por qué son las estrellas de la red

Por qué nos fascinan los vídeos de gatitos en internet

Desde que alguien se decide a grabarlo hasta que alguien lo ve y otra persona compra 'merchandising' relacionado... Un libro reúne ensayos e historias sobre las filmaciones de gatitos que inundan YouTube

Foto: Por qué nos fascinan los vídeos de gatitos en internet

Nos llenan de ternura o simplemente nos hacen perder el tiempo. Puede incluso que tú los obvies, pero está claro que los vídeos de gatitos triunfan en la red. Desde que el japonés Maru se convirtió en una estrella comparable a los youtubers, cada vez más mininos han intentado repetir su éxito en YouTube con virales de todo tipo. 

La fama les viene de lejos, pues ya en el siglo XIX The New York Times publicaba temas sobre estos caseros animales. Incluso, el primer vídeo de gatitos podría datar de 1894: lo grabó Thomas Edison y se llamaba Boxing Cats:

Pero, ¿a qué se debe este éxito contemporáneo? Varias personas se han encargado de analizarlo en forma de libro. Se titula Cat is Art Spelled Wrong (editorial Coffee House Press) y reúne los ensayos de varios autores sobre este fenómeno viral. Junto a ellos, las historias personales de otros tantos fans de los gatos y un recorrido por el Internet Cat Video Festival, un festival de vídeos de felinos en el que se juntan todo tipo de aficionados.

Los ensayos muestran la fascinación por los vídeos de gatitos y tratan de explicar por qué nos encantan. Los autores se atreven incluso a realizar comparaciones con teóricos como Theodor Adorno y Max Horkheimer. Ahí es nada.

¿Qué lleva a alguien a grabar a su gato y subirlo a internet? Para María Bustillos, una de las autoras, la persona está motivada por una apreciación a su gato y “el deseo de capturar un gato en un momento de dignidad dañada”. Esa mezcla de admiración y ridículo da, en su opinión, a los personajes más amados del género, como Surprised Kitty, un simpático minino al que, levantando las manos tras rascarle la barriga, es capaz de hacer un signo de sorpresa:

La pasión actual por los vídeos de animales tampoco empezó con los gatitos y YouTube. Allá por 1999, más de 250.000 personas visitaban cada día hampsterdance.com, donde se veían animaciones de hámsters bailones. Bustillos ve aquí el comienzo del gusto por los “vídeos idiotas de animales ridículos”. A partir de 2002 llegarían animaciones extravagantes como Punk Kittens o Sweary Kittens, gatitos que tocaban (a su manera) instrumentos musicales.

Tras la explosión de YouTube y de los medios virales, uno de los relatos cuenta la experiencia de un extrabajador de I can Has Cheezburger, un verdadero negocio de memes que tiene en los gatos uno de sus principales puntales. Había una regla clara: no sleeping cats, nada de gatos durmiendo, porque podía parecer que estaban muertos.

Otra de las autoras, Jillian Steinhauer (que en su cuenta de Twitter se presenta como “jueza de vídeos de gatos”) recuerda que no es la primera vez que un animal se convierte en celebridad en la cultura popular estadounidense y cita a los perros Lassie y Rin Tin Tin; a Mister Ed, el caballo que habla (personaje de una serie de televisión), y a Punxsutawney Phil, la marmota del famoso día. Sin olvidar a otros mininos como Tom, Silvestre o Félix. Muchísimo antes, los antiguos egipcios ya veneraban a estos felinos.

Sin embargo, hay una principal diferencia con los animales televisivos como Lassie o Mister Ed: la mayoría de los gatos celebrity son famosos “por ser ellos mismos”: “Amamos a Maru porque resulta ser un gato gordito obsesionado con meterse en cajas”, escribe Bustillos. “Nos descojonamos con Grumpy Cat por su permanentemente ceñuda cara”. Son como nosotros. Se mueven ante la cámara de forma natural.

¿Y por qué hay tantos vídeos? Will Braden, responsable de Henri. Le Chat Noir, no le da demasiada importancia. Según sus cálculos, en Estados Unidos hay 100 millones de gatos. “Un tercio de las casas tienen al menos un gato como mascota. Una vez que añades la ubicuidad de las cámaras [...] no es sorprendente que millones de personas graben millones de vídeos de sus gatos. Se ha estimado que se suben a YouTube más de tres horas de vídeos de gatos cada minuto”.

El libro relaciona estas filmaciones con los postulados de algunos teóricos clásicos, que probablemente nunca imaginaron el fenómeno youtuber. Uno de ellos es el filósofo francés Jean Baudrillard, quien en una ocasión dijo que “nuestra sensiblería hacia los animales es un claro signo del desdén con el que los abrazamos”. Steinhauer explica que tratamos a los animales como “extensiones de nosotros mismos” y les imponemos “nuestros valores” y que, con los gatos, los hemos llevado de “sujeto sagrado a espectáculo vacío”.

Por relacionar, esta autora los vincula incluso con Theodor Adorno y Max Horkheimer, teóricos de la Escuela de Fráncfort conocidos por su estudio de la industria cultural. Ambos hablaron sobre la pura diversión, entretenimiento que no tenía otro objetivo más que ese. Y eso es lo que hacen estos vídeos, al menos hasta que comienza el merchandising.

Detrás de tanta ternura y amateurismo hay toda una industria que fabrica tazas, calendarios, libros e incluso cinturones o bebidas con cafeína. Solo hay que visitar la web de Grumpy Cat, quizá el gato de internet más conocido en todo el mundo, para encontrar libros, camisetas o el Grumpuccino Coffee, un café árabe con leche, disponible también en sabores moka y vainilla. “Los gatos celebrity tienen agentes y se les paga por promocionar productos como comida de animales”, señala Steinhauer. 

Un festival con estrellas invitadas

¿Y dónde terminan las vidas de un vídeo de gatos? Pues en un festival dedicado a ellos. Quizá no sea Cannes o San Sebastián, pero el Internet Cat Video Festival, que tiene lugar en Minneapolis, acoge a los fans de estas filmaciones y a sus protagonistas, que firman autógrafos (o algo parecido) a gente que a menudo se disfraza de ellos. Grumpy Cat o Will Braden han garabateado libros a los fans. Los vídeos se dividen en categorías (comedia, drama, documental...) y hay un premio de honor.

El CatVidFest nace en 2012, un momento clave para los vídeos de gatitos, según señala en su texto Will Braden. Para él, hay entonces un aumento de la cultura geek, visible en los millones que recaudan las películas basadas en personajes de cómic y en el éxito que tienen las series televisivas de zombis: “Los amantes de los vídeos de gatos podían finalmente meter las cabezas por la gatera y admitir orgullosamente su obsesión”. Internet es el lugar donde pueden socializar estos fans. “Los dueños de perros tenían el parque para perros”, explica Ben Huh, el consejero delegado de I Can Has Cheezburger.

Todo esto late alrededor de un vídeo de gatos. Maria Bustillos llega incluso a decir que son “una lingua franca que rivaliza o quizá incluso sobrepasa la de los dibujos de Disney o las películas de acción, casi universalmente comprendida y adorada”. Consiguen que nos riamos mientras nos sorprendemos de sus capacidades atléticas o su inteligencia. “Parecían predestinados a ser videoestrellas”, remata Braden. ¿Acaso se les puede pedir más?

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