La perra vida de un galgo en España
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un hombre, en prisión por maltrato animal

La perra vida de un galgo en España

En España hay 200.000 galgos con chip y más de 15.000 galgueros federados, sin contar los furtivos. Les adelantamos que en febrero de 2016 habrá al menos 50.000 galgos maltratados o muertos

“Todos los galgueros no somos asesinos de animales. Como todos los aficionados al fútbol no son radicales ni todos los hombres maltratan a sus mujeres. Estamos marcados, somos prejuzgados por la sociedad. Las protectoras han difundido una imagen radical de nosotros. Luchamos para que lo nuestro sea un deporte olímpico y estamos en contra del maltrato animal igual que ellos. Hemos aprendido a no escucharnos y deberíamos trabajar juntos”. Ahora meta la palabra ‘galgo’ en Google para saber de qué habla Alberto de Lucas, 41 años, abogado toledano y presidente de la Asociación de Galgueros de Castilla-La Mancha, una de las más potentes de España junto con la andaluza y la extremeña. Aquí hay 3.500 galgueros y 85 clubes de caza que pagan anualmente 1.700 euros por estar federados.

Segundo paso: si no está comiendo y no tiene niños cerca, pulse en imágenes en su buscador de internet. Junto con una decena de espigados y hermosos ejemplares dando caza a la carrera a liebres, encontrará el mismo cupo de imágenes de galgos con signos de haber sido torturados. Animales esqueléticos, golpeados hasta la muerte o desangrados por el cuello, donde sus dueños clavaron la navaja para arrancarles el microchip que les identificaba. Ahora ya sabe de qué hablamos.

Este pasado 8 de octubre se abrió la veda en España para cazar con galgo, una temporada que acaba el día 8 de febrero. Un hecho único en Europa, ya que somos el único país que permite esta modalidad de caza. Según datos de la Federación Española de Galgos, durante la temporada hay en acción en nuestro territorio unos 200.000 galgos. Mientras que el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) mantiene que en 2013 fueron abandonados 62 galgos, ahorcado uno y apaleados siete, las protectoras y asociaciones de animales hablan de más de 50.000 galgos entre abandonados, maltratados y ejemplares muertos.

“Pero hay más. Imagínese que en una ciudad como la gaditana Sanlúcar de Barrameda, hay casi 68.000 habitantes y más de la mitad posee galgos. Hemos constatado que hay familias que superan los 20, porque una galga puede dar hasta nueve cachorros. Haga sus números de la cifras de abandono. Pregúntele a un galguero por sus galgos mayores, los que ya no sirven para competir y me cuenta”, denuncia Anna Clements, directora general y cofundadora de SOS Galgo.

Primer reo por maltrato animal en España

En este cruce de acusaciones: dos sentencias. El pasado día 21 de octubre ingresó en la cárcel de Palma el primer condenado por maltrato animal en España después de que la jueza de lo penal 8 de la capital balear rechazara suspender la condena a ocho meses de reclusión que le impuso por matar a palos a Sorky, un caballo de carreras que perdió una competición de trote en Manacor. Un éxito de la Asociación Balear de Abogados por los Derechos de los Animales, que ha visto cómo se aplicaba el articulo 337 del Código Penal, en vigor desde el 1 de julio de 2015, y que se puede ver en este enlace. Pero había ya un precedente y estaba relacionado con el mundo del galgo.

En 2013, en Fuensalida, Toledo, por primera vez en España un galguero fue condenado a siete meses de cárcel y dos años y un día de inhabilitación para cazar por ahorcar a sus galgos. El hombre les dejó el microchip puesto y lo reconoció ante el juez “con naturalidad”, según explica el abogado Sergio García-Valle, que llevó la defensa de la protectora, “porque era algo que se llevaba haciendo toda la vida y el hombre no tenía consciencia de que estaba incurriendo en ningún delito. Confesó sin dificultad a la Guardia Civil”.

A De Lucas, también letrado, le enervan estas sentencias y las cifras de maltrato de las protectoras: “Qué casualidad que cada año sean 50.000 galgos nuestra cifra negra. Ni uno más, ni uno menos. Existe maltrato, pero esas cifras no son contrastables. Eso sí, gustan mucho a la prensa. Lo único bueno es que sirven para que la gente adopte galgos. Pero a nosotros los galgueros, nos estigmatiza”, reitera. "Si se empieza a controlar y a regular la caza con galgos será el principio del fin", dice Clements, que, aboga por acabar con la cinegética con estos perros. “Ya sé que es una tradición milenaria, pero conlleva maltrato puro y duro”, dice. Y ahora vamos al campo, a ver qué vemos nosotros.

