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¿Obamagate? Trump revive la conjura del 'Estado profundo' para relanzar su campaña

Trump acusa a Obama de haberle saboteado para subvertir su presidencia y apuesta por una estrategia de desinformación para lograr relanzar su carrera por la reelección

Foto: Barack Obama. (Reuters)
Barack Obama. (Reuters)

Más que un ejercicio racional, es una táctica chamánica, una especie de hechizo. Una asociación de conceptos que hace clic en la mente de la audiencia y acaba absorbiendo toda su atención. Los escándalos y su versión falsa, los bulos, tienen ese poder: la capacidad de expandirse, como el verdín, hasta dominar la agenda política nacional. En este caso, los conceptos que se han asociado son el de 'Obama' y el de '-gate', que desde el Watergate sirve para evocar conjuras profundas y malvadas.

Al principio solo estaba eso: el nombre. 'Obamagate'. Una conspiración según la cual el anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, habría espiado o saboteado a su sucesor, Donald Trump, para subvertir su presidencia. El republicano lanzó la acusación en Twitter y dijo que se trataba del “mayor crimen político de la historia”, pero no especificó en qué consistía. No importa. Bastó para despertar la curiosidad de la audiencia y de los periodistas, que no pueden dejar escapar un “-gate”, aunque solo conste de unos cuantos caracteres en Twitter. Un reportero le preguntó a Trump de qué iba el complot. “Usted sabe cuál es el crimen”, respondió Trump. Luego añadió: “Ya verá lo que está pasando en las próximas semanas”.

Y tenía razón. Su señal fue escuchada por varias voces de la derecha conspirativa, como la de Michael William Lebron, autoproclamado “guerrero de la verdad”, conocido militante antivacunas y promotor de diferentes hipótesis rocambolescas. Lebron acusa a Bill Gates de usar el covid-19 para modificar la composición genética del ser humano y, como Trump, ha propagado el bulo de que Obama no nació en EEUU. Ahora ha puesto su imaginación al servicio del Obamagate.

De vueltas con la conspiración QAnon

Algunos conspirativos incluso han ido por delante del presidente. David J. Harris Jr acusó a Obama, el 3 de mayo, de liderar en secreto la investigación sobre los presuntos vínculos entre Rusia y la campaña de Donald Trump. El republicano lo retuiteó y esta fue la primera indicación de lo que se avecinaba. Harris añadió a su biografía: “Orgulloso de haber sido retuiteado por Donald Trump”.

Hubo otros retuits presidenciales, de cuentas como la de Michael Nöthem, promotor de bulos sobre Bill Gates y el Dr. Anthony Fauci, y de otras cuentas de personas anónimas, como JoAnn o Sandpaper, o con apenas 635 seguidores. Todas ellas promotoras de la conspiración de QAnon: la idea de que el “estado profundo” y la élite global conspiran desde 2016 para derrocar al actual presidente.

Richard Grenell. (Reuters)
Richard Grenell. (Reuters)

La bola de nieve creció en internet con apoyo de Trump y sus casi 80 millones de seguidores en Twitter, y cogió forma. El Gobierno de Estados Unidos encontró un gancho preciso con el que acusar al gobierno de Obama: según Richard Grenell, director en funciones de inteligencia nacional, varios altos cargos de la anterior administración, incluidos el propio Obama y su entonces vicepresidente, Joe Biden, pidieron que se “desenmascarara” el nombre de Mike Flynn, primer consejero de seguridad nacional del Gobierno de Trump, en el informe del FBI sobre la presunta connivencia entre la campaña de Trump y Rusia para ganar las elecciones.

En otras palabras, la gente de Obama le habría tendido una trampa a Flynn: le habrían espiado y lo habrían arrojado al FBI y a la opinión pública para hacer daño a la campaña de Trump, de la que Flynn era parte. El exmilitar fue procesado por mentir al FBI sobre la conversación que tuvo con el embajador de Rusia en Washington, Sergei Kislyak, durante el periodo de transición entre las presidencias.

'The Washington Post' publicó que las acusaciones de Grenell, sin embargo, eran espúreas. El informe del FBI habría incluido el nombre de Flynn desde el principio, con lo cual no habría habido ninguna necesidad de “desenmascararlo”. Flynn era una parte esencial en la investigación. “Por tanto”, dijo un exalto cargo del Gobierno al diario, “no hubo peticiones para desenmascarar tal información”.

"Quiero hacerlo antes de las elecciones"

Pero la bola de nieve ya era imparable. Donald Trump exigió por Twitter la comparecencia de Obama ante el Congreso, pese a que los expresidentes están exentos de esta obligación, y varios líderes republicanos empezaron a mover sus piezas. El senador de Carolina del Sur, el republicano Lindsey Graham, ha declarado que el Senado investigará los orígenes de la pequisa sobre Rusia y la campaña de Trump y que publicará las conclusiones en octubre. “Quiero hacerlo antes de las elecciones. Quiero que salga toda la información”. Está previsto que las llamadas a comparecer, a miembros de la antigua administración, empiecen en junio.

Los demócratas acusan a Trump de haber tendido así una cortina de humo sobre los errores de su gestión de la pandemia y de diseminar bulos con fines electoralistas: los comicios son el 3 de noviembre y la gran mayoría de las encuestas dan ventaja a su rival, Joe Biden, a nivel nacional y en los 11 estados más importantes.

Varios periodistas encuentran similitudes entre el 'Obamagate' y el caso de los emails de la excandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, en la campaña anterior. “Está siendo claro que los periodistas nunca aprendieron totalmente de los errores cometidos en 2016”, escribe Margaret Sullivan en el Post. Hace cuatro años, “Los medios de comunicación lograron transformar la relativa nimiedad de la cuestionable manera en que Clinton manejaba su email en una obsesión diaria”.

Los columnistas conservadores, como Tim Graham en Fox News, argumentan que los medios progresistas, después de inventarse la presunta connivencia de Trump con Rusia, ignoran a propósito un escándalo real. “Los autonombrados guardianes de la democracia”, escribe Graham, “se están haciendo los locos”.

Conspiración o no, el 'Obamagate' ha sido inoculado en el riego sanguíneo de Estados Unidos. Los medios le dedicarán espacio y recursos. De los testimonios surgirán declaraciones a examinar, cuestionar y ligar con otras declaraciones y otros hechos con o sin corroborar. El apetito de Trump es grande. El presidente y su base electoral no olvidan la cadena de investigaciones, procesos, exclusivas y humillaciones, justificadas o no, que culminaron en el tercer 'impeachment' de la historia de EEUU. Una mancha política indeleble, marcada al rojo vivo en el legado de Trump.

Hace tiempo que las líneas rojas de la política, del decoro, saltaron por los aires. La semana pasada Trump se negó a desvelar el retrato presidencial de Barack Obama en la Casa Blanca. Desde hace 40 años, cualquier presidente, en su primer mandato, presenta en público el retrato de su antecesor. Una manera de indicar continuidad y sentido de estado más allá de las divisiones partidistas. No en 2020.

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