muchos optan por abandonar LA CIUDAD

El futuro que nos espera: los micropisos de 10 m2 por 700 euros de París

Las antiguas habitaciones de servicio se alquilan o venden hoy a precios astronómicos, pero es la única opción para muchos estudiantes o familias que necesitan residir en la capital gala

Foto: Espacios colectivos de las antiguas habitaciones del servicio de un edificio parisino, hoy dedicadas al alquiler. (P. Rosas)
Espacios colectivos de las antiguas habitaciones del servicio de un edificio parisino, hoy dedicadas al alquiler. (P. Rosas)

La vista se describe como "magnífica" y, efectivamente, es despejada y a lo lejos —muy a lo lejos— se puede ver incluso la Torre Eiffel. El apartamento tiene ducha, placas para cocinar y frigorífico y ha sido renovado. El aseo, sin embargo, es compartido y se encuentra en el pasillo. Se espera que el inquilino esté en buena forma, porque se trata de un séptimo sin ascensor. El barrio, fantástico, cercano al parque Monceau, en el distrito 17 de París. La superficie, eso sí, algo justa: 9 m2. El precio: 575 euros. Por 700 euros se puede conseguir un metro cuadrado más cerca de la Gare de Lyon, y subir menos escaleras: es un cuarto. Tampoco hay que salir al pasillo en mitad de la noche para evacuar, está equipado con inodoro. Eso sí, los dientes hay que lavárselos en el minúsculo fregadero.

Si nuestra opción es la compra, en el Boulevard de Strasbourg, muy céntrico, podemos optar por un estudio de 11,75 m2, quinto sin ascensor, por 144.900 euros. En el elegante distrito 16, por 80.000 euros tenemos un microestudio de 7 m2. Es un séptimo, tampoco hay ascensor pero, desafiando la lógica, cabe una ducha. Ideal para estudiantes, asegura el propietario. Son los "microalojamientos" de París, auténticos zulos vendidos y alquilados a precio de oro gracias a la pujanza inmobiliaria de la capital francesa, y que hacen parecer al apartamento de 'Los cuatrocientos golpes' de Truffaut, donde su joven protagonista dormía en la entrada bajo el perchero de los abrigos, un auténtico palacio. Miles de parisinos, en su gran mayoría jóvenes pero también familias con muy pocos recursos, pagan pequeñas fortunas por vivir donde todo es plegable y mínimo excepto el precio.

Una situación que ya ha aparecido en el horizonte de nuestro país. La semana pasada, el Ayuntamiento de Barcelona rechazó conceder la licencia a un proyecto de 'pisos colmena' de menos de 2 metros cuadrados a 200 euros por no cumplir con la legislación vigente en la ciudad, que estipula que la superficie mínima a alquilar debe ser de 40 m2. En Francia, en cambio, es de 9 m2. En España, la regulación varía de comunidad a comunidad (es de un mínimo de 20 m2 en el resto de Cataluña, o de 36 m2 en el País Vasco, y en algunos casos no existe un límite mínimo, como en la Comunidad de Madrid). No obstante, vista la demanda existente —la empresa de los 'pisos colmena' recibió más de doscientas solicitudes para 38 plazas— y la espectacular subida de los precios de alquiler y compra de viviendas, la opción de los micropisos gana contundencia.

En París existen 114.000 alojamientos de este tipo, las antiguas "chambre de bonne", las habitaciones para el servicio con las que contaban los edificios burgueses en la última planta, y a los que se accede generalmente por la escalera de servicio, que casi nunca tiene ascensor. Escenario recurrente en las novelas del siglo XIX, especialmente en las de Balzac, permitió a estudiantes, escritores y artistas pobres instalarse en la Ciudad de la Luz y crear el caldo de cultivo que dio origen a algunas de las corrientes más importantes de la Historia del Arte. A ellas se debe la estampa típica de los tejados de París y sus románticas buhardillas. Románticas desde fuera, ya que la vida en su interior, tanto entonces como ahora, es bastante más prosaica.

Dos ejemplos de micropisos, sacados de anuncios reales de portales inmobiliarios
Dos ejemplos de micropisos, sacados de anuncios reales de portales inmobiliarios

"Si me sobra arroz, ¿dónde lo guardo?"

"Cuando una estaba cocinando, las otras dos teníamos que estar sentadas en la cama, porque no había espacio para que nos moviéramos las tres". Por ese estudio de 6 m2, Karina Quispe y sus dos compañeras de piso pagaban 300 euros al mes. El propietario lo alquilaba de forma irregular, porque la superficie era inferior a la permitida legalmente en contratos de arrendamiento. Karina acababa de llegar a Francia desde Perú y compartir esa caja de zapatos durante unos meses le permitió sobrevivir hasta que pudo regularizar su visado y conseguir un contrato de trabajo.

"La comida hay que comprarla día a día porque si haces arroz y te sobra medio paquete, ¿dónde lo guardas? No hay espacio para nada", señala Quispe. Tampoco para la ropa, libros o utensilios de cocina. La escasez de metros cuadrados obliga a la austeridad. Unida, además, a los altos precios, empuja a muchos a abandonar París.