Colladas, correderos y pocas liebres

Domingo. 8:30. Olías del Rey. Toledo. El último café con pan tostado mojado antes de salir al campo. Se madruga menos que en la caza mayor porque aquí la visibilidad lo es todo. Estamos con 30 cazadores, dos mujeres, seis niños, una niña y un bebé de meses. Van a cazar liebres, pero son cazadores sin armas. Eso sí, casi todos llevan un cronómetro en mano para minutar las carreras de sus ejemplares. “Todo se suele resolver en menos de cinco minutos”, dicen. Arranca la furgoneta de Alberto de Lucas con los tres ejemplares que correrán hoy. En su corral, otros 15 galgos se quedan sin salir. También viene su primo, que como él es tercera generación de galgueros. La barcina colorada se llama Cry, la gris: Alondra. Son las más nerviosas y jóvenes, con solo 18 meses.

También viene una 'veterana', una galga negra de tres años y medio que responde al nombre de Sarmata. Vamos por caminos de tierra, entre una maraña de autovías y urbanizaciones en eriales al vecino término municipal de Magán. Allí, entre largas lomas de campos de cereales y algún olivar, está el coto. Mientras unos cazadores batean a pie y a caballo la tierra para que la libre suba hasta los correderos, cuentan que las llanuras de Castilla son ideales para la caza con galgo. “Aquí la liebre recorre grandes espacios en busca de alimento y su única defensa al estar sus perdederos alejados son su corazón y sus patas. Me gusta cazar en correderos largos como este con cielo, tierra y liebres fuertes. En este tipo de terreno se va a imponer otro tipo de galgo, más duro de huellas, con mayor profundidad de pecho, de musculatura más larga y plana, en definitiva, un galgo de mayor resistencia”, explica De Lucas.

Los turnos para correr los galgos se establecen previamente. Cada collada, compuesta por dos galgueros, tiene claro ya cuándo le toca salir. En este pueblo hay 10. Unos batean la tierra a pie y a caballo para que las liebres bajen hacia los galgos que esperan nerviosos con sus dueños en los altos. El espectáculo está servido. Los niños permanecen en silencio, tranquilizando a los perros. Uno sale desde los seis años y entrena los galgos a la salida del colegio con su bicicleta; otro acaba de cumplirlos y tiene un par de perros bien agarrados. Rosa, una niña de 11, quiere ser galguera como su padre y su tío, que es el jefe de este coto en Magán. Manuel Díaz, de 53 años, relata que se pagan 750 euros anuales para cazar aquí y 350 si eres vecino del pueblo.

-¿Cuánto tiempo lleva usted cazando?

-Desde niño

-¿Cuántos galgos tiene usted?

-10 o 12

- ¿Y el resto? Porque la edad media de vida del animal es de 10 años.

- Cuando ya no valen para competir los damos a otros compañeros o los llevamos a las protectoras. Yo mismo llevé uno a una chica del pueblo, Bárbara, que los recoge en su casa y me dijo que lo habían mandado a Alemania con una familia. Solo la gente con mal corazón maltrata a los animales, no es lo habitual.

Caza furtiva y falta de denuncias

Pero, entonces, ¿no hay cupos? La ley actual obliga a todos los propietarios de más de cinco animales a solicitar la licencia de núcleo zoológico, medida de la que se sirve la Administración para controlar que las mascotas tienen cubiertas todas sus necesidades alimenticias, sanitarias e higiénicas. Los protectoras como PACMA denuncian: “Nadie sabe cuántos perros tiene cada cazador. Las crías no se identifican. La ley no sirve. Esperemos que el caso del caballo de Baleares que ha acabado con el dueño en prisión meta a los galgueros el miedo en el cuerpo”. El abogado García-Valle ahonda más y dice que tampoco hay más demandas porque las protectoras no pueden incurrir en más gastos. “Muchas veces no hay chip que identifique al animal, se lo sajan del cuello. Y cuando lo hay dicen que se les escapó o que se lo robaron. Nuestra legislación no exige al propietario que interponga una denuncia por robo”, explica el letrado.

Vuelta al campo. La primera carrera tarda. No hay casi liebres. Nadie quiere decirlo a cámara pero culpan a los ecologistas de proteger “demasiado” a los zorros, también a la gran cantidad de alimañas y a las aves rapaces. De Lucas toma la palabra: “Hay que gestionar bien los cotos para que haya liebres. Estoy a favor de los vallados, siempre y cuando estén bien gestionados, no en uno en el que se eche la liebre la semana anterior. Si se acotan unas 50 liebres, eso puede conllevar que cuando empiece la temporada pueda haber 200”.

