un brillante matemático con parálisis cerebral

La lección de vida de Ferran Sunyer, el Stephen Hawking catalán

Su discapacidad no le impidió formular teorías avaladas por los matemáticos de su época, incluso Einstein. Las imaginaba y las dictaba a su madre

Foto: El matemático Ferran Sunyer
El matemático Ferran Sunyer

En nuestros días, el científico Stephen Hawking se ha convertido en un ejemplo de vida para la humanidad. A pesar de sus limitaciones físicas, causadas por una irreversible enfermedad motoneuronal, ha podido cuajar una brillante carrera profesional. Sus hazañas se explican, sobre todo, por su insobornable espíritu de superación personal, aunque es cierto que las nuevas tecnologías a las que el británico ha tenido acceso, como el dispositivo electrónico que le permite comunicarse mediante una voz digital, han contribuido de forma esencial a su desarrollo como científico.

En el siglo pasado, cuando las sillas de ruedas eran rudimentarios artefactos de madera y la discapacidad un tema tabú, en España existió un caso similar al de Hawking, aunque la historia del matemático catalán Ferran Sunyer apenas ha trascendido. No tuvo acceso a ningún tipo de enseñanza reglada ni disfrutó de grandes innovaciones tecnológicas, más allá de un taxi londinense tuneado para poder desplazarse con mayor comodidad, pero Sunyer logró distinguirse como uno de los matemáticos europeos más notables de su tiempo, llegando a intercambiar correspondencia con los pensadores más influyentes del siglo XX, entre ellos Albert Einstein.

En los años veinte llegó a sus manos un manual sobre álgebra que en Francia era un auténtico clásico con más de ocho ediciones. Ferran lo leyó con entusiasmo, asimilando y memorizando cada uno de los conceptos, hasta que un día detectó un error

Afectado desde su nacimiento, en 1912, por una parálisis cerebral que redujo su movilidad prácticamente por completo, se quedó huérfano de padre a los dos años. El pequeño Ferran se crió en Figueras, en un ambiente de mujeres, principalmente dos, su madre y dos de sus primas, María y Angels Carbona, quienes, entregadas a su ciudado con total vocación, se convirtieron en sus ojos y en su voz a lo largo de su vida.

Autodidacta empedernido, jamás pudo ir a la escuela, aunque siempre demostró un talento innato para el estudio. El descubrimiento de las matemáticas se lo debe a Ferran Carbona, su primo, físico de profesión. A modo de juego, se le ocurrió prestarle unos libros de base matemática. Al principio, la pasión de Sunyer por la materia pasó inadvertida para sus familiares, pero pronto comprendieron que el universo de los cálculos le fascinaba. Entonces, decidieron estimular su formación.

Fue así como Ferran Sunyer, con una capacidad asombrosa para la abstracción, además con un componente de creatividad extraordinario, empezó a imaginar en su mente teorías matemáticas. Su enfermedad le impedía escribir, pero no hablar: para trasladar al papel sus pensamientos les dictaba a su madre y a sus primas sus formulaciones, que ellas se encargaban de transcribir a pesar de la complejidad de las materias propuestas por Sunyer.

Reconocimiento en Francia

En los años veinte llegó a sus manos un manual sobre álgebra que en Francia era un auténtico clásico con más de ocho ediciones. Ferran lo leyó con entusiasmo, asimilando y memorizando cada uno de los conceptos, hasta que un día detectó un error. Se lo contó a su primo, quien le animó a enviar una carta a la Sociedad Matemática francesa.

El matemático lo hizo justo antes del estallido de la guerra civil, pero no obtuvo ninguna respuesta. Sin embargo, no se desanimó y persistió en el estudio de las matemáticas. Su carrera profesional dio un giro radical cuando su primo se exilió en Francia. Allí entró en contacto con los círculos científicos de París y decidió retomar el asunto del error que Ferran Sunyer había detectado en el clásico francés del álgebra..

Ferran Sunyer, en el centro, junto a su madre y sus primos
Ferran Sunyer, en el centro, junto a su madre y sus primos

En los 40, por fin le tomaron en serio. Las autoridades científicas francesas reconocieron la negligencia y decidieron rectificar el fallo en las ediciones posteriores. A partir de ese día, Ferran Sunyer empezó a ser considerado en los círculos de matemáticos de Europa. Sus artículos, en total más de cuarenta, empezaron a publicarse en las revistas especilizadas de la época y sus trabajos a obtener cierta fama. Hasta tal punto que fue contratado por la marina estadounidense para mejorar una serie de tecnologías, entre ellas los sónar de barcos y submarinos.

Le hicieron pasar por un viacrucis admisnistrativo para obtener los títulos de bachillerato. Era un autodidacta, estaba fuera del sistema, y eso no sentaba bien

Mientras los medios extranjeros le entrevistaban, en España, sumida en el franquismo, era un perfecto desconocido. Sunyer ya se carteaba con las principales figuras de la ciencia, pero el catalán era una figura ajena a la academia: para el sistema universitario de la época significaba poco más que un cero a la izquierda, menosprecio que el matemático trató de remediar presentándose a una serie de exámenes que validaran la calidad de su pensamiento.

El legado de Sunyer

Es cierto que recibió becas, pero no obtuvo una plaza oficial como investigador del CSIC hasta 1967, poco antes de morir. "Le hicieron pasar por un viacrucis admisnistrativo para obtener los títulos de bachillerato. Era un autodidacta, estaba fuera del sistema, y eso no sentaba bien. Algunos profesores se rendían a su conocimentos, diciéndole que debería ser él quien los examinase a ellos. En cambio, otros se lo pusieron difícil, en parte porque provenía de un ambiente desafecto al régimen", explica Màrius Serra, autor de Plans de futur, la única novela que cuenta la historia de Ferran Sunyer. El escritor ha compartido con Teknautas el único documento audiovisual que existe sobre él: una fiesta de fin de año de 1959 donde los invitados están disfrazados.

A partir de los 50, Sunyer viajó a una serie de congresos en Europa, donde sus colegas no dejaban de mirar con extrañeza a un matemático que tuvo la oportunidad de poseer una cátedra en Francia, aunque decidió rechazarla, precisamente, por los impedimentos físicos. "No se atrevió porque exigía trasladar su domicilio a París, pero era demasiado frágil, no podía hacer nada solo y su madre, de la que había dependido toda su vida, ya había fallecido", subraya Serra.

Sus limitaciones físicas le mantuvieron al margen de la academia, lo que le permitió ser más creativo, más libre, aunque menos conocido. Además, era antifranquista. Sumando todo esto podemos comprender la paradoja de que sea un desconocido
Hoy, su legado se mantenido gracias a una casualidad histórica. Una de sus dos primas, María Carbona, había mantenido una relación con Salvador Dalí cuando era joven. Durante aquel fugaz noviazgo, el artista pintó un retrato de la chica, que hoy se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Montreal, en Canadá. En los 80, antes de morir, decidieron venderlo para financiar la creación de la Fundación Ferran Sunyer, que desde entonces mantiene un programa de becas para estudiantes y un premio científico.

A pesar de la valiosa lección de vida que representa Ferran Sunyer, su figura apenas ha salido del anonimato. En primer lugar, porque las matemáticas no dejan de ser un campo del pensamiento tradicionalmente minoritario. "También porque sus limitaciones físicas le mantuvieron al margen de la academia, lo que le permitió ser más creativo, más libre, aunque menos conocido. Además, era antifranquista. Sumando todo esto podemos comprender la paradoja de que sea un desconocido. En Figueras, de donde procede, todavía existe un porcentaje elevadísimo de personas que no saben quién es".

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