"No podía más. Trabajo desde casa y pasar todo el día encerrada en ese espacio tan pequeño me iba a volver loca", lamenta la escritora y actriz Nathalie Touati, que pagaba hasta hace pocos meses 650 euros por un apartamento de 14 m2 en el distrito 15. Por el mismo precio ahora vive en un piso de dos dormitorios en Nantes, donde acaba de mudarse. Touati echa de menos París, pero reconoce que la capital se ha vuelto imposible para las personas que viven solas y, por lo tanto, solo cuentan con un ingreso.

En un edificio burgués del distrito 10 de París, uno de los muchos que han reconvertido la mayor parte de sus habitaciones de servicio en microalojamientos de alquiler, detrás de la majestuosa escalera en su portal bien mantenido y recién pintado, se encuentra la puerta que lleva a la escalera de servicio. El edificio data de 1911 y esa escalera solo olió a pintura nueva el día de su inauguración. Siete pisos llevan hasta las buhardillas. La última planta es un laberinto de pasillos y puertas. La intimidad no existe. Se oye toser tras una de ellas, en otra su inquilino está preparando algo de comer. El espacio es tan reducido que varios vecinos han sacado tendederos plegables al pasillo, donde se secan ropa interior y camisetas. El retrete se encuentra en una esquina. El habitáculo parece el de la gasolinera de una carretera comarcal, aunque el inodoro es nuevo. Por esos estudios se paga una media de 450 euros.

Los profesionales del sector inmobiliario reconocen lo disparatado de los precios. "Para la venta, el metro cuadrado de estos minipisos está por encima de los 10.000 metros en París, y es difícil encontrar ofertas de alquiler por menos de 500 euros", señala Patrick Nicaud, responsable de una sucursal de la inmobiliaria Century 21 cerca de la Gare du Nord. Los compradores son, en su mayoría, inversores. "Hay también jóvenes que compran su primera vivienda, pero en general son personas o sociedades de inversión que quieren ponerlo en alquiler, tanto el convencional como el turístico de corta estancia", reconoce. Y los inquilinos "de todo, jóvenes profesionales, estudiantes, parados, jubilados, incluso familias con niños. Hemos llegado a ver a familias enteras que viven en una sola habitación, donde los niños hacen la tarea encima de la cama", relata Nicaud.

Anuncio de un micropiso en venta en el escaparate de una inmobiliaria. (P. Rosas)
Anuncio de un micropiso en venta en el escaparate de una inmobiliaria. (P. Rosas)

5 personas en diez m2

Durante casi dos años, Melissa (nombre ficticio) vivió en 10 m2 con su pareja y sus tres hijos de 15, 13 y 8 años. "Teníamos una cama en alto donde dormían dos niños y los demás lo hacíamos en un sofá, atravesados y con los pies colgando, porque si no, no cabíamos. La ropa la teníamos en bolsas. La ducha y el retrete eran compartidos y estaban en el pasillo. Yo iba primero a limpiarlos antes de meter allí a los niños, porque nadie se hacía cargo", cuenta con vergüenza. Después de solicitar, sin éxito, un alquiler social que pudiera ayudarles a salir adelante, Melissa y su familia tuvieron que abandonar París.

"El problema de París es que prácticamente no hay vivienda nueva", señala Augustin Faucher, vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Île de France, la región en la que se encuentra la capital francesa. Gran parte de los edificios de París están protegidos por su valor histórico y, a diferencia de otras capitales europeas, apenas resultó afectada por los bombardeos de la Primera o Segunda Guerra Mundial que, en ciudades como Londres, dejó "huecos" donde luego se levantaron nuevos edificios. "En París no hay solares donde construir, y en los pocos espacios que quedan, que generalmente pertenecen al ayuntamiento, las restricciones son máximas y no merece la pena hacer apartamentos de menos de 30 m2", explica el arquitecto. Si la superficie mínima que se exige para el alquiler son 9 m2 siempre y cuando la altura del techo sea superior a 2,20 metros, para la nueva construcción es de 14 m2.

Una nueva ley sobre la Evolución de la Vivienda, el Ordenamiento y lo Digital (ELAN, por sus siglas en francés), que se espera que sea aprobada en las próximas semanas, podría acabar con la carrera sin control de los alquileres. La nueva normativa regulará el precio de los alquileres, determinando máximos y mínimos según el barrio y el tamaño de los alojamientos. En 2015 un decreto regional ya instauró este sistema de regulación de precios en París, por el que el metro cuadrado de un estudio en un barrio céntrico de la capital no podía superar los 34 euros. Un tribunal administrativo lo anuló, sin embargo, en 2017. El efecto, de todas formas, fue limitado y cualquier búsqueda rápida en los portales de anuncios en internet mostraba "studettes", como coquetamente los propietarios llaman a esos minipisos, un 50 o incluso un 100% más caros. El concejal de urbanismo del ayuntamiento de París, Ian Brossat, ha prometido que este otoño los precios volverán a estar regulados.

El ayuntamiento también ha puesto en marcha un proyecto con la intención de animar a los propietarios que tengan varias de estas "chambres del bonne" adyacentes para que las conviertan en una sola vivienda decente. El consistorio paga las obras de reforma hasta 21.000 euros a cambio de que el alquiler resultante esté un 20% por debajo del precio de mercado. El dispositivo, por el momento, no está dando los resultados esperados y los propietarios siguen considerando más rentable alquilar superficies más pequeñas al precio máximo que dicta el mercado. Y, en París, siempre hay mercado.

"París se nos ha quedado pequeño", lamenta Patrick Nicaud, "y no hay varita mágica que lo solucione".

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios