lanzó una tienda 'online' en la red social

El gasolinero que pasó a ganar 100.000 $ al mes en Facebook

Ben Cardwell creó una tienda virtual para sufragar sus estudios. En tiempo récord, acumuló 100.000 fans y una facturación mensual de 100.000 dólares

Foto: El joven Ben Cardwell (Business Insider)
El joven Ben Cardwell (Business Insider)

"Lleno, por favor", la rutina diaria de Ben Cardwell podía fácilmente resumirse en aquellas tres palabras. El joven neozelandés atendía pacientemente a los clientes. Aquel no era el trabajo de su vida, pero sí el peaje necesario para poder pagar los estudios universitarios, el paso previo para una vida mejor a la que aspiraba. No puede decirse que la experiencia fuera mala.

Al contrario. Además de los necesarios ingresos, estar a pie de calle le hacía tomar el pulso de lo que pasaba en cada momento y vivir escenas inolvidables. En una entrevista concedida a Business Insider confiesa que incluso llegó a ayudar a la policía a detener a un traficante que estaba vaciando todo el cargamento por el retrete. Ya se sabe, la clase de anécdotas que bien conocen los que están con un pie en el asfalto a diario.

Creó un perfil en Facebook con la idea de enseñar a sus amigos y conocidos lo que vendía en la red y así lograr más pedidos, pero el efecto multiplicador de la red social convirtió su negocio en un diamantePero el trabajo era duro y compaginar los horarios de la estación de servicio con sus estudios estaba resultando cada vez más complejo. ¿Cómo podría ganar un dinerillo extra para poder sufragar sus estudios? La idea le llegó rápido: vender ropa y pequeños trastos en la red. Abrió una cuenta en TradeMe, una especie de eBay pero en versión neozelandesa y comenzaron a llover los primeros dólares, aunque con cuentagotas.

Parecía claro que aquel ritmo nunca podría sustituir al de las largas jornadas chupando frío en la estación de servicio. ¿Cómo podría promocionar su cuenta y animar un poco el negocio? Creó un perfil en Facebook con la idea de enseñar a sus amigos y conocidos lo que vendía en la red y así rascar algún que otro pedido más.

De oro en semanas

Y como quiera que la suerte está más cerca de quien la pelean, transcurridas unas semanas desde que abriera una cuenta en la red de Mark Zuckerberg, recibió un misterioso correo de la propia red: llegaba con un bono promocional por valor de 50 dólares para que probara la publicidad de Facebook. A caballo regalado no se le mira el diente, y nuestro hombre lo aplicó al instante. El resultado fue absolutamente espectacular: aquellos 50 dólares le rentaron la friolera de 800 dólares en pedidos en una sola noche.

Por fin veía la luz al final del túnel y se dedicó en cuerpo y alma a promocionar su perfil y darle un aspecto más profesional: bautizó su cuenta como Deal Man y lo centró en la venta de ropa para hombres, lo que mejores resultados le estaba reportando. El entusiasmo de aquel bono hizo que Ben actualizara su perfil con hasta siete entradas diarias con diferentes fotos de la ropa que vendía y así lograr el efecto multiplicador.

Perfil en Facebook de la tienda 'online'
Perfil en Facebook de la tienda 'online'

Los me gusta cayeron por decenas y centenares y en menos que canta un gallo, contaba con más de cien mil fans en la página y un volumen de negocio que superaba los 100.000 dólares mensuales. Adiós gasolinera, y adiós estudios. Aquello pitaba y había que aprovecharlo. Sin embargo y al igual que sucedió a muchos otros que vivían a cuerpo de rey del efecto multiplicador de Facebook, se encontraron de la noche a la mañana con que la gallina de los huevos de oro se había quedado estéril.

Al ver que su perfil prácticamente desaparecía y con él su volumen de ventas, comenzó a comprar publicidad en la red social. Las ventas se dispararon de nuevo y el gasolinero convertido a empresario volvió a nadar entre el verde de los billetes¿El motivo? Los responsables de la red querían que aquellos que ganaban dinero a expensas de su plataforma invirtieran en anuncios y no en el gratis total de la red. Facebook atacaba de frente a los que hacían caja sin pagar un solo duro a la red cambiando su algoritmo y se vino todo abajo. 

La postura de Facebook

La lógica del mercado también se impuso en Facebook que comenzó a dinamitar el posicionamiento orgánico de aquellas páginas que hicieran caja a cuenta de sus algoritmos. Por no aburrir con explicaciones técnicas, la postura de la empresa californiana era clara: si quieres que tu negocio aparezca en la red social de forma prominente, pasa por caja comprando publicidad.

Nuestro Ben salvó los muebles como pudo al ver que su perfil prácticamente desaparecía y con él su volumen de ventas, y comenzó a comprar publicidad en la red social. Mano de santo: las ventas se dispararon de nuevo y el gasolinero convertido a empresario volvió a nadar entre el verde de los billetes.

El neozelandés disfruta ahora de un negocio boyante que mantiene la estructura de los que empiezan: una web muy sencilla, con una política de ventas clara, envíos a todo el mundo y la gestión de la compra delegada en Shopify. El negocio ya funciona solito, pero Facebook sigue alimentando la bestia: desde diciembre de 2013 estima que ha contribuido a las ventas por valor de un millón de dólares. Casi nada. 

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