Cinco avances de la ciencia que vimos antes en la gran pantalla
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filmes que se adelantaron a la investigación

Cinco avances de la ciencia que vimos antes en la gran pantalla

La relación entre la ciencia y el cine es irregular. La mayoría de las películas no respetan el razonamiento científico, pero algunas consiguen tomarle delantera

placeholder Foto: Fotograma de Parque Jurásico (Steven Spielberg)
Fotograma de Parque Jurásico (Steven Spielberg)

Aunque a estas alturas quedaban pocas dudas, los que vivieron la fiebre de los dinosaurios en los 90 recibieron un duro golpe la semana pasada cuando científicos de la Universidad de Manchester anunciaron que el planteamiento de Parque Jurásico es simplemente irrealizable.

En la película de 1993, una investigación (financiada por un campechano millonario) había encontrado la forma de devolver los dinosaurios a la vida 65 millones de años después de su extinción. La clave estaba en la sangre de dinosaurio que habían extraído de mosquitos de la época que quedaron atrapados y fosilizados en ámbar, manteniéndose así conservados durante miles de años. Esa sangre, en la película, contiene el ADN necesario para llevar a cabo la clonación.

Ni que decir tiene que los errores científicos de ese argumento son numerosos e importantes. Por poner un ejemplo: sería prácticamente imposible conseguir fragmentos de ADN suficientemente completos como para clonar un ejemplar, no digamos ya varios individuos de distintas especies. Sin embargo, durante décadas diversos estudios consideraron que la extracción de ADN de fósiles en ámbar sí era factible, y decenas de insectos prehistóricos pasaron por los laboratorios.

Pero ahora, científicos británicos aseguran que eso tampoco es posible. Según ellos, muchos de los estudios anteriores estaban basados en falsos positivos. Para solventar ese error, David Penney, investigador principal, y su equipo han utilizado técnicas nuevas y más sensibles que las usadas anteriormente. Las han empleado sobre fósiles relativamente nuevos (10.600 años de antigüedad) y aun así el equipo no pudo encontrar moléculas de ADN en ellos. Su conclusión es que si no se pueden encontrar en estas muestras, menos se podrá en fósiles con millones de años.

Y así, con un paper, se pinchan las ilusiones de los que creyeron a Steven Spielberg y a Michael Crichton, autor de la novela original. La ficción seguirá siendo ficción y nos hará disfrutar siempre, pero su base científica ha quedado descartada.

La relación entre ciencia y cine, llena de altibajos

Existen infinitos ejemplos de argumentos científicamente cojos o directamente disparatados. Las películas de ciencia ficción son una fuente inagotable de material para los aficionados a encontrarlos. Si conoces a alguno, pregúntale qué opinión le merece Independance Day o Armaggedon. “¿Pero tú sabes el efecto sobre las mareas que tendría una nave tan gigantesca?” o “¿cómo demonios es posible que nadie viese semejante asteroide antes?” son dos de los furiosos argumentos que seguramente oirás.

Cuando el cine de entretenimiento se salta las cuestiones científicas a la torera, se produce una confusión del espectador no preparado. Al final, la gente no saca nada bueno en conclusión en lo que se refiere a la ciencia y los científicos

Sergio L. Palacios es profesor de Física Aplicada de la Universidad de Oviedo y autor del blog El Tercer Precog. En su opinión, el cine de entretenimiento deja muy a menudo a un lado las cuestiones científicas “cuando no se las salta a la torera”. “Cuando esto se hace, conduce a una confusión del espectador no preparado”, ha explicado a Teknautas. “Al final, la gente no saca nada bueno en conclusión en lo que se refiere a la ciencia y los científicos”.

Sin embargo, también hay ejemplos de buenos planteamientos científicos en el cine. Palacios menciona entre sus preferidos 2001, odisea en el espacio (“destaca la ausencia de sonido en el espacio, defecto del que suelen adolecer casi todas las películas, ya que en el vacío el sonido no se propaga”) y Contact (“el nivel de especulación que se muestra en la película es destacable, con la posibilidad de realizar viajes interestelares con ayuda de conceptos en la frontera de la física conocida: agujeros de gusano y máquinas del tiempo”).

Existen también películas que de alguna forma se adelantaron a la ciencia, planteando situaciones que en su momento eran pura ficción pero que investigaciones e innovaciones posteriores han ido acercando, siempre con cautela. Repasamos cinco de esos avances que el cine nos mostró primero.

Implantar recuerdos ajenos…

Origen fue la película de la que todo el mundo habló en el verano de 2010. La estructura de la narración, organizada en capas como si de una muñeca matrioshka se tratase, dejó a más de uno dándole vueltas durante días. En la cinta dirigida por Christopher Nolan, Leonardo Dicaprio trata de implantar una idea en el cerebro de otra persona. Pero no fue el primero. En el año 1990, Arnold Schwazenegger protagonizaba Desafío total, una película de ciencia ficción en la que unas vacaciones cerebrales terminaban dando problemas al protagonista.

Implantar recuerdos en el cerebro de alguien que no los ha vivido es una idea interesante para la ficción, pero, ¿es posible? Pues sí lo es, aunque de momento solo en ratones, según un estudio del MIT publicado en la revista Science este verano. Los autores de la investigación identificaron un tipo de redes neuronales situadas en el hipocampo asociadas a los recuerdos contextuales (asociados a un momento, lugar y objetos determinados) y las manipularon utilizando una técnica llamada optogenética, para crear un recuerdo nuevo en el cerebro de los animales.

