"esta formación es la punta del iceberg"

¿Un Estado islámico en el corazón de la UE? El partido pro-sharía que alarma a Bélgica

Redouane Ahrouch es conductor de autobús, chií y concejal por un barrio de Bruselas. También alguien que fue condenado por golpear a su esposa y fundador del partido Islam

Foto: Una mujer belga camina por el barrio de Molenbeek, en Bruselas. (Reuters)
Una mujer belga camina por el barrio de Molenbeek, en Bruselas. (Reuters)

“Que Dios proteja al pueblo belga y a Bélgica”. La popular Reina Fabiola podría haber asentido, mientras se santiguaba con fervor, ante esta afirmación. Aunque, de haber sabido que las palabras provienen de un político que pretende implantar la Sharia en el país, es posible que la monarca hubiera reaccionado con espanto. El mismo que han provocado las recientes declaraciones del fundador del partido Islam en Bélgica.

Redouane Ahrouch es conductor de autobús, chiíta y concejal por un barrio de Bruselas. También alguien que fue condenado en 2003 a seis meses de prisión por golpear a su esposa según el diario 'La Dernière Heure'. Y un político que hoy cree que esta segregación por sexos en el transporte público es una buena medida. Ahrouch lleva años aspirando a llevar su fe a la primera línea de la política del país centroeuropeo. Ahora muestra un tono más matizado, pero en el pasado abogó por la introducción de la pena de muerte, señala la cadena RTBF.

Sus planteamientos no solo recuerdan al carismático Mohammed Ben Abbes, que Michel Houellebecq imaginó en “Sumisión” como victorioso presidente francés en 2022, sino que tienen precedentes reales. En Bélgica, el partido Sharia4Belgium también defendía hace un lustro la instauración de la ley islámica con un califa en lugar de un primer ministro, la lapidación de adúlteros y la ejecución de homosexuales.

Su idea de que “es inconcebible que una mujer sea cabeza de lista” electoral y su convicción de que en 2030 Bruselas será musulmana han incendiado los ánimos

El grupo, que jugó un rol central en la captación y radicalización de jóvenes, acabó disuelto en 2012, tras la condena a uno de sus miembros por incitar al odio contra los no-musulmanes. En 2015, su líder, Fouad Belkacem, y 45 miembros fueron condenados por terrorismo.

Ahora, Ahrouch dice apostar por un enfoque más moderado. Pero su propuesta de separar a las mujeres y a los hombres en los transportes públicos, la idea de que “es inconcebible que una mujer sea cabeza de lista” electoral y su convicción de que en 2030 Bruselas será mayoritariamente musulmana han incendiado los ánimos.

“Son verdaderos lobos disfrazados de corderos. Los partidos favorables a la Sharia son antidemocráticos”, ha asegurado Theo Francken, el controvertido, pero popular secretario de Estado de Asilo y Migración. Esta figura al alza de la N-VA, el partido nacionalista flamenco, ha relacionado a la aparición de Islam y a quienes considera sus predecesores con una de las realidades más dolorosas para Bélgica: ser el país del que más “combatientes extranjeros”, en relación al total de la población, viajaron a Siria para combatir con el Estado Islámico.

“Otra vez con lo mismo. Los miembros del Sharia4Belgium eran unos ‘payasos’ y luego dejamos de reírnos cuando nos convertimos en los campeones europeos en el número de combatientes extranjeros”, ha lamentado Franken, quien ha abogado por parar los pies a Islam.

En términos similares se ha expresado su colega que ocupa el puesto de secretaria de Igualdad, Zuhal Demir, quien considera que este movimiento no es más que “la punta del iceberg”. “Es el momento de darse cuenta de que Islam no es solo una experiencia religiosa para muchos, sino una forma de entender la sociedad incompatible con los estándares y valores que defendemos aquí”, ha dicho Demir.

Musulmanes belgas rezan en la Gran Mezquita de Bruselas. (Reuters)
Musulmanes belgas rezan en la Gran Mezquita de Bruselas. (Reuters)

¿Prohibir el partido Islam?

“Este proyecto va en contra de nuestras libertades y derechos fundamentales inscritos en la Constitución”, ha asegurado el diputado federal Richard Miller, del partido MR, al que pertenece el primer ministro belga, Charles Michel. El liberal ha pedido la prohibición de esta fuerza política, que dice defender la “Integridad, la solidaridad, la libertad, la autenticidad y la moralidad”.

