El covid dispara las donaciones de semen en el país donde la natalidad es cuestión de Estado
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Han aumentado hasta un 300%

El covid dispara las donaciones de semen en el país donde la natalidad es cuestión de Estado

En el contexto de la fuerte cultura pronatalista israelí, la invitación a ser padres (que algunos viven como presión) es extensiva a todo el mundo. Israel tiene la tasa de natalidad más alta de la OCDE

Foto: El covid dispara las donaciones de semen en el país donde la natalidad es cuestión de Estado
El covid dispara las donaciones de semen en el país donde la natalidad es cuestión de Estado

En medio de la pandemia de coronavirus y el preocupante aumento del desempleo en Israel, las donaciones de esperma han aumentado hasta un 300%. El hecho de que un donante pueda ganar hasta 1.000 euros al mes ayuda: tal vez haya logrado convertir la masturbación en algo rentable en el país donde la natalidad es una cuestión de Estado.

El índice de natalidad de Israel es, de lejos, el más alto de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), con 3,1 hijos por mujer (en España es de 1,3). La familia convencionalmente entendida con padre, madre e hijos sigue siendo la norma israelí, pero, como en otros lugares del mundo, padres y madres homosexuales y mujeres solas forman parte importante de las estadísticas de natalidad. Y en el contexto de la fuerte cultura pronatalista israelí, la invitación a ser padres (que algunos viven como presión) es extensiva a todo el mundo. Pero como no todo el mundo puede tener hijos en la privacidad de su hogar, algunos han de recurrir a la ciencia, y los bancos de semen, privados y públicos, ofrecen un servicio popular.

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A precios no populares

"Doné semen este año por primera vez, empecé en mayo, y lo hice por el dinero exclusivamente", explica A., un estudiante de 27 años, quien prefiere permanecer en el anonimato. “Fui a un banco de esperma privado que me recomendó un amigo, me pagaron 1.500 shékels [377 euros aproximadamente] por donación y he donado ya unas 27 muestras”.

Lo que es menos rentable es estar en el otro lado de la necesidad: “Yo tuve que vender mi apartamento para poder financiar los tratamientos de fertilidad para que Carmit y yo pudiéramos ser madres”, cuenta Elia, una profesora de educación física lesbiana de Tel Aviv, a El Confidencial.

Una familia judía ultraortodoxa en Bnei Brak, una ciudad cerca de Tel Aviv. (Reuters)
Una familia judía ultraortodoxa en Bnei Brak, una ciudad cerca de Tel Aviv. (Reuters)

¿Derramar la semilla?

“Nosotros pagamos por muestra al donante 600 shékels [150 euros]”, detalla Shimi Barda, director del mayor banco de semen público en Israel, que pertenece al Hospital Ichilov, en Tel Aviv. “Y necesito de cada donante unas 40 o 50 muestras, porque cada uno de ellos proveerá a nueve o 10 familias, así que en realidad es un proceso que dura un año, aproximadamente”.

¿Por qué esos precios tan altos? Mientras que en Argentina cada donante recibe unos 300 pesos (3,3 euros) por muestra y en España rondan los 50 euros, la respuesta de por qué en Israel se compensa de modo tan desproporcionado el 'derramar la semilla en la probeta' esté tal vez precisamente en el bíblico término 'derramar'.

Porque al no hacerlo sobre la tierra, como Onán (para evitar embarazar a Tamar, viuda de su hermano y con quien Onán se casó obligado por la ley judía, de cuyo nombre viene el término 'onanismo'), sino con el objetivo de colaborar grandemente en la empresa de traer más hijos al mundo, el Estado provee los recursos necesarios.

En la cultura judía, hay una glorificación de la natalidad y un mandato divino de procrear

“En la cultura judía, hay una glorificación de la natalidad y un mandato divino de procrear”, explica la abogada Irit Rosenblum, fundadora de la organización Mishpajá Jadashá (Nueva Familia, en hebreo), a El Confidencial. “Y la mayoría de los israelíes, religiosos y laicos, ricos y menos ricos, lo creen y lo hacen, es un mandato”, agrega.

Desde que las autoridades sanitarias anunciaron que el covid-19 no se contagia vía semen, con el fin del primer confinamiento en el mes de mayo, el laboratorio del doctor Barda ya no tuvo que recurrir a poner anuncios para reclutar donantes: "Solíamos solicitar donantes en Facebook, Instagram, pero desde hace meses recibimos más de lo que necesitamos", cuenta.

Desde junio, tras el levantamiento de restricciones, los bancos de semen privados vieron aumentar sus donaciones entre un 15 y un 30%, y los bancos públicos, entre un 100 y un 300%, según un informe del Canal 12 de noticias israelí.