Esta investigación aún está lejos de alcanzar la implantación directa de recuerdos concretos en cerebros humanos, pero es un paso importante para conocer los mecanismos con los que funciona la memoria, algo que abre puertas para seguir estudiando enfermedades neuronales, entre otros campos.

…y borrar recuerdos propios

El personaje interpretado por Jim Carrey en ¡Olvídate de mí! (funesta traducción del título original Eternal Sunshine of the Spotless Mind) sufre tan intensamente de desamor que decide ponerse en manos de un médico que puede borrar todos los recuerdos asociados a ella de su cerebro.

De nuevo, se plantea la idea de entrar en el cerebro de alguien, pero esta vez no para dejar algo, sino para eliminarlo. Y también la ciencia avanza en esta dirección, abriendo la posibilidad de que sea realizable algún día. Hacia eso apuntan investigadores del Scripps Research Institute de Florida, que han logrado eliminar en ratas y ratones recuerdos asociados a una determinada droga, la metanfetamina, sin dañar el resto de la memoria.

Según los autores del estudio, para generar un nuevo recuerdo hay que modificar la estructura de las células nerviosas a través de cambios en las espinas dendríticas, algo que ocurre gracias a una proteína denominada actina. Así que bloquearon la polimerización de la actina en el cerebro de los ratones durante la fase de formación de nuevos recuerdos relacionados con la metanfetamina.

En comparación con los del grupo de control, los ratones a los que se había bloqueado la proteína mostraron signos de haber olvidado los recuerdos asociados a la droga. Este procedimiento también está aún lejos de aplicarse en seres humanos, pero en el futuro podría llegar a formar parte de tratamientos de desintoxicación.

Viajar en el tiempo

Las películas que cuentan viajes en el tiempo son incontables: Star Trek, Atrapado en el tiempo, Terminator o El planeta de los simios, por mencionar solo algunos, basan su argumento en la posibilidad de alterar el transcurrir lineal del tiempo. Y si hablamos de viajes temporales en el celuloide, no podemos dejar fuera la trilogía de Regreso al futuro, una serie (cuyos aciertos y errores analizamos aquí) en la que Michael J. Fox vivía las paradojas que conlleva saltar de década en década a bordo de un Delorean.

Algo que podría ser posible… pero solo hacia delante. Eso es lo que asegura el físico británico Brian Cox, basándose en la teoría de la relatividad especial de Einstein. Según esa teoría, el tiempo pasa más despacio cuanto más rápido te mueves, pero solo lo hace para los sujetos en movimiento, no para los demás. Así que bastaría con construir una máquina que alcanzase altas velocidades. “Según te acercases a la velocidad de la luz, podrías saltar 10.000 años hacia el futuro”, explicó Cox en una conferencia recientemente.

Lo que el científico no ve tan claro es la posibilidad de viajar hacia el pasado, incluyendo volver al presente desde esos 10.000 años hacia delante. Es algo que la teoría de Einstein contempla, pero que requiere utilizar agujeros de gusano, algo que, explica Cox, los científicos aún no comprenden plenamente. Una preocupación menos para Marty McFly, que así nunca conocería (y enamoraría) a su madre adolescente…

Reconocimiento ocular

Cuando se menciona la película Minority Report, lo primero que viene a la cabeza es la interfaz táctil que maneja el personaje de Tom Cruise como parte de su trabajo. Pero otra de las ideas interesantes es la omnipresencia del reconocimiento ocular como parte del día a día. Algo que lleva al protagonista a tomar una medida ciertamente extrema cuando necesita pasar desapercibido.

El desarrollo de esta tecnología no ha llegado a tanto y otros parámetros biométricos (como las huella digitales o la voz) le hacen la competencia, pero el uso del iris como marca de identidad se está extendiendo poco a poco: algunos aeropuertos británicos lo utilizaron durante un tiempo para acelerar los trámites de los viajeros y el FBI planea poner en marcha un programa piloto para identificar de forma más amplia a los presos, incluyendo en su ficha un escáner de iris.

Incluso se ha llegado a desarrollar una huella ocular artificial capaz de engañar a estos sistemas de reconocimiento. La investigación, en la que participó la Universidad Autónoma de Madrid, podría haberle venido muy bien al protagonista de Minority Report.

Transporte público en tubos

No lo vimos en el cine, sino en la televisión. La serie de animación Futurama situaba su acción en el siglo XXXI, y en esa época, según su creador, los habitantes de Nueva York se mueven por la ciudad a través de una red de tubos por los que se deslizan de un lugar a otro. Aunque no queda muy claro cómo funciona, esta forma de transporte deja a cada uno donde quiere ir.

Aunque algo más sofisticado, el Hyperloop propuesto por Elon Musk este verano recuerda irremediablemente a ese medio de transporte, combinado con nuestros cotidianos vagones del metro. Esta forma de transporte urbano, que de momento solo es un proyecto teórico, alcanzaría más de 1.200 kilómetros por hora y funcionaría con energía solar. Eso sí, los viajeros no se deslizarían de cabeza como si de un tobogán supersónico se tratase, sino que irían cómodamente sentados.

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