drones bajo el agua

Los submarinos robot con los que China quiere revolucionar la guerra naval

En cualquier potencial conflicto entre China y los Estados Unidos el control del mar será la clave, sobre todo si el disparador se localiza en alguno

Foto: Un drone submarino Haiyan (ChinaNews.com)
Un drone submarino Haiyan (ChinaNews.com)

En cualquier potencial conflicto entre China y los Estados Unidos el control del mar será la clave, sobre todo si el disparador se localiza en alguno de los más importantes puntos de tensión como el Mar de China Meridional o Taiwan. Por eso es tan importante la superioridad estadounidense en lo que respecta a submarinos, y por eso la reciente noticia sobre un nuevo sistema de vigilancia chino con potencial ofensivo basado en drones submarinos es tan relevante: si el país asiático consiguiese nivelar la ventaja que para los EE UU suponen su avanzados submarinos nucleares la situación estratégica daría un vuelco importante. Pero hay razones para pensar que los nuevos drones submarinos chinos no son para tanto, y que queda mucho para que un sistema de armas de ese tipo sea una realidad funcional.

La noticia saltó hace unos días: la agencia de noticias china anunció la existencia y despliegue de una flotilla de 12 robots autónomos submarinos bautizados 'Haiyan' (alas marinas, en mandarín) capaces de recorrer amplias zonas de océano captando datos de interés oceanográfico (y militar) como temperatura o salinidad del agua a diferentes profundidades. Según los datos publicados los 'Haiyan' no sólo son más eficientes energéticamente que versiones anteriores, sino que disponen de la capacidad de comunicar sus hallazgos de modo instantáneo, lo que supone que tienen sistemas de comunicaciones bidireccionales. Esto no sólo facilita su uso, sino que permite imaginar su sencilla conversión en eficaces armas capaces de detectar, seguir e incluso atacar en su caso a submarinos enemigos. Los nuevos drones habrían sido liberados en el Mar de China Meridional, punto clave de tensión internacional ante la reivindicación territorial china y por tanto campo de batalla naval en cualquier potencial enfrentamiento.

China ha ocupado y fortificado una serie de enclaves en islas dentro de su área de reivindicación territorial, marcada por la llamada 'línea de los nueve puntos', estableciendo un núcleo protegido en el que cualquier flota enemiga tendría serias dificultades para operar. El establecimiento en esas islas de bases dotadas con misiles antibuque y antiaéreos de largo alcance, además de cazas y aviones de ataque, podría negar el acceso de los buques de guerra de superficie en una estrategia A2/AD. Ante esta posibilidad el papel de los submarinos, plataformas furtivas por excelencia, es cada vez más importante. Las últimas generaciones de submarinos, armadas con potentes baterías de misiles de crucero, serían vitales para destruir los puntos fuertes en los que se basa la estrategia A2/AD. Para evitarlo China tendrá que contrarrestar su presencia.

Submarino caza submarino

Para cazar submarinos la mejor plataforma es otro submarino, y a este respecto China está en inferioridad de condiciones: sus diseños de submarinos nucleares están basados en tecnología soviética de hace décadas, y aunque se ha producido una importante mejora con el paso del tiempo los actuales submarinos nucleares de ataque del gigante asiático siguen estando por detrás de sus contrapartes estadounidenses en parámetros clave como el sonido que hacen al operar, lo que les hace vulnerables.

Imagen captada de uno de los nuevos drones submarinos chinos (CCTV+)
Imagen captada de uno de los nuevos drones submarinos chinos (CCTV+)

China dispone también de una amplia flota de submarinos diésel eléctricos, algunos de los cuales son silenciosos y letales diseños modernos que pueden resultar muy efectivos en áreas de mar confinadas y de baja profundidad cerca de sus bases, como es el Mar de China Meridional. El país está desarrollando también tecnologías pasivas de detección como redes de hidrófonos (la gran muralla submarina) y pequeños barcos de sonar equivalentes a los SURTASS estadounidenses de la Guerra Fría para detectar y controlar a los submarinos enemigos.

Por eso es significativo el anuncio de los nuevos drones submarinos 'Haiyan', que podrían utilizarse para patrullar una zona de mar localizando a los submarinos enemigos e incluso, en versiones posteriores, disponiendo de la capacidad de atacarlos. La simple posibilidad de que sus submarinos pudiesen ser encontrados e incluso seguidos por robots autónomos complicaría sobremanera las operaciones submarinas de la marina estadounidense, especialmente organizados en jaurías coordinadas vigilando y atacando en conjunto. Aunque hay razones serias para poner en duda que estos drones dispongan, o puedan disponer, de semejantes capacidades, ahora o en el futuro.

