clave para la estrategia en oriente medio

F-35, el caza 'invisible' que Israel necesita para mantener su dominio aéreo

Las técnicas furtivas reducen el eco que devuelve el aparato a la señal enviada por el radar enemigo. Se emplean coberturas con un diseño especial para proporcionar un menor rebote de la señal

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El primer F-35 Lightning II con destino a la fuerza aérea de Israel ya está en su fase de montaje final en la factoría de Lockheed Martin en Fort Worth, Texas. El estado israelí ha comprado por el momento 33 ejemplares de la versión de aterrizaje y despegue convencional F-35A que espera tener operativos en 2017, y que necesita con urgencia; se espera que al final adquiera 75. Porque para Israel los aviones furtivos de ataque al suelo son imprescindibles.

Desde antes de su nacimiento como estado la fuerza aérea ha sido clave para Israel. Nacida a partir de desechos de la Segunda Guerra Mundial y pilotos voluntarios el arma aérea del ejército israelí se transformó con el tiempo en la más potente de las fuerzas aéreas de la región, y en un elemento vital para la victoria de aquel país en las sucesivas guerras en las que se vio envuelto. En particular la capacidad de ataque al suelo, devastador y ultrapreciso, ha sido fundamental ya dos veces para mantener una situación de monopolio nuclear regional que Israel considera, razonablemente, como un requisito vital para su supervivencia.

En efecto, Israel posee armas nucleares, aunque no declaradas y en número y potencia desconocidas, y en dos ocasiones ha atacado a países cercanos para impedir que pudiesen ponerse a la par. El 7 de junio de 1981 cazabombarderos israelíes de fabricación estadounidense F-16 escoltados por cazas F-15 atacaron y destruyeron el reactor nuclear iraquí de Osirak: la llamada Operación Ópera (también conocida por Babilonia, u Ofra). El 6 de septiembre de 2007 aviones de ataque F-15I Strike Eagle escoltados por F-16 hicieron lo propio con el reactor clandestino sirio de Al-Kibar, en la llamada Operación Huerto.

Hoy la amenaza a esa primacía es Irán, irónicamente, ya que cooperó con Israel en la destrucción del reactor de Osirak en 1981

En ambos casos los ataques israelíes destruyeron cualquier posibilidad de que los programas nucleares iraquí y sirio prosiguieran, manteniendo el desequilibrio regional a su favor. Hoy la amenaza a esa primacía es Irán, irónicamente, ya que cooperó con Israel en la destrucción del reactor de Osirak en 1981.

Mejoras en las flotas de otros países

La cuestión es que, para Israel, mantener la capacidad de atacar y destruir edificios e instalaciones en tierra es una necesidad estratégica clave. Pero sistemas antiaéreos de creciente potencia están apareciendo en la región, desde los Tor-M1 y Péchora rusos que no detuvieron el ataque sirio a los S-300 de aquella misma nacionalidad con los que Irán pretende dificultar cualquier posible ataque a sus instalaciones nucleares. Otros actores regionales están recibiendo avanzados aviones de combate de cuarta generación (no furtivos) pero dotados con nuevas tecnologías que los hacen potentes adversarios, potencialmente peligrosos incluso para aviones de quinta generación.

Para asegurarse de que este nuevo armamento en manos de posibles enemigos no pone en duda su capacidad disuasoria Israel necesita aviones que puedan enfrentarse a ellos con ciertas garantías. Por eso el F-35 estadounidense es vital para Israel, que hubiese preferido contar con el F-22 Raptor; pero el Congreso EE UU vetó cualquier posibilidad de exportar este caza furtivo de alto rendimiento.

¿Cómo disimular un caza?

El F-35 está diseñado más como un avión furtivo de ataque al suelo con capacidad de defenderse frente a cazas de la generación anterior que como un aparato de superioridad aérea puro. Pensado para trabajar en conjunto con los F-22, capaces por su sofisticado nivel de tecnología furtiva, maniobrabilidad, potencia y radar de limpiar una zona de oponentes, la función básica del F-35 es actuar como bombardero (bomb-truck), aunque siendo capaz de enfrentarse a cazas enemigos de ser necesario. La clave de su diseño es minimizar su firma radar por medio de la aplicación de tecnologías denominadas furtivas (stealth), de tal modo que permanezca el mayor tiempo posible sin ser detectado durante sus ataques por radares de defensa aérea, y dificultar al máximo su seguimiento por misiles.

