Primera mujer detenida en Europa por espiar para Marruecos

Joven, "empresaria" y espía: Kaoutar Fal, una Mata Hari marroquí en el corazón de Europa

Los servicios de seguridad de Bélgica han detenido a este relevante personaje de la comunidad marroquí en el país y trabajan para expulsarla, algo que no les está resultando sencillo

Foto: Kaoutar Fal, durante su comparecencia en el Parlamento Europeo.
Kaoutar Fal, durante su comparecencia en el Parlamento Europeo.

"La interesada es conocida por la Seguridad del Estado (…) por sus actividades de injerencia y de espionaje por cuenta de servicios de inteligencia extranjeros. Kaoutar Fal y sus organizaciones están enérgicamente implicadas en actividades de injerencia por cuenta de Marruecos. Fal está además en contacto con personas conocidas por nuestro servicio a causa de sus actividades o de sus vínculos con servicios de inteligencia extranjeros agresivos. Kaoutar Fal representa una amenaza para la seguridad nacional”.

La nota de la Seguridad del Estado belga sobre Fal, nacida en Casablanca en 1986, no deja aparentemente lugar a dudas sobre su peligrosidad. Es la que la policía invocó para, cuando aterrizó el 29 de mayo pasado en el aeropuerto de Charleroi procedente de Rabat, comunicarle que su visado Schengen había sido anulado, estaba detenida y sería expulsada del país. Hasta que se acabe de tramitar su expulsión, le dijeron, será encerrada en el centro Caricole de Steenokkerzeel, cerca del aeropuerto de Bruselas.

La historia del Benelux está salpicada de detenciones, juicios o expulsiones de presuntos colaboradores del espionaje de Marruecos, pero hasta ahora todos ellos eran varones. Kaoutar Fal es la primera mujer. En España y Francia también hay agentes marroquíes que han sido cazados, pero para no herir la susceptibilidad de Rabat todo se ha llevado con suma discreción. La expulsión, en mayo de 2013, del agente marroquí Nouredin Ziani, a petición del general Félix Sanz Roldán, director del Centro Nacional de Inteligencia, es la única excepción. Aun así en el escrito de Sanz Roldán no se mencionaba a Marruecos.

Kaoutar Fal, en una imagen personal
Kaoutar Fal, en una imagen personal

Mes y medio después de su desembarco en Charleroi Kaoutar Fal, de 32 años, no ha podido aún ser devuelta a Marruecos. Bélgica es un Estado muy garantista como bien saben los nacionalistas catalanes que huyeron hasta allí encabezados por Carles Puigdemont. La mujer marroquí ha presentado recursos administrativos, primero ante el Consejo del Contencioso de los Extranjeros, y después judiciales ante los tribunales. Lucha a brazo partido por impedir su expulsión.

Cuenta para ello con un célebre abogado especializado en extranjería, Julien Hardy, con el que Moshe Friedman, un conocido rabino de Amberes, contactó para pedirle que asumiera su defensa. Le entregó incluso un anticipo de 6.000 euros, según la publicación flamenca 'Medium'. En la página del clérigo judío en Facebook abundan las fotos con la supuesta espía que ilustran su reciente amistad.

"Medidas desorbitadas"

El mes y medio transcurrido desde que Kaoutar Fal puso pie en Charleroi es una sucesión de ingresos y salidas de Caricole en función de las decisiones de diversos órganos administrativos y judiciales. Su última puesta en libertad se produjo el lunes 9 de julio, pero el miércoles 11 era de nuevo detenida por tres policías, que la esperaban ante la sede del Parlamento Europeo, y conducida al centro de internamiento. "Son medidas desorbitadas contra mi clienta con las que se intenta sortear los pronunciamientos judiciales", explica disgustado el letrado belga al teléfono. "Me sorprende que le acusen de infracciones penales, pero que no actúen en consecuencia ante la Justicia, lo que nos daría la oportunidad de defendernos", añade.

