Cómo se originan, se expanden y se controlan

Incendios forestales: la ciencia detrás del fuego

Cada verano los incendios forestales son noticia en este país. Tanto si son provocados como accidentales, la ciencia explica el proceso que siguen

Foto: Incendios forestales: la ciencia detrás del fuego

Los incendios forestales son en muchos casos una catástrofe medioambiental que afecta a miles de hectáreas en nuestro país y en otros situados a la misma altura. Unidades de bomberos y voluntarios luchan contra las llamas con todos los recursos a su alcance.

Otras veces, sin embargo, el incendio se deja correr, ya que no todo es destrucción y desastre. El fuego cumple una función regeneradora de los bosques, y a pesar de su espectacularidad y la amenaza que supone para las poblaciones humanas, los expertos recomiendan dejar que siga su curso.

En cualquiera de los casos, un incendio es un fenómeno que la ciencia puede explicar paso a paso, como demuestra este reportaje publicado por la sección audiovisual del New York Times. En él, los periodistas Aaron Byrd, David Frank y Henry Fountain explica la ciencia que hay tras los incendios forestales.

Todo incendio comienza con un elemento simple y evidente: una intensa fuente de calor. Puede ser un rayo que caiga sobre un árbol, los restos mal apagados de una hoguera hecha con fines recreativos o para la quema de maleza o una pequeña colilla de cigarro mal apagada.

Incendios forestales: la ciencia detrás del fuego

El calor intenso hace que la hierba y las hojas secas liberen gases volátiles, que se mezclan con el oxígeno del aire, facilitando que el calor genere una llama y prenda el follaje seco. El fuego aumenta el calor, lo que a su vez aumenta la liberación de gases, comenzando una reacción en cadena que afecta a más y más masa forestal. En poco tiempo, árboles enteros son pasto de las llamas.

Las llamas se extienden

Cuando el fuego comienza al pie de una montaña o monte, el aire caliente asciende con rapidez, al pesar menos que el aire frío que tiene por encima. Eso hace subir la temperatura en los niveles superiores, favoreciendo que el incendio se propague hacia cotas más altas.

El viento también extiende el calor, además de introducir más oxígeno en las llamas, haciendo que éste arda a mayor temperatura. Entre ambos factores, la zona alta del bosque adquiere tal temperatura que el fuego pasa de la copa de un árbol a otra en cuestión de segundos.

Para apagar el fuego, los bomberos utilizan dos estrategias. La primera es cortar su alimentación: retiran o incluso queman de forma controlada todo el follaje seco que se encuentra en el camino que prevén que seguirá el incendio.

El agua absorbe calor al convertirse en vapor, reduciendo la temperatura. Además, las moléculas de vapor capturan oxígeno, reduciendo su presencia en el ambiente y ayudando a disminuir aún más el calorLa segunda es bajar todo lo posible la temperatura. Para ello se utiliza agua, tanto soltándola desde el aire como con mangueras desde tierra. El agua absorbe calor al convertirse en vapor, reduciendo la temperatura. Además, las moléculas de vapor capturan oxígeno, reduciendo su presencia en el ambiente y ayudando a disminuir aún más el calor.

Los aviones que trabajan en las tareas de extinción no solo liberan agua, sino también algunos productos químicos llamados retardantes de fuego, que, al ser dispersados sobre la vegetación, reaccionan provocando que liberen menos gases, reduciendo la intensidad y velocidad de propagación del fuego.

Esto da a las unidades en tierra una ventaja a la hora de apagar el fuego completamente, o de mantenerlo controlado mientras arde hasta consumir todo el combustible (la hojarasca seca) disponible. 

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