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La población masculina que más recurre a la donación de esperma en estos meses son los estudiantes, los soldados, los soldados recién licenciados y hombres del sector de 'high-tech' que se han quedado sin empleo.

Masificación de donaciones

Sin embargo, no se escapa a donantes y receptores que con tanto movimiento de gametos de un mismo donante pueden provocarse situaciones de riesgo genético en el futuro. “Sí, es un problema potencial”, concede Barda. “Porque las donaciones son anónimas, y ni el donante sabe a qué familias dona ni los receptores saben de él más que datos físicos y de educación. Pero hay ahora páginas en Facebook que se dedican a encontrar a los donantes y a qué familias han donado para no incurrir en problemas”.

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“Yo doné por última vez hace 20 años”, cuenta Avijai S., de 49 años. "Era un joven soldado entonces. Lo hice por dinero, en un hospital público, y también porque me parecía simpático tener algún hijo por el mundo. En aquella época, el anonimato era completo, no como ahora con estas páginas web que buscan y encuentran a los donantes. De modo que ahora, de manera perfectamente legal, podría incluso estar acostándome con alguno de mis hijos sin saberlo…".

Ese es uno de los problemas de la masificación de las donaciones en Israel, según indica Rosenblum, cuya organización promueve la aceptación de otros tipos de familia más allá de la convencional, porque “este país es un charquito muy pequeño y, lógicamente, las personas no quieren descubrir después que son familia”, señaló.

Niños de preescolar, en un colegio de Tel Aviv antes de regresar al confinamiento. (Reuters)
Niños de preescolar, en un colegio de Tel Aviv antes de regresar al confinamiento. (Reuters)

Según la abogada, hay tres categorías de usuarias de esperma donado en Israel: mujeres religiosas, que importan el semen de bancos del extranjero "para evitar la consanguineidad; además, según la ley judía, da igual que el padre no sea judío, mientras la madre lo sea, así que puede ser cualquiera"; mujeres laicas, “algunas casadas, otras solteras, que se aguantan con lo que hay en el país y recurren a bancos de aquí”, y la tercera categoría es el grupo de mujeres que, sin ser religiosas, también optan por semen del extranjero porque tienen los medios, principalmente lesbianas.

De nuevo, semen y Biblia

Roseblum, quien lidera una organización laica y progresista que reta las definiciones convencionales y nacionalistas de familia, también es de la opinión de que cuantos más niños, mejor: “Debemos tener hijos, es natural y tiene que haber continuidad de la humanidad. El no tener hijos es como privarse de algo por decisión propia, como ser vegetariano o vegano”.

Tanto es así, que la abogada (incidentalmente, vegetariana) es también una voz importante en el intermitente debate nacional que gira en torno a la congelación del esperma de fallecidos. La inseminación 'postmortem' entraña diferentes dilemas, la voluntad del fallecido, si es que se pronunció, la de su pareja, si la hay, y la voluntad de sus padres, que suelen ser en Israel los que las más de las veces la solicitan.

“Seguir viviendo cuando muerto, o accidentado, es un auténtico seguro de vida”, dice Rosenblum. “No como los seguros de vida de las aseguradoras, que son seguros de muerte. El poder congelar tu material genético y asegurar tu pervivencia es algo muy relevante”.

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En Israel, algunos casos recientes de soldados muertos han suscitado el debate, y la legislación se va gestando a medida que ha tenido que acceder o denegar la continuidad genética del fallecido. En general, los tribunales fallaron a favor de la reproducción 'postmortem' tanto cuando era solicitada por la viuda como por los padres del difunto (no así en casos similares en España o Reino Unido).

Esto nos remite a la lógica bíblica nuevamente: así como Onán fue obligado a casarse con la viuda de su hermano, otros muchos en el texto bíblico y en la historia judía también lo fueron. La ley judía obliga hasta hoy a que, si un hombre casado muere sin descendencia, su mujer debe casarse con su hermano en un matrimonio de levirato y dar continuidad a la fertilización (de modo póstumo), como señala Avishalom Westreich en su libro 'Reproducción asistida en Israel: ley, religión y cultura' (2018).

Sin embargo, Israel, además del país del Libro, es también el país de la inseminación 'in vitro' (cuenta con el mayor número de inseminaciones 'in vitro' per cápita) y ahora el país de los donantes de semen, “y lo que sucede en realidad es que las personas quieren tener hijos más que comer carne, por eso la ciencia avanza tanto en este sentido, y, en estos momentos la ciencia puede hacer cosas como congelar embriones, que suscitan preguntas que no estamos preparados para responder aún”.

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