The Evil Within: horror, angustia y buenas maneras
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NO APTO PARA ESTÓMAGOS SENSIBLES

The Evil Within: horror, angustia y buenas maneras

Los videojuegos ya no son para niños. Este título es la perfecta muestra de que existe una oferta solo para adultos con pocos escrúpulos por la sangre y el 'gore'

Foto: The Evil Within: horror, angustia y buenas maneras
The Evil Within: horror, angustia y buenas maneras

A veces volver la vista atrás es una forma legítima de innovar. Parece ser que esta ha sido la idea Shinji Mikami, creador de los episodios más gloriosos de Resident Evil, a la hora de encarar The Evil Within. Angustia, precariedad y tensión constantecontra la imperante aventura visual, con picos de dificultad que hace una década se hubieran considerado infantiles. Como sucede con la caída del pelo o el aumento de peso, el día a día nos usurpa la visión global del suceso, y es solo cuando revisamos las viejas fotos que nos damos cuenta de cuánto hemos cambiado.

The Evil Within es un juego que atenta contra los usos actuales del ocio electrónico. En primer lugar porque es difícil hasta la frustración, obligando al jugador a contemplar escenas de su horrendo fallecimiento una y otra vez. Ahora te clavan un hacha en la cabeza, luego te ensartan con una lanza, por último te sierran como un leño seco. Después, vuelta a empezar.

El segundo motivo, como habrán inferido, es la brutalidad. Vaya por delante que este es un juego gore, sucio, macabro y altamente agresivo a nivel visual. Produce miedo, asco y desasosiego en el jugador, al tiempo que atrae morbosamente gracias a su atmósfera opresiva. Se trata, sin lugar a dudas, de un producto enfocado no solo al jugador adulto, sino a uno con notable entereza estomacal.

Por si las vísceras y la dificultad no fueran suficientes, Mikami ha dotado a su más reciente obra con un elemento que creíamos perdido: la tensión constante. El juego comienza con un policía visitando una escena del crimen. Cuando llega descubre que hay decenas de muertos, y que todos ellos parecen haber sido fulminados casi al tiempo. Son dos o tres minutos de introducción que dan paso a una frenética huida hacia adelante que no cejará hasta terminar el juego. Si su idea es entretenerse un rato con la consola para relajar la jornada laboral, olvídese de The Evil Within.

Sin complejos

¿Tiene cabida un producto de estas características en una generación de videojuegos que comparte los códigos del cine? Sí, siempre que tenga buenas maneras. El título de Bethesda no se avergüenza de admitir su naturaleza, esto es, un inmenso homenaje al género del terror, que no se molesta en endulzar sus amarguras. No es un producto de consumo masivo, y da la sensación de que nadie ha sugerido que lo sea.

Uno de los aciertos del guión consiste en dejar al jugador fantasear sobre el argumento. En primera instancia, sin más explicaciones que las muertesconstatadas, el instinto de conservación es el que guía la acción. No se puede pensar, solo buscar salida a un peligro acuciante. Para cuando se encuentra refugio por primera vez, los horrores vividos son demasiados para pergeñar una hipótesis razonable de lo sucedido.

La historia va creciendo a medida que se avanza, y lo hace con solidez, pese a que la encarnación del mal sigue pasando, en gran medida, por los zombis y los monstruos descarnados de toda la vida. También tiene ese puntito animista del terror japonés que, por cierto, se ha documentado gráficamente en España. Nuestro país sirve de inspiración, aunque por motivos de marketing finalmente el juego está deslocalizado.

Menos balas que enemigos

Echen la vista atrás, hasta Resident Evil 4, y verán que Mikami ha reciclado parte de los códigos. El más llamativo es la escasez de armas y salud. El enfrentamiento directo es una posibilidad que siempre irá en detrimento del jugador. En su lugar, Mikami propone que busquemos las soluciones en el entorno, en las trampas y en la resolución de puzles, algunos sencillos, otros no tanto. El juego es largo, es difícil, y requiere la implicación por parte del jugador, que en más de una ocasiónn dejará caer el mando abatido.

The Evil Within no dejará indiferente a nadie. Conviene probarlo antes de llevárselo a casa, no sea que el festival de casquería le eche para atrás. Si puede sobrellevarlo, el juego le ofrecerá una experiencia intensa, a contracorriente, espinosa a la vez que atrayente, con un apartado técnico a la altura de las circunstancias. No nos encontramos ante un motor gráfico de última generación, pero sí con un acabado propio de un AAA que luce sus mejores galas en la gestión de las luces. El arte del título, a la vista está, es sublime.

Merece una pena darle una oportunidad a The Evil Within, aunque ello signifique cambiar nuestra relación con la consola. Esto no es diversión instantánea, sino una experiencia lúdica compleja surgida de una mente casi demente. Un whisky sin hielo en medio de tanto cubata azucarado. Una vez se le caliente la garganta,le encontrará el gusto.

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