotermia tras abandonar el buque, que se mantuvo en superficie durante cinco horas antes de hundirse.

Accidentes de inmersión, pruebas y entrenamiento

La inmersión es uno de los momentos más delicados de la operación de un submarino. Si cualquiera de los procesos sucesivos que deben llevarse a cabo no se hace en su momento o si una pieza de las muchas implicadas falla el resultado puede ser catastrófico; esto ocurre más a menudo durante la entrada en servicio de nuevas clases de navíos o el entrenamiento de tripulaciones.

El HMS A7 de la famosa clase-A británica se hundió en un accidente de entrenamiento en 1914 con toda su tripulación. Lo mismo le ocurrió al USS F-4 estadounidense en 1915 en Honolulu, muriendo también sus 22 tripulantes; el buque fue reflotado pero no volvió a entrar en servicio y las causas del accidente no se llegaron a confirmar. A veces el descontrol en la inmersión ha dado lugar a situaciones sorprendentes, como cuando el 1 de septiembre de 1920 el USS S-5 estadounidense se hundió en aguas someras durante unas pruebas.

Submarino británico HMS de la clase K.
Submarino británico HMS de la clase K.

La tripulación consiguió detener la inundación y cayó en la cuenta de que si conseguían poner el casco en vertical la popa sobresaldría del agua; realizada la peligrosa operación comenzaron a taladrar el casco para salir. Para suerte suya, fueron avistados por un mercante, que consiguió ayuda: en unas horas se abrió un agujero lo bastante grande como para que saliesen todos los miembros de la tripulación. El buque, sin embargo, se hundió días después cuando se intentó su remolque para salvarlo.

Por su parte el HMS K13 se hundió el 29 de enero de 1917 durante unas pruebas de mar en el río Clyde con 80 personas a bordo, entre ellas representantes del astillero y un piloto. Los sistemas de cierre automático de válvulas no funcionaron y al sumergirse el buque se anegó. Los buques de rescate tardaron en llegar; se intercambiaron mensajes con los tripulantes vía Morse y se consiguió bajar un tubo de aire que permitió soplar los tanques y sacar el casco a la superficie. 57 horas después del accidente fue rescatado el último de sus 48 supervivientes; 32 tripulantes perdieron la vida. El barco fue reflotado y reutilizado como K22.

En otros casos el final resultó más trágico como cuando el HMS K5 se perdió con sus 57 tripulantes el 20 de enero de 1921 a unos 190 km de las Islas de Scilly al realizar unas pruebas de inmersión de las que no regresó. O cuando el crucero submarino M2, reconvertido en portahidroavión con un gran hangar reemplazando el cañón, se hundió en enero de 1932 al realizar una inmersión.

El submarino francés Prométhée (Q153), durante pruebas en 1932.
El submarino francés Prométhée (Q153), durante pruebas en 1932.

El barco fue localizado siete días después del naufragio, demasiado tarde para sus 66 tripulantes, y se montó una operación de salvamento que consiguió hacer ascender el casco a unos pocos metros de profundidad antes de que una galerna provocara su definitivo hundimiento. La puerta del gran hangar se encontró abierta y con el avión en su interior; probablemente su apertura prematura provocó la inundación del navío.

El Prométhée (Q153) de la clase Redoutable de la marina francesa se hundió repentinamente mientras navegaba en superficie durante sus pruebas de mar el 7 de julio de 1932 con la pérdida de 62 de sus 69 tripulantes. El pecio se localizó al día siguiente, pero los intentos de rescate de la tripulación fueron en vano. Los testimonios de los supervivientes sugieren que el naufragio se produjo al inundarse repentinamente los tanques principales de lastre del submarino.