Para ello las técnicas furtivas tratan de reducir el eco que devuelve el aparato a la señal de radio enviada por el radar enemigo. Así se emplean coberturas especiales y toda una serie de rasgos de diseño para proporcionar un menor rebote de la señal y para dispersar, en lugar de concentrar, el que se produce. La clave es evitar todas las estructuras que actúan como espejos para las señales de radar, como son los ángulos rectos: por eso se emplean formas redondeadas o facetadas del fuselaje y estabilizadores verticales inclinados hacia abajo.

Los misiles o pods colgados de las alas producen fuertes ecos radar, por lo que se dota a estos aviones de compartimentos internos de armas, y las tomas de aire del motor se diseñan en forma de para que la cara frontal de la turbina del reactor (un espejo para el radar) esté oculta. Incluso los paneles de apertura para acceder al interior del aparato o para el tren de aterrizaje tienen bordes serrados que se cubren con cinta o pastas especiales para minimizar su visibilidad radar.

El resultado es un avión que en las bandas de frecuencia más utilizadas por los radares de defensa aérea y los aviones de combate enemigos tiene una superficie equivalente a un objeto de mucho menor tamaño. De hecho el F-35 se compara favorablemente en estas frecuencias (banda X) con el F-22 Raptor, mucho más caro, a pesar de usar coberturas de superficie más baratas y menos sensibles a las reparaciones. En otras bandas de frecuencia los aviones furtivos pueden ser detectados debido a su tamaño, pero este tipo de radares son susceptibles a ecos fantasma y mucho menos precisos, lo que proporciona una ventana de oportunidad al atacante dotado de este tipo de tecnología.

Los aviones furtivos sólo son detectados desde muy cerca por los sistemas de defensa, que además tienen difícil iluminarlos y guiar sus armas contra ellos

Los aviones furtivos sólo son detectados desde muy cerca por los sistemas de defensa aérea, que además tienen dificultades para iluminarlos y guiar sus armas contra ellos. En conjunción con sus sofisticados sensores, su intuitivo sistema de gestión de información y su armamento de gran alcance, esto proporciona a aparatos como el F-35 una ventaja vital sobre la anterior generación de aviones de combate: disparar cuando todavía no les pueden disparar a ellos. Al menos en teoría, porque existen sensores que podrían igualar la balanza como radares especiales (pasivos, de baja frecuencia) o sensores pasivos electroópticos e infrarrojos que están apareciendo en numerosos aviones de combate de quinta generación.

Un coste en cuanto a capacidad

La tecnología furtiva tiene sus costes también en términos de capacidad. El F-35 dispone de un solo motor que carece de capacidad de supercrucero (superar la velocidad del sonido sin postcombustión). El hecho de que el diseño tenga tres versiones diferentes, con una convencional (F-35A), una de aterrizaje y despegue vertical (F-35B) y otra para portaviones (F-35C) ha provocado problemas de compatibilidad de sistemas y de peso en el aparato.

Algunos de los sistemas aún no están del todo puestos a punto, como el muy sofisticado casco que debe proporcionar al piloto una enorme cantidad de información (incluyendo imágenes reales de su alrededor). Esto, combinado con sus problemas de rendimiento, han llevado a que se difunda que se trata de un diseño pobre, al menos en el combate aire-aire. Para colmo el mantenimiento es complicado y caro; hasta un 40% más de coste por hora de vuelo respecto a aviones más antiguos.

De hecho el programa se ha convertido en uno de los más caros de la historia del desarrollo armamentístico en EE UU, debido a los retrasos y a que los costes se han disparado. El aparato que ya está entrando en servicio con limitaciones de software y capacidad va a costar mucho más de lo inicialmente previsto, y está llegando a los escuadrones de combate con años de demora; la Fuerza Aérea estadounidense ha recortado otros programas para trasvasar fondos al F-35, e incluso intentó eliminar flotas enteras como la del avión de apoyo aéreo A-10 para apuntalar sus presupuestos.

Pero Israel, que tuvo que modernizar sus F-15 y F-16 para extender su vida útil con el fin de no quedarse sin capacidad de ataque a larga distancia, no puede permitirse esos lujos. Para seguir siendo la fuerza aérea más potente y temida de su entorno necesita disponer de un avión furtivo con capacidad de mantener la supremacía y de disuadir a sus enemigos con una amenaza creíble de ataque al suelo. Está por ver si el F-35A, Adir en servicio israelí, demuestra tener suficiente capacidad para conseguirlo.

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