UN SISTEMA DE CONTROL SOCIAL SIN PRECEDENTES

El carné por puntos que prepara China para distinguir entre 'buenos' y 'malos' ciudadanos

Reconocimiento facial y de voz y un sistema de puntuación que afectará desde el ámbito financiero hasta el personal. Son las herramientas en las que China trabaja para aumentar el control en 2020

Foto: Un agente de seguridad en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, el 18 de octubre de 2017. (Reuters)
Un agente de seguridad en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, el 18 de octubre de 2017. (Reuters)

Las imágenes captadas por una cámara de tráfico en un cruce de calles en Pekín muestran el movimiento de personas y vehículos junto a etiquetas informativas como “adulto”, “hombre”, “manga corta” o “ciclista”. Ésta es una de las primeras etapas de un plan que persigue que las más de cien millones de cámaras de vigilancia que hoy operan en China ofrezcan información y análisis en tiempo real de todo lo que ocurre en las ciudades del país asiático.

“El proyecto Skynet, iniciado en 2005, busca tener este tipo de cámaras en todos los espacios públicos de importancia en China para el año 2020. Pekín fue una de las ciudades pioneras y, desde 2015, tenemos cubierto todo el espacio urbano, por lo que podemos saber qué ha pasado o está pasando en cualquier punto y actuar en consecuencia”, afirman desde la Oficina de Seguridad Urbana de la capital.

Skynet, que nació como una herramienta para, según afirman desde el Ejecutivo, “mantener la armonía y el orden social”, será dotada, además, de inteligencia propia y capacidad de análisis, por lo que podrá reconocer individuos y buscar su información en las diferentes bases de datos oficiales con que cuenta China.

Conocemos tu cara, tu voz y tu ADN

Diez años después de iniciarse el proyecto “Skynet”, el Ministerio de Seguridad Pública anunció el comienzo de un ambicioso plan que perseguía construir un sistema de reconocimiento facial que lograra conectar las imágenes proporcionadas por las cámaras de seguridad con las existentes en los carnés de identidad de los ciudadanos y hacerlo con un índice de acierto de, al menos, el 90%.

China quiere ir un paso más allá y ya no solo controlar a los individuos en los espacios públicos, sino también en su esfera privada

“Es un proceso muy complejo en el que intervienen factores básicos como la luz o las sombras y que tiene que ser capaz de sortear elementos como el maquillaje y la cirugía. Parece que Isvision (la compañía con base en Shanghái que ganó el concurso para desarrollar esta tecnología) está obteniendo buenos resultados, pero aún habrá que esperar porque nunca se ha hecho algo parecido a esta escala”, afirma He Siwei, ingeniero residente en Shenzhen y especializado en inteligencia artificial.

Esta tecnología, con un campo de acción mucho menor, ya ha sido utilizada en destinos turísticos de China, donde los visitantes debían registrarse previamente, en cajeros automáticos y también en investigaciones criminales en las que las imágenes de las cámaras, junto con las bases de datos policiales, han ayudado a resolver casos de atracos o atrapar a fugitivos.

Junto al sistema de reconocimiento facial que, como afirman desde el Ministerio de Seguridad Pública, “aún debe superar muchas barreras para adecuarse a los estándares de inmediatez y precisión necesarios”, China también trabaja en la recopilación de huellas de voz y muestras de ADN de sus habitantes, unas prácticas dirigidas a construir un perfil biométrico completo de cada ciudadano que han provocado las protestas de grupos pro derechos humanos y tímidas quejas en redes sociales por parte de la población.

“En muchas partes de China, individuos que no han cometido ni son sospechosos de haber cometido un crimen han de someterse a un proceso de extracción de sangre para incluir su ADN en la base de datos del Gobierno. Las pruebas muestran que en la provincia de Xinjiang (de mayoría musulmana) es donde se busca acelerar este proceso de recopilación y análisis”, afirman desde Human Rights Watch (HRW) en un informe del mes de octubre.

Hombres uigures pasan ante cámaras de vigilancia tras rezar en una mezquita de Hotan, en la provincia de Xinjiang. (Reuters)
Hombres uigures pasan ante cámaras de vigilancia tras rezar en una mezquita de Hotan, en la provincia de Xinjiang. (Reuters)

Desde HRW, además, aseguran que el sistema de reconocimiento sonoro, el cual es capaz de identificar la voz de un individuo en una conversación telefónica y cruzar la información con los registros policiales de forma automática, se lleva a cabo “con dudosas garantías legales”.

Sin embargo, desde el Gobierno aclaran que este método ha servido ya para resolver casos de fraude telefónico, tráfico de drogas, secuestros o chantaje, y añaden que, más allá de revelar la autoría de delitos ya cometidos, servirá para “prevenir otros y mantener la estabilidad”, algo que en las redes sociales se ha bautizado como “Minority Report hecho en China”.

“El caso de China no es nuevo, aunque nunca se ha hecho con una población de casi 1.400 millones de personas. Por ejemplo, Londres ha tenido grandes debates acerca de la protección de datos y se dice que hay una cámara de seguridad por cada diez u once ciudadanos británicos. El caso chino es diferente porque se quiere ir un paso más allá y ya no solo controlar a los individuos en los espacios públicos sino también en su esfera privada. Aunque las cámaras, por estar a la vista, son más evidentes, creo que el sistema de puntos que se ha planteado traerá muchos más problemas”, comenta a El Confidencial Huang Lin, socióloga e investigadora de la Universidad de Pekín.

Del ciudadano peligroso al ciudadano modelo

Presentado en 2014 por el Consejo de Estado, el “Plan para la Construcción de un Sistema de Crédito Social” al que se refiere Huang, ha vuelto a estar de actualidad tras ser presentados nuevos detalles del mismo.