El HMS Thetis (N25) británico se hundió con toda su tripulación de 99 marinos. Reflotado, volvió a entrar en servicio con otro nombre (y volvió a naufragar)

El HMS Thetis (N25) pertenecía a la clase-T británica y se hundió con toda su tripulación de 99 marinos el 1 de junio de 1939. Reflotado, volvió a entrar en servicio con otro nombre (y volvió a naufragar). El USS O-9 se sumergió para no volver a salir a superficie en un entrenamiento en junio de 1941, con la pérdida de toda su tripulación. También el HMS Untamed (P58) de la clase-U se perdió con toda su tripulación durante unas maniobras en mayo de 1943. Lo mismo le ocurrió al USS R-12 en una inmersión de prácticas en junio de 1943. El USS S-28 desapareció durante unos ejercicios de entrenamiento cerca de Hawaii en julio de 1945 sin dejar más rastro que un poco de combustible diésel.

El La Sibylle de la marina francesa, anteriormente HMS Sportman de la Royal Navy británica, desapareció con toda su tripulación durante unas maniobras frente a Saint Tropez el 8 de julio de 1952 en profundidades de más de 700 metros. El destino del USS Cochino fue similar: durante una fuerte tormenta frente a la costa noruega el submarino convencional de ataque sufrió una fuerte explosión en sus baterías en noviembre de 1949 a causa de la entrada de agua de mar y cortocircuitos que liberaron hidrógeno. Tras 15 horas de dura batalla por controlar los daños una segunda explosión forzó el abandono del buque; un tripulante y cuatro marinos del destructor USS Tusk, que acudió al rescate, perecieron debido a las terribles condiciones meteorológicas.

Colisiones con otros buques

Cuando están en o muy cerca de superficie los submarinos son muy vulnerables a las colisiones, ya que su perfil bajo los hace casi invisibles para los demás barcos. Por eso desde el mismo principio muchos han caído bajo las proas de mrcantes o buques de guerra. El HMS A1 fue el primer submarino diseñado por la marina británica y el primero en encajar bajas.

El submarino francés Vendémiaire, hundido tras una colisión en 1912.
El submarino francés Vendémiaire, hundido tras una colisión en 1912.

El 18 de marzo de 1904 chocó con un mercante mientras llevaba a cabo un ataque en practicas junto a la Isla de Wight y se hundió en apenas 12 metros de profundidad; lamentablemente el casco se inundó y toda la tripulación pereció. El barco fue reparado y puesto de nuevo en servicio. Un destino similar corrió su compañero de clase el HMS A3 el 2 de febrero de 1912 en el Canal de la Mancha, también sin supervivientes. El 4 de octubre de 1912 el afectado fue el HMS B2, del que sobrevivió tan solo 1 de su tripulación de 15 marinos.

De la clase-C al menos tres buques resultaron hundidos en colisiones: el C11 en el Mar del Norte en septiembre de 1907 (tres supervivientes), el C14 en diciembre de 1913 (sin bajas) y el C12 en octubre de 1918 en el estuario del río Humber (recuperado y puesto de nuevo en servicio). El submarino francés Vendémiaire, perteneciente a la clase clase Pluviôse se hundió al chocar con el acorazado Saint Louis durante unas maniobras el 8 de junio de 1912 con la pérdida de toda la tripulación. No sería el único de su clase: su compañero Floréal se hundió el 2 de agosto de 1918 al chocar con un barco británico en el Mar Egeo.

Al menos en tres ocasiones submarinos británicos colisionaron entre sí durante la Primera Guerra Mundial: el HMS E4 con el HMS E41 en agosto de 1916, con ambos buques hundidos y sólo 14 supervivientes (del E41); el 19 de enero de 1917 el HMS E36 chocó con el HMS E43, resultando hundido el primero, y en noviembre de 1917 el HMS K1 chocó con el HMS K4 salvándose la tripulación pero siendo necesario hundir el sumergible para evitar su captura. En diciembre de 1917 los estadounidenses USS F-1 y F-3 colisionaron en San Diego, y el primero se hundió en 10 segundos llevándose consigo a 19 de sus 24 tripulantes.

El submarino británico HMS Vanguard
El submarino británico HMS Vanguard

Los desastres siguieron en el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial pero no sería hasta el año 2009 cuando se produjo se llegó a producir un suceso casi increíble: la colisión de dos submarinos nucleares de misiles balísticos en mitad del océano. El británico HMS Vanguard y el francés Le Triomphant consiguieron encontrarse y chocar en el Atlántico, supuestamente mientras ambos llevaba a cabo patrullas de disuasión en las que este tipo de submarinos funcionan en modo silencioso; dada la inmensidad del océano es más probable que uno de ellos (o los dos) estuvieran tratando de ‘cazar’ al otro. Los dos buques consiguieron llegar a sus respectivos puertos por sus propios medios, aunque con averías que están bajo clasificación de alto secreto.