Resolución de la Oficina de Extranjería belga que recoge la nota de la Seguridad del Estado sobre Kaoutar Fal.
Resolución de la Oficina de Extranjería belga que recoge la nota de la Seguridad del Estado sobre Kaoutar Fal.

Kaoutar Fal era hasta 2016 una desconocida incluso en su propio país. Ese año empezó a despuntar con alguna modesta actividad en el ámbito empresarial y también en el de la mujer y los medios de comunicación. Se fabricó una magnífica biografía que colocó en una web en Internet que lleva su nombre. Allí se presenta como la fundadora de una consultora a la que puso su apellido (FAL’s Consulting) y como una periodista que ha entrevistado a jefes de Estado y de Gobierno, pero no da sus nombres ni muestra ninguna publicación.

A principios de 2017 dio el salto a Bruselas donde fundó, en febrero de ese año, la Organización Internacional de Medios de Comunicación Africanos que dispone de una web, de dos empleados, pero que no llegó a inscribirse como asociación belga. Carece de cuenta corriente bancaria, un requisito indispensable en Bélgica para ser apuntada en el registro. Aun así, tan solo un mes después de su creación organizó una conferencia en la sede del Parlamento Europeo, para lo que tuvo que contar con el patrocinio de algunos eurodiputados.

Los debates, que ella inauguró, versaron sobre "El porvenir de los musulmanes en Europa, entre el diálogo de las religiones y la islamofobia". Entre los oradores figuraba Jamel Salek Momenah, imán de la Gran Mezquita de Bruselas, que ese mismo mes de marzo fue destituido de su cargo por Arabia Saudí. Acató así una discreta petición de las autoridades belgas descontentas con el clérigo. A finales de noviembre la organización de Kaoutar Fal regresó de nuevo a la Eurocámara, pero para celebrar esta vez una sesión dedicada a ensalzar el desarrollo del Sáhara marroquí, es decir, de la antigua colonia española. "Fal hizo todos los pagos [a los invitados] en efectivo", asegura 'Medium' abonándoles sus gastos de viaje, alojamiento, comidas etcétera.

Poderosos valedores

Si no hubiese sido marroquí, Kaoutar Fal habría sido quizás considerada como una mera "agente de influencia" o "lobista" de una potencia extranjera. El problema es que Marruecos ejerce en buena medida su labor de 'lobby' a través de sus servicios secretos, fundamentalmente la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) que dirige Yassin Mansouri, compañero de colegio del rey Mohamed VI.

Yassine Mansouri, jefe del servicio secreto marroquí, hace diez años en una mezquita de Rabat
Yassine Mansouri, jefe del servicio secreto marroquí, hace diez años en una mezquita de Rabat

Así quedó reflejado, por ejemplo, en el llamado 'Wikileaks' marroquí de finales de 2014. En los cables y correos entonces desvelados aparecen empresarios vinculados a la DGED —intercambian correos con el jefe de gabinete de Mansouri— que efectúan pagos a periodistas franceses. El empeño por poner en manos de los servicios de inteligencia esos intentos de penetración político-religiosa acaba, a veces, volviéndose contra los intereses de Marruecos.

Kaoutar Fal tiene un valedor en Bélgica, la dirección del periódico marroquí 'Akhbarona Aljalia' que se publica en Bruselas. La describe como una víctima de un auténtico espía marroquí despechado que, para vengarse, la denunció a la Seguridad del Estado, que ya se había fijado en Fal cuando invitó a su evento al polémico imán de la Gran Mezquita de Bruselas.

La presunta espía aparece también en el juicio más mediático que se está celebrando en Marruecos, el del periodista Toufic Bouachrine, director del diario de Casablanca 'Akhbar al Youm', uno de los pocos medios de oposición moderada que aún subsisten. Detenido en febrero pasado, Bouachrine ha sido acusado de acosar, agredir y violar a nada menos que 14 mujeres, algunas de ellas periodistas y subordinadas suyas. En la lista de presuntas víctimas dada a conocer por la prensa figura Kaoutar Fal, pero fuentes de su entorno niegan que haya sido agredida por el director encarcelado. Por eso rehusó declarar en el juicio.

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