La enfermedad de Mohamed VI propicia la reconciliación en la familia real de Marruecos
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la guerra fría entre el monarca y su primo

La enfermedad de Mohamed VI propicia la reconciliación en la familia real de Marruecos

Las hermanas del monarca alauí temen la entronización del príncipe heredero, Moulay Hassan, porque está influenciado por su madre, Lalla Salma, con la que se han enfrentado

Foto: El príncipe Moulay Hicham, con su esposa, Malika, y sus dos hijas, Faizah y Haajar, a las puertas de la Universidad de Yale. (Twitter/HichamAlaouiSW)
El príncipe Moulay Hicham, con su esposa, Malika, y sus dos hijas, Faizah y Haajar, a las puertas de la Universidad de Yale. (Twitter/HichamAlaouiSW)

A Moulay Hicham, de 56 años, primo hermano de Mohamed VI de Marruecos, de 57 años, la prensa marroquí le puso el apodo de 'príncipe rojo' por sus críticas a la manera de gobernar de la monarquía. Él y el soberano llevaban hasta ahora dos décadas sin hablarse, aunque mantenían contactos indirectos a través de sus familiares.

La relación era tan mala entre ambos que, cuentan en Rincón, una ciudad balneario cerca de Ceuta, el hermano pequeño de Moulay Hicham aprovechó que este estaba revolviendo el sótano de la residencia familiar para encerrarle allí y evitar que se cruzase con el rey, que había venido a visitar a Lamia el Solh, la madre del príncipe. Sospechaba que si coincidían, habría bronca. En Rincón, que los marroquíes llaman M’Diq, la residencia real es colindante con la de la familia de Moulay Hicham, y Mohamed VI pasa de una a otra para saludar a su tía.

Foto: Mohamed VI. (Getty)

La larga guerra fría entre el monarca y su primo, que se criaron juntos —Moulay Hicham perdió a su padre cuando era adolescente y Hassan II supervisó su educación—, acabó el 23 de noviembre. Ese día, el 'príncipe rojo' redactó un hilo en Twitter en árabe e inglés. En él recordaba que, cuando hace ya casi 20 años decidió autoexiliarse en EEUU, estaba “aterrorizado” de que sus dos hijas, Faizah y Haajar, pudieran perder sus raíces marroquíes.

“Afortunadamente, mis peores temores no se han concretado”, prosiguió Moulay Hicham. El mérito de este “resultado positivo” es achacable a Mohamed VI, asegura. “Como jefe de familia, no ha ahorrado ningún esfuerzo para que mis hijas permanezcan integradas en la casa [real], pese a la difícil relación que él y yo tuvimos”. “Ha sido un tío atento con Faizah y Haajar (…)”. “En ningún momento ha permitido que mis decisiones personales interfieran con la trayectoria” de las hijas, concluyó. Para ilustrar sus palabras, el príncipe colocó en Twitter una foto de Mohamed VI sonriente con su hija Faizah en brazos.

Aunque no lo haya expresado en público, Moulay Hicham ha estado siempre agradecido de que el rey tuviera más atenciones con sus dos hijas que con otras sobrinas, las descendientes de las tres hermanas del monarca. Desde minicruceros por el Mediterráneo hasta Hong Kong, Mohamed VI se las llevó con frecuencia de vacaciones. Envió incluso un avión real a recogerlas a EEUU para que viajaran cómodamente y se incorporaran sin demora al periplo familiar.

Aspecto demacrado

Si el 'príncipe rojo' ha dejado ahora de lado su 'rojez' para manifestar su reconocimiento al rey, no es solo porque le esté agradecido. Lleva más de ocho meses en Rabat, adonde regresó para estar al lado de su anciana madre durante la pandemia, y ha comprobado de cerca el deterioro de la salud de Mohamed VI, con el que, por fin, ha mantenido algún contacto. Basta para constatar que está enfermo con observar en la televisión su aspecto demacrado y sus dificultades respiratorias al pronunciar sus últimos discursos, especialmente el del Trono, en julio.

En estas circunstancias, Moulay Hicham ha querido sellar la reconciliación, quizá por humanidad con el monarca y también para jugar un papel en una sucesión al trono que, si se produce, será problemática a causa de las tensiones en el seno de la familia real alauí, según fuentes conocedoras del palacio real marroquí. Moulay Hicham ha anunciado, sin embargo, su intención de regresar a EEUU, a la Universidad de Harvard, de la que es investigador asociado, cuando Marruecos quede libre de covid-19.

Mohamed VI, durante su último discurso, el 7 de noviembre.
Mohamed VI, durante su último discurso, el 7 de noviembre.

Moulay Hassan, de 17 años, príncipe heredero marroquí, ha decidido, en cambio, volver a Rabat en contra, aparentemente, de la voluntad de su padre. Se matriculó en octubre en la Universidad Mohamed VI Politécnica (UM6P) de Benguerir, una institución creada por la OCP, la principal empresa pública marroquí. La prensa mostró entonces el chalé ecológico en el que se alojaría en esa localidad cercana a Marrakech. Un mes después, se mudó a Rabat y sigue a distancia, desde el Colegio Real, las clases de primero de Derecho de la Universidad Mohamed V de la capital. ¿Ha querido con ese regreso estar más cerca de su padre enfermo?

El palacio real marroquí ha sido solo en apariencia transparente sobre la salud del rey. El 14 de junio, informó en un comunicado que había sido operado en Rabat, por segunda vez en dos años, de una arritmia cardiaca. Poco después, el monarca se marchó tres meses de vacaciones, repartidas entre Rincón y Alhucemas, solo interrumpidas para pronunciar un par de discursos.

