escuelas de torá y talmud

Los nuevos 'hijos' de Israel: así se forman los judíos conversos en España

Unas 200 personas sin vinculación con el judaísmo estudian cada año en escuelas donde aprenden la Torá y todos los rituales religiosos con el objetivo de convertirse a la fe hebrea

Antonio tuerce una mueca de dolor al pensar en la circuncisión. A sus 57 años, no le queda otra. Lo ha estado posponiendo en el tiempo, pero sabe que su conversión al judaísmo no será completa mientras no se someta a ese pequeño suplicio. “Lo haré este año seguramente. A punto estuve cuando visité Jerusalén. Un rabino se ofreció a hacérmela allí mismo con una navaja”. Antonio, de profesión hostelero, es una de las 200 personas no judías que cada año se preparan en España para convertirse a la fe hebrea. Algunos son católicos desengañados, otros jamás se habían asomado a una iglesia hasta toparse con el mensaje de Adonai.

“Cada vez más gente se acerca a nosotros”, confirma Mijael Sofer, rabino de la Comunidad Shema Sefarad. “Para practicar el judaísmo se precisa una base sólida, no es como otras religiones que con creer en algo parece que ya vale. Hay que adquirir una serie de rudimentos, conocer la historia, las doctrinas y las tradiciones. Aquí aprenden un judaísmo muy práctico, desde realizar correctamente una oración a recibir el 'shabat”. La 'yeshivá' (centro de estudio de la Torá) del rabino Sofer se encuentra al sur de Madrid, escondida en una maraña de bloques de protección oficial. Unos discretos arcos de color gris dan la bienvenida a la comunidad.

Los alumnos escuchan al rabino durante la clase. (David Brunat)
Los alumnos escuchan al rabino durante la clase. (David Brunat)

 

“Nunca he ido a misa, pero me gusta la historia y empecé a investigar sobre el judaísmo. Hace unos meses contacté con el rabino y descubrí un mundo nuevo. Ahora me paso la semana esperando venir a la sinagoga, aunque a mi abuela, que es católica hasta la médula, no le hace ninguna gracia”, confiesa Valentina, quien a sus 21 años ha decidido que es momento de empezar a vivir bajo los 613 preceptos de la Torá. Igual que sus compañeros, cumple rigurosamente el 'shabat' y consume alimentos 'kosher'. Ni un antepasado judío la precede, pero ella está dispuesta a ser la primera de una orgullosa saga de conversos. 

Todos los alumnos son invitados a respetar el 'shabat' y consumir alimentos 'kosher'

“Muchos vienen porque han descubierto documentos familiares que los revelan como judíos, o porque recuerdan prácticas extrañas en su niñez que ahora saben que son de origen judío, como el encendido de velas a escondidas, oraciones o recetas de cocina. Ahora quieren recuperar esas raíces que les fueron arrebatadas”, indica Sofer. Las clases de conversión son semanales y se extienden durante dos años. Siete alumnos acuden esa tarde a la 'yeshivá'. Otra decena lo hace desde sus casas mediante webcam. “El primer curso está centrado en la historia del judaísmo, desde Abraham hasta la actualidad. El segundo va más encaminado a la comprensión religiosa, teología de fiestas y liturgia. Si en ese tiempo el alumno se ha preparado y ha demostrado que realmente le importa, que no es un interés espurio sino algo que necesita para vivir, se completa el proceso mediante la conversión”, explica el rabino.

Exámenes de judaísmo en Madrid

“Una conversión tiene tres requisitos básicos. Someterse a la circuncisión en el caso de los hombres, tomar el baño de purificación en la Mikvé y recibir la validación de un tribunal rabínico”, confirma Mario Stofenmacher, director de Educación y Culto de la Congregación Masortí Bet-El. Hasta mediados de 2014, era imposible examinarse en España. Había que viajar a Israel o a Londres. Pero esta comunidad, perteneciente a la rama judía conservadora, ha conseguido que un tribunal rabínico autorizado por Israel examine una vez al año en Madrid a los aspirantes españoles. Unas 20 personas superan cada año la prueba, lo que les da derecho a solicitar la nacionalidad israelí y acogerse a la Ley de Retorno. Un avance que Stofenmacher califica de “hito histórico”.