A veces las colisiones han dado lugar a rescates desesperados, y ninguno más desesperado que el de los seis supervivientes del hundimiento del USS S-4 en diciembre de 1927. La nave se hundió como consecuencia de una colisión contra un guardacostas al emerger y causó considerable revuelo ya que se pudo comprobar la existencia de supervivientes en el compartimento de torpedos y comunicar con ellos. A pesar de heroicos esfuerzos las dificultades técnicas y las inclemencias meteorológicas hicieron imposible rescatar con vida a los seis tripulantes.

Un buzo recibió la Medalla de Honor y varios marinos condecoraciones por su papel durante los intentos de rescate. El navío fue reflotado y puesto de nuevo en servicio. El 28 de octubre de 1923 el USS O-5 fue embestido por un mercante en la boca del Canal de Panamá y se hundió a poca profundidad en menos de un minuto: dos de sus tripulantes sobrevivieron atrapados en el compartimento de proa. Ingenieros locales lograron levantar la proa del submarino lo suficiente para permitir la salida de los tripulantes en un rescate heroico.

Dentro del submarino británico HMS Vigilant
Dentro del submarino británico HMS Vigilant

Algo peor ocurrió con el M-200 soviético en 1956. Hundido al colisionar con un destructor, 28 supervivientes quedaron atrapados en su interior y se consiguió establecer contacto con algunos de ellos en el compartimento de torpedos. Estos supervivientes querían usar los sistemas de escape de que disponían para salir a superficie, pero se les ordenó esperar; cuando comenzaron las labores de rescate tras un largo retraso el tiempo empeoró y el cable de comunicación se cortó paralizando cualquier acción. Cuando los buzos consiguieron bajar descubrieron que los tripulantes habían desobedecido las órdenes e iniciado el procedimiento de escape, con tan mala suerte que el primero en intentarlo se enganchó y bloqueó la escotilla de escape: todos murieron.

En ocasiones la negligencia o el relajamiento de las costumbres contribuyen a un desastre. Así ocurrió el 21 de octubre de 1981 cuando el submarino diésel eléctrico soviético S-178 de la clase Whiskey colisionó con un mercante en la entrada del puerto de Vladivostock; como el sumergible regresaba a casa varias escotillas entre compartimentos estancos estaban abiertas, lo que provocó el inmediato hundimiento de la nave en apenas 31 m de profundidad. Once tripulantes salieron despedidos del puente; 18 murieron en la inundación, pero 26 de ellos sobrevivieron en los compartimentos de proa y cuatro quedaron atrapados en la popa, que acabó inundándose.

Buques de rescate se posicionaron sobre el submarino hundido el día 22 pero tardaron más de 17 horas en encontrar su casco; después varias inmersiones de un sumergible de rescate fueron incapaces de acoplarse con la escotilla de emergencia. Entonces se descubrió que los supervivientes habían comenzado a huir a escape libre desde el submarino naufragado; tres murieron como consecuencia del ascenso y otros tres nunca fueron hallados. Los capitanes de ambos barcos fueron condenados y encarcelados por su responsabilidad en el accidente.

Muchos submarinos fueron hundidos en combate, cañoneados, embestidos por buques enemigos, ametrallados o bombardeados por aviones

Obviamente muchos submarinos de diferentes nacionalidades fueron hundidos en combate; cañoneados, embestidos por buques enemigos, ametrallados, torpedeados o bombardeados por aviones, víctimas de minas o atacados con cargas de profundidad. La mayoría de los submarinos alemanes perdidos durante las dos guerras mundiales probablemente cayeron víctimas de ataques enemigos. Pero incluso en la guerra algunos tuvieron verdadera mala suerte como el Gemma italiano, atacado durante la Segunda Guerra Mundial a quemarropa en la oscuridad por el buque de su misma nacionalidad Tricheco que desconocía su presencia en aquellas aguas por un problema en las comunicaciones. O el también italiano Macallé, que encalló en el Mar Rojo por un error de posición, como le ocurrió al HMLNS O-19 holandés en el Mar de China Meridional, al USS S-39 junto a Papúa Nueva Guinea, al USS Darter en Palawan y al USS S-27 en las Aleutianas.

