La rebelión de los jóvenes: Nigeria se alza contra la brutalidad policial del Gobierno
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La rebelión de los jóvenes: Nigeria se alza contra la brutalidad policial del Gobierno

Las protestas de los jóvenes en Nigeria contra la brutalidad policial se intensifican, pero el gobierno parece hacer caso omiso de sus sencillas peticiones

placeholder Foto: Manifestantes el pasado 14 de octubre en Lagos contra la brutalidad policial. (Reuters)
Manifestantes el pasado 14 de octubre en Lagos contra la brutalidad policial. (Reuters)

Nigeria aún está cogiendo aire, aunque sea debajo de una mascarilla. El siete de octubre, unos policías del Escuadrón Especial de Antirrobo de Nigeria dispararon a un hombre y acabaron con su vida en Ughelli, en el Estado del Delta. El vídeo se viralizó y provocó que cientos de nigerianos contaran experiencias pasadas cercanas a la muerte, arrestos sin justificación y extorsiones a manos de la unidad también conocida como SARS. Se iniciaron protestas por todo el país.

La brutalidad policial es uno de los grandes problemas de Nigeria. Recientes informes aseguran que las muertes extrajudiciales por el SARS alcanzan las 30.000 desde el 2004. Es difícil saber la verdadera cifra porque hay miles de detenidos ilegalmente e individuos indocumentados en el sistema policial. Informes de Amnistía Internacional en 2009 y de Human Rights Watch en 2005 explican cuánto tiempo jóvenes nigerianos han estado sufriendo la tortura, violencia y extorsión a manos de SARS. El hashtag #EndSars ha sido ‘trending topic’ de forma intermitente en redes sociales desde diciembre de 2017 y ha provocado que haya protestas en Lagos cada año. La gran mayoría de los nigerianos estarían de acuerdo en que la brutalidad policial es un gran problema, lo que ha llevado a la población a mostrar una extraña muestra de unión en las últimas protestas.

La primera demanda de los manifestantes incluye la salida de todos los arrestados por protestar, una subida en los salarios de los policías para combatir la corrupción y una investigación formal. Y viendo la oportunidad para tratar otros temas gubernamentales, distintos grupos han añadido otras peticiones a la lista conforme las protestas se mantenían, pero no gozaban del mismo apoyo que las primeras.

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Las manifestaciones están impulsadas por un poderoso interés entre los jóvenes nigerianos. Un factor importante es la huelga del Academic Staff Union of Universities, que empezó en marzo y provocó que muchos de los jóvenes del país se quedaran en casa, sin las distracciones de las clases y las tareas. Además, el covid-10 provocó que los jóvenes más privilegiados se quedaran en Nigeria, sin poder viajar al extranjero. Esto les ayudó a movilizarse entre las distintas clases sociales. Las redes sociales también han ayudado a unir a los jóvenes de una forma inédita en el país, generando manifestaciones como la Marcha del Mercado contra los acosos sexuales en mercados, la marcha contra el acoso callejero a las mujeres por la Abuja Environmental Protection Board y las iniciales protestas #EndSars en 2017, 2018 y 2019, después de que el gobierno anunciara el desmantelamiento de las unidades del SARS, que por supuesto no ocurrió. El activismo entre 2017 y 2019 ya habían demostrado que los jóvenes nigerianos estaban usando las redes sociales de forma muy innovadoras, superando las divisiones religiosas y políticas entre el norte, predominantemente musulmán, y el sur.

El Gobierno nigeriano, acorralado

Una razón para entender la naturaleza moderada de las demandas de los manifestantes es que los gobiernos anteriores fracasaron a la hora de llevar a cabo conversaciones nacionales sobre las grandes reformas que necesitaba Nigeria como país. En general, los gobiernos han sido incapaces de cumplir sus compromisos en materia de corrupción o pobreza. Los esfuerzos previos, como la reforma del funcionariado o del sistema judicial siempre se traducían en tejemanejes políticos a corto plazo. De hecho, los intentos para lograr pactos nacionales sobre grandes temas, como la reforma constitucional, no han sido más que ejercicios políticos para consolidarse en el poder. De forma similar, la reforma estructural de los cuerpos policiales es una historia que se ha contado una y otra vez en las últimas décadas. Y todo esto no ha hecho más que desgastar la confianza de los ciudadanos en su propio gobierno.

Por lo tanto, los recientes movimientos de protesta han preferido mantener un mensaje simple. En el caso de la campaña #BringBackOurGirls (Traed de vuelta a nuestras chicas) sobre el secuestro de 276 niñas por parte de Boko Haram; y ahora en el caso de #EndSARS, un mensaje simple y directo fue clave para conseguir que grandes partes de la población de diferentes grupos étnicos y religiosos de Nigeria se pusieran de acuerdo. Con #BringBackOurGirls, por ejemplo, el principal líder de la protesta, Oby Exekwesili, evitó cualquier intento de ampliar el mensaje de la protesta que fuera más allá de su inmediata preocupación para que el ejército rescatara a las niñas. Además, como el mensaje podía entenderse sin que nadie tuviera mucha idea del contexto, también fueron capaces de que la diáspora nigeriana consiguiera la atención tanto de celebridades internacionales como de gobiernos extranjeros.

La simplicidad del mensaje de #EndSARS también ha ido de la mano de otro factor clave: el momento. La campaña de #BringBackOurGirls no tuvo suerte, porque empezó en 2014, muy cerca de las elecciones generales del siguiente año. Y tocaba un punto étnicamente divisivo respecto a derrotar a los insurgentes islamistas en el noreste del país para mantener al resto de la población a salvo. Pero el poder de #EndSARS sigue siendo grande pese a los intentos del gobierno nigeriano por politizarlo, acusando a los manifestantes de intentar desestabilizar el país. Su fracaso se debe, sobre todo, a que la brutalidad policial es innegable, pero también porque las protestas empezaron en el segundo mandato de Muhammadu Buhari sin elecciones a la vista.

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La simplicidad de las protestas de este año han avivado la esperanza entre los jóvenes del país, quienes pensaban que pidiendo algo tan pequeño al gobierno provocaría que este se sentara con ellos y actuara. También es una señal de que los jóvenes aún no han mimetizado el cinismo de las generaciones mayores. El 20 de octubre, los militares empezaron a reprimir las protestas. Justo después Buhari dijo que el gobierno no cedería al hooliganismo y el Consejo de Seguridad Nacional se ha negado a permitir más protestas. Hay rumores de posibles sanciones del Reino Unido a Nigeria debido a la violencia contra manifestantes desarmados. Aún no está muy claro qué ocurrirá con las protestas en los próximos meses pero, pase lo que pase, el Gobierno tratará de resistirse para seguir sin hacer nada.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Saratu Abiola y titulado 'Nigeria police protests: How the youth mobilised across a divided country'

Síndrome respiratorio agudo severo (SARS) Corrupción Nigeria