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica

Las dificultades respiratorias, la tos y las sibilancias que se observan cuando Mohamed VI toma la palabra en público no guardan relación con las arritmias. Son los síntomas de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que entorpece el flujo de aire en esos órganos, y cuyo desenlace suele ser a la vez un enfisema y una bronquitis crónica. La enfermedad puede ser frenada con un tratamiento adecuado, aunque a la larga el paciente suele empeorar.

En el seno de la familia real, no se ha abierto ningún debate sobre una abdicación del rey enfermo para dejar paso a su hijo Moulay Hassan. Ahora bien, la idea ronda en la cabeza de muchos de los que frecuentan asiduamente la casa real. El problema de una hipotética sucesión en Marruecos no son las ganas de Mohamed VI de vivir sin tener que ocuparse de los asuntos de Estado, ni que el heredero sea menor de edad, porque una ley orgánica prevé la constitución de un Consejo de Regencia que asesore al joven rey.

El obstáculo casi insalvable es el enfrentamiento entre la exesposa del rey, la princesa Lalla Salma, y las tres hermanas del monarca, las princesas Lalla Meryem, Lalla Asma y Lalla Hasna. Este quedó reflejado en algunos artículos publicados a principios de marzo de 2018 por 'Le Crapouillot Marocain', un diario sin director inspirado por los servicios secretos, para ir preparando a las élites del país al anuncio del divorcio entre Mohamed VI y Lalla Salma. El palacio real filtró finalmente la noticia de la desunión a la revista española '¡Hola!', que la publicó el 18 de marzo de ese mismo año.

Lalla Salma, “colérica y agresiva”

'Le Crapouillot Marocain' describió entonces a Lalla Salma como una mujer “desdeñosa y despectiva”, con un carácter “colérico y agresivo”, que persistía además en “enfrentarse a sus cuñadas de la familia real”, pese a los “recurrentes llamamientos al orden” de su esposo el soberano. Nunca hasta entonces un medio marroquí se había expresado en estos términos sobre un miembro de la familia real, y si este digital lo hizo es porque recibió la luz verde del propio monarca.

Moulay Hassan está mucho más apegado a su madre, con la que se ha criado, que a su padre, al que ha visto mucho menos, porque hace muchos años que el matrimonio no vive bajo el mismo techo y, hasta el año pasado, el rey ha pasado largas temporadas en el extranjero, generalmente sin su familia. El príncipe heredero considera además que, desde que se produjo el divorcio, su madre ha sido injustamente atacada y maltratada, al estar sometida a múltiples restricciones, según fuentes conocedores del palacio real. Las tres hermanas temen que si accede al trono, Moulay Hassan esté no solo bajo la tutela de su madre, aunque esta no forme parte del Consejo de Regencia, sino que les sea hostil. Cuanto más aguante Mohamed VI en la jefatura del Estado, mucho mejor.

El príncipe de Marruecos, Moulay Hassan. (Reuters)
El príncipe de Marruecos, Moulay Hassan. (Reuters)

El empeoramiento de la salud de Mohamed VI se produce en el peor de los contextos. Marruecos está siendo asolado por las consecuencias económicas de la sequía y, sobre todo, de la pandemia, como lo son también varios países europeos. Al sur del Estrecho, las ayudas sociales son, sin embargo, casi inexistentes. “La economía de Marruecos experimentará una fuerte recesión, una pérdida sensible de empleos e inestabilidad en los equilibrios macroeconómicos”, reconoció, el martes pasado en el Parlamento, Abdellatif Jouahri, gobernador del banco central.

Se han destruido ya 581.000 puestos de trabajo, según Jouahri, sin contar los empleos informales que no figuran en las estadísticas oficiales y que en Marruecos dan de vivir a millones de personas. El FMI prevé una recesión del 7% este año y una recuperación del 4,5% el siguiente. Jouahri calcula que el país no volverá de verdad a crecer hasta 2023.

Canarias, válvula de escape

España, y sobre todo Canarias, es la válvula de escape de la crisis marroquí. Los más de 8.000 marroquíes que desde principios de año, sobre todo desde finales de septiembre, han llegado a Canarias son muchos de ellos trabajadores del sector turístico, de la hostelería, que llevan meses en paro, o vendedores ambulantes que ofrecían 'souvenirs' a los turistas, según ha constatado el Comité Español de Ayuda al Refugiado.

Al hacer la vista gorda cuando zarpan de las costas del Sáhara Occidental —más de 2.000 han llegado también a través del Estrecho—, las autoridades marroquíes tratan de aflojar la presión del descontento social. Rabat no admite además repatriaciones de inmigrantes irregulares desde el inicio de la pandemia —solo ocho pudieron ser devueltos este mes—, pese a los ingentes esfuerzos del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Su viaje de la semana pasada a la capital marroquí no surtió efecto.

En este contexto de malestar social, la reactivación, a pequeña escala, de la guerra en el Sáhara Occidental, desde el 6 de noviembre, ha sido una bendición para las autoridades de Marruecos. De pronto, una ola de patriotismo enardecido recorre el país y hace olvidar unos días los apuros que padece gran parte de la población. Cuando las escaramuzas militares concluyan, cuando la parálisis que conllevan las restricciones sanitarias se levanten, entonces la crisis social marroquí aflorará de verdad.

A Moulay Hicham, de 56 años, primo hermano de Mohamed VI de Marruecos, de 57 años, la prensa marroquí le puso el apodo de 'príncipe rojo' por sus críticas a la manera de gobernar de la monarquía. Él y el soberano llevaban hasta ahora dos décadas sin hablarse, aunque mantenían contactos indirectos a través de sus familiares.

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