Sala de control en el submarino HMS Vigilant.
Sala de control en el submarino HMS Vigilant.

Aunque la palma a este respecto la tienen varios submarinos estadounidenses que se las arreglaron para torpedearse a sí mismos durante la Segunda Guerra Mundial: el USS Tullibee y el USS Tang cayeron víctimas de torpedos disparados por ellos que realizaron una trayectoria circular. Se cree que también el USS Grunion resultó víctima de uno de sus propios torpedos, que aunque no explotó chocó contra los periscopios del submarino iniciando una cadena de acontecimientos que acabó con el naufragio del buque en julio de 1942.

También víctima de una explosión de sus propias armas fue el submarino nuclear de misiles ruso Kursk en en año 2000, cuando la detonación de uno de sus torpedos estando sumergido provocó la explosión secundaria de varios torpedos más que mató a buena parte de la tripulación y hundió el navío durante unas maniobras. La marina rusa tardó casi un día en darse cuenta del accidente y en localizar los restos del buque; varios intentos de acoplar campanas de salvamento fracasaron y no fue hasta 7 días después del accidente que un equipo noruego consiguió alcanzar el buque hundido. El barco se reflotó más tarde, descubriéndose que al menos 26 tripulantes sobrevivieron a la explosión inicial durante unas pocas horas, hasta que otra explosión acabó con el oxígeno de la zona donde estaban: toda la tripulación de 116 marinos resultó muerta.

Nunca encontrados, o encontrados demasiado tarde

Los sumergibles que más merecen ser considerados en ‘Patrulla Eterna’ son los que simplemente se desvanecen sin que se llegue a conocer su destino. O los que son encontrados años o incluso décadas después de su desaparición, a veces a tales profundidades que resulta casi imposible averiguar qué ocurrió exactamente, no digamos recuperar los restos de sus tripulaciones.

Restos del submarino ruso Kursk
Restos del submarino ruso Kursk

El primer ejemplo es muy antiguo; nada menos que un representante de la clase Plunger estadounidense, la misma conocida como clase-A en Gran Bretaña que tan mala suerte acarreó. Se trata del Som de la armada imperial rusa, antes USS Plunger estadounidense, que naufragó en 1916 tras colisionar con un mercante; sus restos fueron encontrados en 2015 cerca de la costa sueca, y fue identificado tras una serie de inmersiones y análisis. El HMAS AE1 de la clase- E fue el primer submarino de la Armada Real Australiana y se perdió en septiembre de 1914 en alguna parte cerca de Papúa Nueva Guinea; sus restos no se llegaron a encontrar nunca a pesar de una extensa búsqueda; se piensa que pudo colisionar con un arrecife.

En febrero de 1943 el sumergible británico HMS Vandal (P64) desapareció con sus 37 tripulantes a pocos días de ser aceptado por la armada. Sus restos fueron encontrados en 1994: tiene el récord de carrera más corta de un submarino en la Royal Navy. El submarino crucero británico M1, armado con un gran cañón para atacar buques desde una posicion semisumergida, se hundió en maniobras en el Canal de la Mancha al chocar con un mercante en noviembre de 1925. A pesar de la relativa poca profundidad de la zona sus restos no fueron hallados hasta 1994, descubriéndose entonces señales que indican que parte de su tripulación intentó escapar, sin conseguirlo.

Uno de los casos más conocidos es el del USS Thresher (SSN-593), primer submarino nuclear de ataque de su clase, que el 10 de abril de 1963 se hundió con sus 129 tripulantes (incluyendo personal civil del astillero constructor) durante unas pruebas de inmersión profunda en el Atlántico a unos 350 km de las costas de Massachusetts. El naufragio se produjo durante una inmersión reglada en la que se mantuvieron las comunicaciones con el buque nodriza, un barco de rescate de submarinos, hasta casi el final; los restos fueron hallados en seis grandes piezas poco después a una profundidad superior a los 2.600 metros.

