el apoyo electoral a su partido se mantiene

Los casos de corrupción asedian a Netanyahu: ¿el principio del fin del 'Mago'?

Los casos de corrupción asedian al primer ministro israelí, pero eso no ha mermado el apoyo electoral para su partido, el Likud. Decida lo que decida la justicia, 'Bibi' podría sobrevivir políticamente

Foto: El primer ministro israeli Benjamin Netanyahu atiende una sesión del Knesset, el Parlamento israelí, en Jerusalén, el 12 de marzo de 2018. (Reuters)
El primer ministro israeli Benjamin Netanyahu atiende una sesión del Knesset, el Parlamento israelí, en Jerusalén, el 12 de marzo de 2018. (Reuters)

“¡Busha, busha!” ("Vergüenza, vergüenza"). El grito se escucha desde hace semanas cada sábado por la noche en la plaza Habima de Tel Aviv, donde centenares de israelíes se concentran para mostrar su repulsa ante los casos de corrupción que salpican al primer ministro Benjamin Netanyahu y pedir su dimisión. A la misma hora, también cada sábado por la noche, otra manifestación más modesta se celebra frente a la casa del fiscal general Avichai Mandelblit para exigirle que inculpe oficialmente a Netanyahu. Las protestas reunían a varias decenas de miles de personas en diciembre, pero el pasado fin de semana sólo algunos centenares de israelíes salieron a la calle.

Los escándalos, las pruebas, los testimonios en contra y las críticas de la clase política se multiplican y cercan desde hace semanas al jefe de gobierno. En otro país no sería arriesgado aseverar que es el final de una era y que Netanyahu tiene los días contados. Pero en Israel nadie se atreve a asegurarlo con demasiada certeza. La pérdida de fuerza de las manifestaciones de oposición a la gestión del primer ministro es una clara muestra de que los israelíes, bien tienen otras preocupaciones, bien no confían en que el fin del primer ministro pueda estar cerca.

No en vano a Netanyahu se le apoda en Israel el ‘Mago’ por su capacidad para sobrevivir ante la adversidad política y mantenerse en primera línea, eclipsando a cualquier adversario pese a no haber disfrutado nunca de un gran apoyo popular. Incombustible, curtido, astuto y agresivo, el primer ministro está resistiendo también en esta ocasión, niega todo, ataca y distrae con éxito la atención pública. “No me quedaré callado porque digo la verdad. Y esa verdad puede molestar a mucha gente. Los ciudadanos de Israel me apoyan a mí y a mi familia. Es algo masivo, no son todos, pero sí muchos. Ellos también quieren justicia”, aseguraba Netanyahu la pasada semana desde Estados Unidos.

Pero el “Mago” vive actualmente días difíciles en los que su buena estrella, su cargo y hasta su libertad están en la cuerda floja. En este momento, prácticamente todos los israelíes saben qué son los casos 1000, 2000, 3000 y 4000. Son los escándalos que vinculan al jefe de gobierno con la aceptación de carísimos regalos, la concesión de favores políticos a cambio de una cobertura favorable en un periódico concreto, la presunta recepción de comisiones en la compra de tres submarinos a una empresa alemana y el trato favorable aplicado a una empresa de telecomunicaciones a cambio de una cobertura complaciente de parte de un medio de comunicación, propiedad también del presidente de la compañía. Y los asuntos turbios no terminan ahí: su esposa, Sara, uno de sus hijos, Yair, y varios cercanos colaboradores también se ven implicados en otros escándalos de corrupción.

Hace dos semanas, la policía israelí consideró que había suficientes pruebas para inculpar al jefe del Gobierno en los casos 1000 y 2000, aunque se trata solamente de una recomendación y ese paso lo puede dar únicamente el fiscal general. Desde entonces, la investigación en otro caso avanzó y un ex portavoz de Netanyahu y su familia, Nir Hefetz, decidió colaborar con la investigación del caso 4000, que implica a la compañía israelí de telecomunicaciones Bezeq, a cambio de no ser acusado de nada.

Varios manifestantes protestan contra la corrupción gubernamental y reclaman la dimisión del primer ministro Netanyahu en la plaza Habima de Tel Aviv, el 16 de febrero de 2018. (EFE)
Varios manifestantes protestan contra la corrupción gubernamental y reclaman la dimisión del primer ministro Netanyahu en la plaza Habima de Tel Aviv, el 16 de febrero de 2018. (EFE)

Forzar elecciones

Netanyahu es uno de los grandes protagonistas la vida política israelí desde hace 20 años. Fue primer ministro de 1996 a 1999 y ostenta de nuevo el cargo desde 2009. Es el segundo jefe de gobierno que más tiempo se ha mantenido en el poder desde el primer ministro David Ben Gurion. Si completa su mandato, que expira en 2019, superará el récord del fundador del Estado de Israel.

La invulnerabilidad que siempre ha mostrado hace que muchos no crean por ahora en el fin de la era Netanyahu, una tesis reforzada por el hecho de que “nadie le hace sombra en el ámbito político” y no existe finalmente una presión fuerte de la coalición en el poder para disolver el gobierno y convocar elecciones.