Ya corre una y todos sacan los prismáticos. En tres minutos una pareja de galgos la da caza. Gritos, vítores y a por la siguiente. El resto de perros se exalta y el bebé de seis meses, que viene en una mochila pegado al pecho de su madre, ni se inmuta. Todos los que están aquí, algunos entre risas, niegan que entrenen sus galgos a motor, una práctica ya prohibida en España. “Los galgos son atletas y hay que entrenarlos, pero con lógica. ¿Cómo vamos a ir con los galgos por los caminos a 90 kilómetros por hora? Esa velocidad es una locura”, dice De Lucas.

Silencio del resto. “Aquí hay mucho tópico. La mayoría de los galgos que aparecen por ahí nos los roban”, dice un cazador fuera de grabadora.

-El Seprona dice que un 50,5% de los animales que se roban son galgos. ¿Ustedes denuncian los robos?

"No", dicen unánimemente. Y uno apunta que le robaron una galga muy buena que estaba criando y sí lo hizo. (Por cierto, se pagan desde 500 euros por un cachorro de padres buenos corredores).

De Lucas lo detalla: “La disminución de la liebre, el tema del furtivismo y el de los robos de galgos son temas muy preocupantes para la Federación. El delegado del Gobierno nos dijo que iban a crear una patrulla dentro de la Guardia Civil especializada en el campo y que pretendían tomar medidas con la actividad del furtivismo. También le pedimos, como se hace en otras comunidades autónomas, que el furtivismo fuera considerado delito. Esas medidas son importantes, puesto que una persona que sea pillada como furtivo e imputada por ello, difícilmente va a estar día a día cazando como pasa ahora”.

Alondra, Cry y Sarmata ya han corrido sus liebres y juguetean con el resto. En su piel, muchas heridas. Salían en segunda posición. Cuatro horas después termina la cacería. Por el camino de vuelta a Olías queda una liebre muerta en el suelo. “No a todos los cazadores nos gusta la liebre, a mi me parece de carne muy dura”, dice De Lucas, ante la sorna de los más veteranos, que explican las mil y una manera de guisarla. “Esto no es como antes. A mí me metió Franco por furtivo dos meses en la cárcel. Yo salía cada día al campo para dar de comer a mi familia. Estar en el penal sin salir me parecía estar en un hotel. Ahora esto es un deporte”, cuenta Luis Zarza, de 80 años, conocido como 'el bailabodas’ en el pueblo.

El tráfico de chips

Vamos a 23 kilómetros, a la localidad de Illescas, donde casualmente hoy hay una mesa de adopción de la protectora APADAT. Allí acude Miriam Alonso, la voz de SOS en Toledo y también colaboradora de esta protectora. Sabe de nuestra mañana en la cacería. “¿Te habrán dicho que todos cuidan los animales, no?”, espeta con sorna. Alonso tiene 21 galgos en su domicilio, que es también casa de acogida de varias asociaciones. “Imagina, ha empezado la temporada y ya llevamos cinco rescates de galgos abandonados, ya nos han llegados galgos desollados porque les entrenan con cuerdas desde la parte trasera de 'quads' y furgonetas. Están prohibidos los entrenamientos a motor y siguen". Ella trae hoy a un galgo macho robusto que tiene una imagen mucho menos estilizada que los de la cacería.

“Estamos buscándole hogar. Cuando te metes en esto es una locura. No tenemos recursos económicos. Las familias acogedoras acabamos desbordadas. Las operaciones del veterinario son carísimas. A mí, los galgueros me han llegado a dar seis euros por recoger a seis galgos. Y te amenazan: ‘O los coges, o los abandonamos’. Por suerte, la sociedad se conciencia cada vez más de adoptar galgos. Por eso difundimos las imágenes del estado en que nos encontramos los animales. El descontrol es total por parte de la Administración. Encontramos galgos con un chip que pertenece a otro animal muerto ya hace años. Si nuestras cifras son falsas, ¿por qué no dejamos de encontrar galgos?", reflexiona.

Miriam nos cita cinco días después en una granja cerca del término toledano de Camarenilla. Dicen que ahí más de 30 galgos se hacinan con cerdos en pésimas condiciones. No logramos verlo porque han subido recientemente la valla de la propiedad con ladrillo. Los trabajadores avisaron al jefe y nos prohíben el acceso con violencia. “Lo bueno es que esto significa que hay miedo. Que el galguero ya no se siente impune. Y más ahora que saben que pueden ir a la cárcel”, zanja esta voluntaria.

Caza
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