Los drones submarinos 'Haiyan' podrían utilizarse para patrullar una zona de mar localizando a los submarinos enemigos

Los robots submarinos presentados por China tienen una enorme semejanza con un tipo que usa Estados Unidos llamado 'Littoral Battlespace Sensing-Gliders' (LBS-G, planeadores sensores del espacio de combate litoral) que la armada estadounidense utiliza para detectar parámetros como la temperatura y la salinidad de las aguas que son vitales para la guerra submarina y antisubmarina. En efecto, las diferentes capas de una masa de agua oceánica reflejan y refractan las ondas sonoras afectando al rendimiento de los sonares; a veces algunas configuraciones pueden utilizarse para hacer 'indetectable' a un submarino, o para localizarlo a distancias mucho mayores de lo habitual. El conocimiento detallado de la oceanografía de un espacio de combate ayuda así a las fuerza militares.

Limitaciones de estos drones

Pero los robots submarinos de este tipo tienen muchas limitaciones como arma debido a su mismo diseño. Creados a partir de una idea del oceanógrafo Henry Stommel y el ingeniero naval David Webb y bautizados como 'slocum' (por el primer marino en circumnavegar el mundo en solitario) se trata de planeadores de flotabilidad, un tipo de nave que se mueve cambiando de profundidad y 'dejándose caer' a favor de los gradientes que impulsan a las propias corrientes oceánicas. Esto supone que carecen de propulsión propia y por tanto no usan combustible, por lo que pueden funcionar durante meses y cubrir enormes distancias; en 2009 uno de ellos (RU-27, apodado 'Scarlet Knight') fue el primer robot autónomo que cruzó el Atlántico por sus propios medios en 221 días. Son, por lo tanto, magníficas plataformas de sensores para cartografiar el océano y sus estructuras.

Slocum expuesto en Pontevedra (Wikimedia Commons)
Slocum expuesto en Pontevedra (Wikimedia Commons)

El problema es que este modo de funcionamiento también implica que su maniobrabilidad y agilidad son muy limitadas: no pueden ir hacia donde las corrientes no van, y desde luego que no pueden mantener la velocidad de un submarino y mucho menos atacarlo. Además las limitaciones de la física son universales, y las comunicaciones radiofónicas con vehículos bajo el agua salada son muy difíciles y exiguas en capacidad de transmisión de datos: las insinuaciones chinas de que sus slocums disponen de comunicación en tiempo real son muy dudosas. Los que emplean los científicos y la marina estadounidense deben salir a superficie para comunicarse.

China conoce muy bien estos aparatos, porque en diciembre de 2016 capturó y retuvo durante cinco días uno de ellos, propiedad de EEUU

Por otra parte China conoce muy bien estos aparatos, porque en diciembre de 2016 capturó y retuvo durante cinco días uno de ellos propiedad de la armada estadounidense cuando emergió en aguas internacionales cerca de Filipinas para ser recogido por su buque nodriza, un barco de investigación. Los EE UU operan más de 50 ejemplares de estos baratos (150.000 dólares, poco para los presupuestos militares EE UU) y útiles sensores, muchos de ellos desde barcos desarmados como el del incidente. Cinco días no es mucho tiempo para hacer ingeniería inversa, pero sin duda la captura ayudó a los ingenieros chinos a perfeccionar sus propios diseños. Algo que el país hace a menudo con armamento de todo tipo.

Dadas las limitaciones del concepto del 'slocum' es muy improbable que el sueño de robots capaces de detectar y 'marcar' submarinos enemigos, con la posibilidad de atacarlos en caso necesario, se pueda materializar alguna vez. Su reducido tamaño hace imposible que puedan transportar explosivos o combustible para moverse por si mismos durante mucho tiempo o a una velocidad útil para el combate, y los límites físicos a las comunicaciones no permiten controlarlos. Como vehículos de investigación, incluso con aplicación militar, son y serán usados en el futuro, pero cabe dudar que jamás se conviertan en una plataforma armamentística operativa. La docena de ellos que opera China en el Mar de China Meridional pueden ayudar a su armada a conocer mejor las características operativas de este espacio marítimo, pero no servirán como barrera impenetrable para los submarinos nucleares de ataque estadounidenses.

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