Miller ya trató de impulsar el veto del partido desde su formación, en 2012, pero por el momento no hay una base legal clara que pudiera justificar esta decisión. Por ello, Miller ha planteado reformar la Constitución, con el objetivo de consagrar a Bélgica -hoy un Estado “neutro”- como un país laico.

Varias voces se han alzado ante la propuesta de prohibir Islam. “Solo las dictaduras prohiben las opiniones”, asegura el influyente 'De Standaard'

El N-VA, mayoritario en el país, y sus homólogos liberales, el Open Vld, se han mostrado también dispuestos a legislar para poder prohibir los partidos extremistas. Un anuncio en el que no pocos han visto tintes electoralistas, de cara a las elecciones generales que se celebrarán en mayor del próximo año, en las que el N-VA espera apuntalar su dominio de la política belga.

Sin embargo, varias voces se han alzado ante la propuesta de prohibir Islam. “Solo las dictaduras prohiben las opiniones”, asegura el influyente diario 'De Standaard' en un editorial. En éste, recuerda también que el tiro les puede salir por la culata a aquellos que se llevan las manos ante el avance del partido.

El periódico apunta para al caso del partido de extrema derecha flamenco Vlaams Blok, que en 2004 fue condenado por racismo. Tras toda la atención mediática recibida, dos meses más tarde logró un resultado récord del 24,2 % en las elecciones regionales de Flandes.

Temor al avance electoral de Islam

La polémica tiene como telón de fondo las próximas elecciones locales, que se celebrarán en octubre. Más allá del cruce de declaraciones, el hecho es que el partido Islam se presentará en catorce comunas bruselenses y otras catorce valonas, situadas en la mitad francófona y meridional del país. Un avance considerable, en comparación con la anterior cita electoral, la de 2012, en la que tan solo contaron con candidatos en tres demarcaciones.

Por el momento, Islam ha logrado unos resultados muy modestos, pese a que se estima que entre 600.000 y 800.000 personas practican la fe islámica en Bélgica. Ahrouch ocupa desde 2012 un puesto de concejal por Anderlech, junto a su colega, Lhoucine Aït Jeddig, elegido por Molenbeek, conocido por sus problemas con la radicalización.

Islam acompaña sus propuestas de corte religiosas y morales con medidas que desprenden ecos de populismo. “Nuestro programa es una síntesis de todos, desde la extrema derecha a la extrema izquierda”, afirma Ahrouch. Todo un clásico ya, esta fórmula de rechazar clasificarse en el espectro ideológico para tratar de lograr más votos.

“Nuestro programa es una síntesis de todos, desde la extrema derecha a la extrema izquierda”, afirma Ahrouch

El programa de Islam también incluye medidas como reducir el tamaño de la kafkiana administración pública belga, simplificar la enrevesada normativa belga o defender el euro. Tampoco duda en meter el dedo en una de las llagas qué más dolor causa en Bélgica: el estatus territorial de la Región de Bruselas y los dos territorios adyacentes, el Brabantes Valón y el Flamenco.

Además, promete rebajar algunos impuestos y aumentar la inversión en las infraestructuras ferroviarias para poner en marcha un sistema similar al Cercanías o Rodalias en torno a Bruselas, que lleva décadas como promesa incumplida. Todo ello, al mismo tiempo que pretenden reducir la abultada deuda belga, una “hemorragia” que se eleva a 400.000 millones de euros. La cuadratura del círculo.

Islam ha recibido críticas incluso de asociaciones islámicas moderadas, como el Ejecutivo de los Musulmanes de Bélgica. Pero lo cierto es que, en una época en el que las opciones rupturistas están recibiendo una importante acogida en Europa, su discurso populista islámico inquieta, tanto como no se comprende. Y esto es tan real como que la comunidad musulmana en Bélgica se siente incomprendida, discriminada y, a menudo, agredida.

Quizás tenga razón Houellebecq, cuando en su distopía afirmaba: ”Probablemente sea imposible que las personas que han vivido y prosperado en un sistema social determinado imaginen el punto de vista de aquellos que, como nunca tuvieron nada que esperar de este sistema, imaginan su destrucción sin un temor particular".

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