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Coordenadas | ¿Ha desatado el precio del gas una revolución en Kazajistán?
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Protestas explosivas

Coordenadas | ¿Ha desatado el precio del gas una revolución en Kazajistán?

Lo que empezó como una pequeña marcha contra los precios del combustible se ha convertido en una masiva ola de protestas a nivel nacional que no da signos de remitir

Foto: Policías antidisturbios vigilan una calle durante las manifestaciones en Kazajistán. (EFE)
Policías antidisturbios vigilan una calle durante las manifestaciones en Kazajistán. (EFE)

Edificios gubernamentales en llamas, granadas aturdidoras y de gas lacrimógeno sobrevolando las calles de todo el país, apagones generalizados de internet y el estado de emergencia y toques de queda declarados en todo el territorio nacional. Kazajistán vive la mayor ola de protestas de su historia reciente. Lo que empezó con una marcha regional contra los precios del combustible se ha convertido rápidamente en una marea de manifestaciones en las principales urbes de la nación euroasiática.

Tras múltiples maniobras fallidas para aplacar la indignación popular, el Ejecutivo kazajo se encuentra a estas horas luchando por recuperar el control de las calles y ha adelantado que no le temblará la mano a la hora de actuar con mano dura contra los manifestantes. La respuesta podría llegar a incluir la colaboración de tropas rusas después de que la presidencia haya solicitado formalmente ayuda a Moscú. La situación es frágil y está en constante cambio. Esto es lo que sabemos hasta ahora.

En breve

Aunque existen evidencias de manifestaciones masivas a lo largo y ancho del país, la información que llega desde Kazajistán es todavía confusa, con reportes que van desde la toma del aeropuerto de Almatý, la ciudad más grande del país, hasta el incendio del edificio del Gobierno regional, una ex residencia presidencial y la sede local del partido gobernante. El presidente del país, Kassym-Jomart Tokayev, ha lanzado un mensaje a la nación tras declarar el estado de emergencia nacional en el que promete "actuar con la firmeza máxima" contra los manifestantes, a quienes ha calificado de "conspiradores" y "terroristas". También ha admitido que "hay muertos y heridos" a raíz de las protestas.

La policía de Almatý ha afirmado que los manifestantes quemaron 120 automóviles, incluidos 33 vehículos policiales, y dañaron alrededor de 400 establecimientos comerciales. También ha asegurado que más de 200 personas habían sido detenidas. El Ministerio del Interior del país ha anunciado que ocho miembros de las fuerzas de seguridad han muerto en los enfrentamientos. Por otra parte, medios de comunicación locales informaron de que la policía abrió fuego contra los manifestantes en la ciudad petrolera de Atirau, provocando la muerte de al menos una persona.

Contexto

Aunque las protestas han adquirido rápidamente un carácter político, fueron impulsadas por un problema concreto: el precio del gas licuado de petróleo (GLP), que gran parte de los kazajos utilizan para sus coches, especialmente en la región occidental de Mangystau —donde estallaron las manifestaciones—. Allí, el costo del combustible se había duplicado en cuestión de días, arrastrado por una mezcla de factores que incluye el fin de los subsidios, la transición hacia el comercio 'online' de GLP dictada por el Gobierno y los aparentes intentos de estafa de varias gasolineras locales. Indignada, la población local tomó las calles el pasado domingo.

Pero lo ocurrido en Mangystau solo fue la chispa en un país con una ciudadanía más que dispuesta a estallar. Las protestas pronto se contagiaron a las principales ciudades del país. Las acusaciones constantes de corrupción contra el Gobierno, la disminución del poder adquisitivo que la población kazaja ha experimentado en los últimos años, la alta inflación, la desigualdad extrema y la restricción de libertades contribuyeron a que las protestas se convirtieran en la mayor explosión de descontento en más de una década en el país.

Kazajistán es uno de los países más estables de Asia Central y está dirigido por un Gobierno autoritario que intenta mantener una apariencia democrática. La mayoría de las elecciones en el país arrojan resultados en los que el partido gobernante obtiene cerca del 100% de los votos y no existe una oposición política real.