Muchos alumnos no dudan en lucir un 'kipá' en la cabeza. (David Brunat)
Muchos alumnos no dudan en lucir un 'kipá' en la cabeza. (David Brunat)
Un ejemplar abierto de la Torá acompaña las clases. (David Brunat)
Un ejemplar abierto de la Torá acompaña las clases. (David Brunat)

 

No obstante, la ilusión de estos españoles de ser tratados como hijos por Israel suele verse truncada. El judaísmo ortodoxo, la rama con más poder en el país hebreo, es muy reticente a las conversiones que no proceden de su rama. Y en base a su poder, consigue detener 'sine die' todos los expedientes de retorno o nacionalidad que considera impuros. Stofenmacher, sin embargo, matiza ese rechazo. Si bien es cierto que la nacionalidad por vías de conversión no ortodoxa es muy complicada, el hecho de haber superado el examen de un tribunal rabínico reconocido “facilita en gran medida las peticiones de ciudadanía de aquellas personas que quieren emigrar a Israel. En nuestra congregación hay varios casos que, tras examinarse ante el tribunal, han podido establecerse en el país”.

Esta rechazo no parece atenuar el amor de los aspirantes españoles hacia su nueva madre patria. “Para acercarnos a Israel todos tendríamos que pasar por la conversión ortodoxa, y evidentemente eso es un poco difícil. Nosotros creemos que la Torá (libro sagrado del judaísmo) no es sólo para el judío, sino que ofrece un mensaje de transformación personal para todo el mundo”, indica Sofer, que apostilla: “No es más judío el que nace sino el que cree y actúa según la fe judía”. Su alumno Rodolfo Marimón, técnico en una planta de reciclaje, es uno de esos abnegados practicantes. Abandonó el camino del Evangelio para “encontrar la verdad” en la fe hebrea. Hoy no duda en lucir un kipá (gorro judío) en la coronilla: “Aquí siento mucha paz. Siempre he pensado que mis antepasados fueron judíos, y esto es para mí un retorno a mis orígenes”.

“Hace 25 años que nuestra congregación se estableció en España, pero en los últimos cinco hemos notado un aumento considerable de personas que anhelan la conversión. Tal vez ha sido la crisis espiritual y social derivada de los últimos años, o quizá el hecho de que se ha producido un cambio social en cuanto a la percepción de lo judío en España, pero sí sentimos que hay más interés”, reconoce el director de Culto de Bet-El, quien recuerda: “El judaísmo no es proselitista, nosotros no andamos buscando nuevos creyentes”. En sus clases se congregan unas 30 personas, 20 de ellas de modo presencial y otra decena más a través de internet. Hay estudiantes universitarios, jubilados, albañiles, peluqueras. “Suelen dividirse en dos perfiles. El primero, personas mayores de 45 años, profesionales con cierto nivel de formación que han emprendido una búsqueda personal y, ahora que no tienen ataduras familiares, deciden emprender el camino. Y el segundo es gente joven, de unos 30 años. No suelen proceder de familias practicantes, sino que se trata de una búsqueda muy personal”, explica Stofenmacher.

Los alumnos asisten a la ceremonia del 'shabat' cada viernes al atardecer. (David Brunat)
Los alumnos asisten a la ceremonia del 'shabat' cada viernes al atardecer. (David Brunat)

 

A los conversos españoles les fascina la liturgia en la sinagoga casi tanto como aprender la cara judía de la historia de España. “Hay muchas creencias erróneas respecto a los judíos que aquí tratamos de aclarar”, indica Sofer. “Ejemplos hay muchos, como la creencia de que la Inquisición perseguía a los judíos, cuando en verdad no tenía autoridad sobre esa comunidad, sino que se forzaba su conversión al cristianismo para luego poder perseguirlos. O la historia nunca explicada del descubrimiento de América, donde más del 80% de la tripulación era judía. Incluso Cristóbal Colón se llevó a un intérprete de hebreo, confiado en hallar comunidades judías remotas”.

El aumento de las conversiones está ampliando el magro censo de judíos en España. Se calcula que en nuestro país hay entre 40.000 y 50.000 judíos, mayoritariamente ortodoxos. El asunto de la conversión, precisamente, es uno de los grandes problemas de fondo del judaísmo, ya que sus tres ramas (ortodoxa, conservadora y reformista) nunca han logrado ponerse de acuerdo en los requisitos necesarios.

 

 

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