Stéphane programa sus propias herramientas

Project Autonomous: una cruzada para escapar de Google, Twitter y Facebook

Ha llegado la hora de independizarse de esas multinacionales que, el día menos pensado, pueden jugarnos una mala pasada. Al menos eso piensa el impulsor de esta iniciativa

Foto: Project Autonomous: una cruzada para escapar de Google, Twitter y Facebook

En un intento por tomar el control de su presencia online y ser más autónomo en la red, Stéphane ha decidido huir de las herramientas de siempre (Twitter, Flickr o Gmail...) y empezar a utilizar las suyas. Para ello, este desarrollador canadiense, que se hace llamar Chimo, lleva desde mediados de 2011 trabajando en Project Autonomous, una iniciativa personal que ya cuenta con 16 plataformas construidas por él mismo. Sin prisa pero sin pausa. 

Chimo instala, configura y utiliza herramientas propias como una forma de "romper con las limitaciones, restricciones e incertidumbre que generan los servicios de terceros", explica a Teknautas. Lo hace trabajando con software libre, algo que descubrió durante su periodo universitario y de lo que nunca ha podido ni querido desligarse por la posibilidad de aprender constantemente gracias a otros. 

Más allá de esto, su filosofía es clara. A modo de ejemplo: solo existe una instancia de Twitter, situada en twitter.com y controlada por la empresa (que puede eliminar cuentas, borrar o censurar tuits a su antojo, entre otras cosas). Sin embargo, hay diferentes instancias de GNU social, un servicio de microblogging que ofrece posibilidades similares al gigante. Una de ellas está directamente controlada y administrada por Chimo, que guarda sus datos y los modifica como quiere para impulsar sn.chromic.org, su Twitter particular. 

Lo que ha hecho todo este tiempo ha sido determinar qué servicios estaba utilizando para luego crear alternativas

Lo que ha hecho todo este tiempo ha sido determinar qué servicios estaba utilizando para luego crear alternativas. Si utilizaba Gmail, Google Calendar, Last.fm, Flickr, Google Reader o Twitter, "sabía que necesitaba un correo, un calendario, un rastreador de música, un alojamiento de imágenes, un lector de RSS o un servicio de microblogging".

Ahora, para el correo electrónico no utiliza Gmail, sino mail.chromic.org; en vez de WordPress o Blogspot, usa chromic.org; en vez de Last.fm, fm.chromic.org; en sustitución de Hangouts, im.chromic.org; y en vez de Flickr o Picassa, media.chromic.org. Todos sus servicios se basan en herramientas de código abierto que ha ido probando y sustituyendo con el paso del tiempo.  

"No eres dueño de los datos"

Stéphane siempre se ha sentido incómodo al pensar que sus cuentas estaban a merced de quienes podían borrarlas o cerrar el servicio por cualquier motivo, en cualquier momento y sin previo aviso (a propósito o por accidente). "Si no controlas el servicio, no eres dueño de tus datos", asegura.

Conocido es el caso de Google Reader, que dejó de funcionar en 2013. También sirve de ejemplo lo que sucedió con la cuenta de Instagram de Andrés Iniesta: alguien que se llamaba como el famoso jugador de fútbol, de la noche a la mañana, perdió su información en la red social.

A mediados de 2011, Google + anunció su política de "nombre real" y eliminó cuentas de algunos usuarios que decidieron no cambiar de apelativo. Esta fue otra de las razones que le empujaron a crear su iniciativa. "Yo rara vez utilizo mi nombre real en línea, y si lo hago es porque quiero, no porque algún servicio decide cambiar sus reglas de repente", afirma.

Tampoco renuncia por completo a las plataformas de terceros. Las utiliza para su propio beneficio, para entender cómo funcionan, qué ofrecen y para qué sirven. "Si me gustan, intento encontrar una alternativa para sumarla a mi proyecto". Lo que más difícil le resulta es configurar las herramientas de código abierto que localiza, así como la solución constante de problemas que, al final, debe resolver por sus propios medios para todas sus plataformas. 

Plataformas pequeñas, mejor interacción

Por otro lado, el número de usuarios que siguen o le siguen en sus particulares redes sociales es muy reducido (en su particular Twitter, por ejemplo, le siguen 150 personas). No es algo que le importe: cree que la conversación es mejor en plataformas pequeñas porque "la calidad de los mensajes es mayor". Allí encuentra a gente más comprometida con sus ideas y se siente como en casa. 

¿Qué pasará si nos despertamos un día y el servicio que aloja nuestro historial de salud ha cesado?

Por eso anima al resto de usuarios a que se embarquen en un proyecto similar. Sabe que muchas personas no tienen sus mismas preocupaciones - que sus datos desaparezcan o sus cuentas sean eliminadas -, pero espera que empiecen a pensar de forma diferente con la proliferación de la internet de las cosas y, especialmente, de aparatos de salud inteligentes que midan la presión arterial, la temperatura o los niveles de colesterol.

"¿Qué pasará si nos despertamos un día y el servicio que aloja nuestro historial de salud ha cesado?", se pregunta. "¿Y si ese servicio envía copias con nuestros datos a compañías de seguros o gobiernos?" Stéphane lo tiene claro: es mucho mejor ser dueño y señor de tu propia información y tampoco hay que privarse de las innovaciones. 

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