sobre la inmunidad de puidgemont

Un calendario poco claro y 4.000 páginas: el suplicatorio de Puigdemont sigue atascado

La comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo espera soluciones técnicas o la reactivación de la actividad parlamentaria para comenzar la parte central del suplicatorio

Foto: Puigdemont en Estrasburgo. (EFE)
Puigdemont en Estrasburgo. (EFE)

Desde el mismo momento en el que Carles Puigdemont y Toni Comín primero, y Clara Ponsatí después, pusieron un pie sobre las instalaciones del Parlamento Europeo, se pusieron en marcha todos los mecanismos para activar el procedimiento del suplicatorio que permitiría a la Eurocámara despojar a los tres eurodiputados de su inmunidad. Y, sin embargo, los suplicatorios siguen bloqueados.

En principio debía ser un proceso más o menos rápido: se elegía a un ponente, se celebraban una serie de sesiones de la comisión de Asuntos Jurídicos y, tras un voto en comisión, el Pleno del Parlamento Europeo aprobaba o rechazaba el levantamiento de la inmunidad de los tres eurodiputados. Pero el impacto del coronavirus sobre la agenda europea también ha afectado a este proceso, dilatándolo durante mucho más tiempo del previsto y sin saber exactamente cuándo se podrá cerrar.

El suplicatorio se encuentra bloqueado hasta que se den una de dos condiciones: que se garantice que el proceso pueda celebrarse de forma telemática de manera segura, o bien que el Parlamento Europeo retome la agenda presencial. Los servicios de la Eurocámara trabajan en la primera opción, y de hecho ya tienen un sistema seguro de voto remoto, pero la naturaleza estrictamente confidencial de las deliberaciones y las comparecencias durante el suplicatorio hacen que la participación telemática sea un asunto muy sensible.

Pero fuentes parlamentarias explican que el proceso no está completamente bloqueado. El ponente, Angel Dzhambazki, eurodiputado búlgaro del grupo de los Conservadores (ECR) al que también pertenece Vox, ha estado trabajando en su informe durante los últimos meses y, según fuentes parlamentarias, este está muy avanzado, todo a la espera de que se pueda retomar la actividad. “El día siguiente al que se encuentre una solución a la semipresencialidad el proceso va a empezar”, han señalado las fuentes.

Pero todavía no está claro cuándo ocurrirá eso. De hecho estaba previsto que en las próximas semanas el Parlamento Europeo retomara su actividad en Estrasburgo, donde Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, tenía que realizar su primer discurso del Estado de la Unión, un evento que ahora mismo está en el aire y que finalmente podría tener lugar en Bruselas en vez de en la capital de Alsacia. El presidente de la Eurocámara, David Sassoli, tendrá que tomar una decisión sobre la puesta en marcha o no de la actividad de la institución en los próximos días, y afectará también al suplicatorio.

Una vez desatascado, tardará 5 meses más

Las fuentes del proceso consideran que, una vez se vuelva a poner en marcha, este tomará, “como muchísimo”, cuatro o cinco meses en los que la comisión parlamentaria se reunirá al menos en tres ocasiones: una primera en la que Dzhambazki hará su exposición, una segunda en la que los tres eurodiputados afectados podrán hablar durante 15 minutos cada uno y defenderse ante la comisión, y una tercera en la que se votará. Después el asunto se elevará al Pleno del Parlamento Europeo. El presidente de la comisión de Asuntos Jurídicos de la Eurocámara, el español Adrián Vázquez, de Ciudadanos, está “determinado” a que el proceso no se convierta en un “circo mediático” o en un acto “electoral”.

Según las mismas fuentes, el ponente ha recibido 4.000 páginas de documentación por parte de los afectados por el proceso, y se ha decidido traducir todas ellas a todos los idiomas de trabajo del Parlamento Europeo. Esa medida la han tomado sabiendo que el proceso se va a seguir de cerca, buscando cualquier irregularidad, cualquier posible punto que pueda hacer ver que la decisión no es justa.

Vázquez llegó a la presidencia de la comisión de Asuntos Jurídicos después de que se materializara el Brexit y la presidenta, británica, abandonara la Eurocámara. Se discutió a nivel interno hasta qué punto era conveniente que un español llevara las riendas de una comisión que iba a tener que decidir sobre la inmunidad de Puigdemont, Comín y Ponsatí, precisamente por la imagen que pudiera lanzar sobre el proceso.

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