La tragedia del Thresher hizo que EEUU se replanteara todos sus sistemas de construcción y mantenimiento de submarinos

Análisis efectuados con batiscafos sobre el patrón de dispersión, los propios restos y fragmentos recuperados permitieron concluir que diversos fallos de construcción provocaron la pérdida del Thresher, desde soldaduras defectuosas a errores de diseño en el sistema de soplado de emergencia para vaciar los tanques y emerger en caso de dificultades. La tragedia del Thresher hizo que la marina de EEUU se replanteara todos sus sistemas de construcción y mantenimiento de submarinos con la vista puesta en la seguridad.

El submarino USS Scorpion (SSN-589)
El submarino USS Scorpion (SSN-589)

El año maldito de 1968

Y si en general operar submarinos no es una ocupación segura hay años en los que el azar acumula las catástrofes; así ocurrió en 1968 cuando en pocos meses cuatro buques de diferentes nacionalidades se esfumaron uno detrás de otro. El submarino francés experimental de lanzamiento de misiles Minerve (S647) de la clase Daphné (como el Eurydice) desapareció el 28 de enero de 1968 muy cerca de su base de Tolón tras comunicar que estaría en el muelle en una hora; nunca volvió a saberse nada del buque o de sus 52 tripulantes.

La nave desapareció en aguas de entre 1000 y 2000 metros de profundidad y el pecio nunca se encontró a pesar de una búsqueda que duró años. Unos pocos días después desapareció sin dejar rastro el submarino israelí INS Dakar, el antiguo HMS Totem británico de la clase T, en tránsito desde Gran Bretaña a Israel con la pérdida de sus 69 tripulantes. Los restos del Dakar no aparecieron hasta 1999 entre Chipre y Creta; parte del pecio fue recuperado y está hoy en un museo israelí.

El 8 de marzo se hundió el submarino convencional de misiles balísticos soviético K-129 de la clase Golf-II en el Pacífico Central con 83 tripulantes a bordo; la flota soviética sólo descubrió la pérdida a mediados de mes, tras no recibir contactos programados del buque en patrulla, y a pesar de un gran esfuerzo de búsqueda jamás encontró el pecio. Los EE UU, en cambio, contaban con datos procedentes de su red de escucha subacuática SOSUS que les permitió localizar los restos del K-129; para obtener datos sobre los misiles nucleares soviéticos la CIA intentó recuperar el submarino hundido a casi 5 km de profundidad mediante el Proyecto Azorian, aunque sólo consiguió rescatar parte del casco años más tarde.

El submarino ARA San Juan en una foto de archivo
El submarino ARA San Juan en una foto de archivo

Pero aún no había acabado 1968: el 22 de mayo la marina estadounidense perdió el contacto con el USS Scorpion (SSN-589), un submarino nuclear de ataque de la clase Skipjack con 99 tripulantes. Tras una extensa búsqueda basada en datos de la red SOSUS los restos del Scorpion aparecieron en el fondo del Atlántico a casi 750 al sureste de las Azores, a una profundidad de más de 3.000 m. Los restos fueron extensamente analizados mediante submarinos y batiscafos, aunque no se llegó a conocer con certeza la causa del hundimiento: las teorías van desde problemas técnicos (el buque acababa de recibir una modernización limitada) a un ataque soviético, pasando por la explosión de uno de sus propios torpedos o un defecto con el sistema de expulsión de basuras.

Y por si fuera poco un par de años después, el 4 de marzo de 1970, el francés Eurydice, también de la clase Daphné como el Minerve, desapareció a unos 60 kilómetros de Tolón; un laboratorio geofísico captó una explosión subacuática barcos de búsqueda encontraron algunos restos flotantes, pero a ninguno de sus 57 tripulantes.

El ARA San Juan se incorpora ahora a una larga retahíla de antecesores en su 'Patrulla Eterna'. Ojalá fuese el último.

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