Actores

placeholder Nursultan Nazarbayev. (Reuters)
Nursultan Nazarbayev. (Reuters)

Nursultan Nazarbayev, de 81 años, fue el secretario del Partido Comunista durante la era soviética y dirigió Kazajistán durante cerca de tres décadas antes de renunciar abruptamente en 2019. Sin embargo, Nazarbayev ha seguido conservando amplios poderes como presidente del Consejo de Seguridad, ha impulsado un culto a la personalidad en torno a su figura (tras su dimisión, la capital kazaja, Astaná, fue rebautizada como Nur-Sultan en su honor) y es percibido por gran parte de la población del país como la mano que continúa manejando las riendas del país desde la sombra. Durante las manifestaciones de estos días, uno de los gritos más escuchados es el de "Shal ket!" (“¡Que se vaya el viejo!”), en referencia a Nazarbayev.

placeholder Kassym-Jomart Tokayev. (Reuters)
Kassym-Jomart Tokayev. (Reuters)

Kassym-Jomart Tokayev, actual presidente de Kazajistán, fue nombrado a dedo por Nazarbayev para sustituirle en 2019. Desde entonces, ha escenificado un distanciamiento de su predecesor que, para la mayoría de los ciudadanos, no ha sido suficiente. En respuesta a las masivas protestas populares, ha arrebatado la dirección del Consejo de Seguridad al exmandatario, tomando las riendas en su lugar. Tokayev también ha ordenado la destitución de todo el Gobierno en un esfuerzo por apaciguar a los manifestantes, sin que ello haya dado resultado aparente. Tras sus últimas declaraciones, el jefe de Estado parece dispuesto a pasar a la ofensiva contra las marchas.

¿Y ahora, qué?

El Gobierno kazajo ha reaccionado rápidamente para bajar el precio del combustible, que ya se encuentra en niveles inferiores al del inicio de las marchas, pero la medida ha pasado prácticamente desapercibida. Ante la incapacidad de aplacar a los manifestantes, el Ejecutivo, en la noche del miércoles, ha solicitado formalmente a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), alianza militar que agrupa a seis antiguas repúblicas soviéticas, entre ellas Rusia, que envíe refuerzos militares para contener las protestas, de acuerdo con los medios estatales rusos.

Sin embargo, la llamada de auxilio kazaja llega en un momento en el que Vladimir Putin se encuentra en medio de un tira y afloja geopolítico en la frontera con Ucrania, donde se encuentra desplegada gran parte de las fuerzas armadas del país —incluyendo, según expertos, las que deberían ser movilizadas para cumplir con la solicitud de Tokayev—. Rusia considera Kazajistán como parte de su esfera de influencia, por lo que no es probable que ignore la petición. Los próximos días serán decisivos para determinar si lo que empezó como una simple manifestación aislada acaba con una brutal represión a nivel nacional. “Las autoridades están haciendo todo lo posible para calmar las cosas, con una mezcla de promesas y amenazas, pero hasta ahora no está funcionando”, afirmó Dosym Satpayev, analista político residente en Almaty, a 'The Guardian'. “Habrá intentos tímidos de diálogo, pero esencialmente el régimen responderá con fuerza, porque no tiene otras herramientas”, concluyó.

Foto: ucrania-transnistria-rusia-union-sovietica

Otro ángulo

Cuando Nazarbayev dejó su cargo hace dos años, el analista y colaborador de El Confidencial Nicolás de Pedro ya adelantaba que se trataba de una dimisión ‘light’ que no suponía un distanciamiento real del poder, ya que retenía varios cargos decisivos. En esta Tribuna Internacional, el autor comparaba el movimiento con un intento de demolición controlada. Este análisis, como puede verse a raíz de las protestas actuales, continúa siendo tan acertado ahora como lo fue entonces.

Foto: El presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, danza durante un festival tradicional durante el Día de la Unidad Popular en Almaty, el 1 de mayo de 2016. (Reuters) Opinión

La imagen

Las fotografías de estatuas derribadas de mandatarios suelen ser un buen termómetro de cuando el hartazgo de un país ha llegado al límite. Este miércoles, una efigie de Nursultan Nazarbayev en Almatý se encontraba en el suelo y partida por la mitad.

Para seguir el hilo…

Fran Olmos, investigador de Foreign Policy Center especializado en Asia Central, lleva desde el inicio de las protestas actualizando un hilo en Twitter. Este incluye declaraciones, mapas, información de última hora e incluso una explicación de Nicolás de Pedro sobre el debate en torno a cómo traducir el nombre del país al español (¿Kazajistán o Kazajstán?).

Edificios gubernamentales en llamas, granadas aturdidoras y de gas lacrimógeno sobrevolando las calles de todo el país, apagones generalizados de internet y el estado de emergencia y toques de queda declarados en todo el territorio nacional. Kazajistán vive la mayor ola de protestas de su historia reciente. Lo que empezó con una marcha regional contra los precios del combustible se ha convertido rápidamente en una marea de manifestaciones en las principales urbes de la nación euroasiática.

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