En medio de la tempestad política de estos días y entre dos interrogatorios policiales, Netanyahu viajaba a Washington para reunirse con Donald Trump y afinaba su estrategia. “Una estrategia basada en tres pilares”, según el periodista y analista político Ben Caspit. “El primero, cuestionar la legitimidad de los actores claves que le amenazan, comenzando por la fiscalía general y los medios de comunicación, el segundo, estrechar los lazos con el Gobierno estadounidense y dar la sensación de que la excelente relación con Trump se debe únicamente a su persona, y por último, forzar la organización de elecciones”, escribía en un artículo publicado la semana pasada en Al Monitor.

Y es que pese a lo que pueda parecer y según recientes sondeos, el partido de Netanyahu, el Likud, sería la fuerza más votada si se celebraran elecciones hoy y aunque no obtendría la mayoría necesaria para gobernar, sí reafirmaría su liderazgo al rozar los 30 escaños sobre un total de 120. “El discurso del primer ministro está plagado de noticias falsas y manipulaciones pero funciona. Netanyahu ha logrado convencer al electorado del Likud de que las investigaciones que le cercan son solo el resultado de una persecución política y una emboscada de la izquierda y la prensa” asegura Caspit, también autor de un libro sobre Netanyahu.

Pero Netanyahu no desea que los israelíes le vean como alguien que fuerza la convocatoria de elecciones anticipadas por razones personales y está consiguiendo hábilmente magnificar un desentendimiento entre varios partidos de su coalición hasta convertirlo en una crisis de gobierno en la que él elude cualquier responsabilidad. Un juego algo complicado de entender pero eficaz.

Netanyahu con Donald Trump en el Despacho Oval, el 5 de marzo de 2018. (Reuters)
Netanyahu con Donald Trump en el Despacho Oval, el 5 de marzo de 2018. (Reuters)

La estrategia de Bibi

Un partido judío ultraortodoxo de la coalición gubernamental amenaza con no votar los presupuestos generales si no se aprueba una ley que exime del servicio militar a los jóvenes religiosos judíos. Y si el presupuesto no es adoptado ya hay otros partidos que podrían dejar el gobierno. “Trabajaremos para tener un gobierno estable que funcione hasta el final de la legislatura, en noviembre de 2019”, dijo Netanyahu el domingo, lavándose las manos ante estos problemas en el seno de su gobierno.

Pero dentro su coalición, que vivirá esta semana días decisivos, la versión es otra. “No hay crisis, se lo aseguro. Puede que por razones personales algunos tengan interés en perpetuar este desentendimiento y forzar elecciones, pero al final, sólo una persona decidirá si hay elecciones o no y esa persona es el primer ministro”, declaró el titular de Educación, Naftalí Bennett, líder del partido ultranacionalista Hogar Judío.

Los analistas barajan que Netanyahu podría convocar unas elecciones anticipadas a finales de junio de las que saldría fortalecido. Sería un mensaje al fiscal general de que representa la voluntad del pueblo pese a los escándalos, aunque las investigaciones no se verían paralizadas por los resultados en las urnas.

“Se han dado todas las circunstancias para que Netanyahu tenga la oportunidad de organizar elecciones y ganarlas, formar un nuevo gobierno y entonces, si es inculpado, argumentar que los ciudadanos lo eligieron sabiendo que existían estos casos. A partir de entonces podrá manejar este caso judicial como maneja el país”, lamentó el analista Yossi Verter en un artículo publicado en el diario israelí Haaretz.

El diputado israelí y dirigente del partido de centro-derecha Yesh Atid, Yair Lapid, ofrece un discurso en la Knesset, el pasado 20 de noviembre. (EFE)
El diputado israelí y dirigente del partido de centro-derecha Yesh Atid, Yair Lapid, ofrece un discurso en la Knesset, el pasado 20 de noviembre. (EFE)

Tras Netanyahu, ¿quién?

El primer ministro lidera desde 2015 una variopinta coalición por la que pocos apostaban pero que se mantiene debido a los intereses de unos y de otros. Los partidos religiosos, ultranacionalistas y de centro-derecha que forman este conglomerado en el poder saldrían bastante malparados si el gobierno se hiciera añicos, y si se confía en los sondeos, el partido de Netanyahu volvería a ser el más votado. Además, la omnipresencia de Netanyahu hace que a los israelíes les cueste imaginar un futuro político sin el actual primer ministro, sobre todo porque tampoco hay un líder en la derecha que reúna en este momento su peso político y su experiencia y tenga un perfil capaz de generar una victoria en las urnas.

Entre los nombres que suenan como alternativa está Yair Lapid, ex presentador de la televisión israelí y líder del partido Yesh Atid, que tiene 11 escaños en el Parlamento israelí, la Knesset. Carismático y ambicioso, ha marcado sus diferencias con Netanyahu y es además testigo en uno de los casos que salpican al primer ministro ya que era en la época ministro de Finanzas. “Para que los que no entiendan o no quieran entender, Yesh Atid no formará parte de ningún gobierno cuyo primer ministro sea inculpado. Bajo ninguna circunstancia”, escribió Lapid en su cuenta en Facebook el pasado fin de semana.

“La era Netanyahu ha terminado. Preparémonos para elecciones pronto”, dijo en estos días Avi Gabbay, líder del partido laborista israelí. “El castillo de naipes del primer ministro se derrumba y tenemos que concentrarnos ahora en una cosa: dar a Israel un gobierno y unos lideres cuyo quehacer esté presidido por la honestidad y la transparencia”, agregó. Unas palabras que no bastan para obviar el hecho de que en la izquierda tampoco hay rival que le haga sombra a Netanyahu.

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