En una idea que ha recordado a muchos a la serie de ficción “Black Mirror” y a su episodio “Nosedive”, en el que la sociedad se rige por un sistema de puntuaciones entre ciudadanos que determinan el tipo de trabajo, de transporte o de vivienda que una persona puede tener según sea su valoración, China busca una herramienta que distinga, a grandes rasgos, entre buenos y malos ciudadanos.

Tus contactos personales o la clase de ocio que elijas determinarán una puntuación que posibilitará, o no, que puedas acceder a una hipoteca

Por lo que se conoce hasta el momento, el tipo de compras que realices, tus contactos personales y profesionales, la clase de ocio que elijas o tus interacciones con organismos oficiales serán elementos que determinarán una puntuación que posibilitará, o no, que puedas acceder a una hipoteca, elegir el tipo de educación de tus hijos o presentarte a unas oposiciones.

Según el documento hecho público por Pekín, en 2020 se espera tener en funcionamiento un sistema “por el cual si la confianza depositada en un ciudadano se rompe en uno de sus ámbitos vitales (financiero, legal, familiar, laboral, etc.) las restricciones derivadas del mismo tendrán efecto en todos los demás”. Ante la falta de detalles, las preguntas acerca de cómo funcionará este Gran Hermano del siglo XXI se han multiplicado.

“Más de la mitad de la población china pasa gran parte de su tiempo conectada. A través del móvil compran, realizan gestiones, pagan el alquiler, reservan viajes, etcétera. Es de esperar que estas interacciones, unidas a la información legal y financiera, por citar algunas, creen un perfil completo de cada ciudadano. Esto, así planteado, genera muchas dudas, por lo que dependerá de la transparencia con la que estos datos se manejen que este sistema sirva como herramienta para mejorar la sociedad o se convierta en un elemento para perseguir a determinados individuos”, explica Huang.

El nivel que te garantiza un visado para Europa

El sistema dado a conocer, plantea puntuaciones que pueden ir desde los 350 hasta los 950 puntos. Aquellos que tengan una puntuación baja no podrán, por ejemplo, acceder a cargos públicos, desplazarse en primera clase dentro del país, pernoctar en hoteles de cinco estrellas o viajar libremente al extranjero y tendrán mayores probabilidades de ser objeto de registros en las aduanas o en controles de policía.

Por el contrario, si se obtiene una puntuación alta, de más de 650, la persona tendrá mayores facilidades crediticias, podrá alquilar coches sin dejar depósito o, si supera los 750, podrá obtener el visado para la zona Schengen o Singapur por la vía rápida.

“Con esto no se busca crear un sistema que perjudique a las personas sino tratar de optimizar los procesos de obtención de créditos y, de alguna manera, dar la oportunidad de ofrecer mejores servicios a aquellos ciudadanos que presentan comportamientos ejemplares mientras que, para aquellos que incumplen sus obligaciones será más difícil seguir avanzando por ese camino”, explican desde la Oficina de Seguridad Pública de Pekín.

Cámaras de seguridad ante una bandera del Partido Comunista chino, en Shanghái. (Reuters)
Cámaras de seguridad ante una bandera del Partido Comunista chino, en Shanghái. (Reuters)

Las experiencias piloto

A pesar de la novedad, lo cierto es que un sistema de puntuación, limitado al ámbito financiero, se usa ya en China. China Rapid Finance, que trabaja con la aplicación de mensajería instantánea Wechat, la cual tiene más de 850 millones de usuarios activos y permite hacer pagos, buscar taxis, pedir comida a domicilio entre otros servicios, es una de las compañías que trabaja en la construcción de este sistema de puntuación. En un estado más avanzado está el proyecto de Sesame Credit (Zhima Credit), empresa que opera junto con AliPay, la aplicación de pagos desde el móvil del gigante tecnológico Alibaba.

Los usuarios de esta última aplicación tienen un apartado donde pueden consultar su “estatus crediticio” y, aunque no se conocen detalles del algoritmo utilizado por Alibaba para determinar quién obtiene 350 puntos, el mínimo, o 950 puntos, el máximo, hay varios apartados que permiten vislumbrar las líneas maestras del plan del Ejecutivo.

Aquellos que tengan una puntuación baja no podrán, acceder a cargos públicos, desplazarse en primera clase o viajar libremente al extranjero

“Hay cinco grandes apartados; el primero es el historial crediticio, basado en si el usuario paga sus facturas a tiempo y conceptos similares; hay otros dos relativos a la información personal y a la cantidad de dinero disponible del usuario y, por último, otros dos que son los que más interés generan. El primero valorará las compras realizadas y definirá qué clase de usuario eres mientras que el segundo analizará tus relaciones interpersonales, mensajes enviados y, en general, la calidad de tu red de contactos”, explica a este diario Chang Longwei, economista.

Una de las grandes preguntas que ha generado este sistema es si los comentarios críticos con el Ejecutivo o las menciones a temas tabú como la matanza de Tiananmen en 1989 o las protestas en el Tíbet tendrán efecto sobre la puntuación de los ciudadanos.

Aunque desde el Gobierno guardan silencio sobre este extremo, lo cierto es que en un experimento similar realizado en 2010 en la localidad de Suining, en la provincia meridional de Jiangsu, las opiniones políticas tuvieron un gran peso en una iniciativa que terminó siendo cancelada y tildada de “fracaso” por las autoridades locales.

En aquella ocasión, los ciudadanos de Suining podían acumular hasta 1.000 puntos por buena conducta y fueron varias las voces que vieron en la iniciativa una versión renovada de las “tarjetas de buen ciudadano” que repartieron las tropas japonesas durante la ocupación de China en los años 30.

El experimento de Suining clasificaba a los habitantes de la localidad en cuatro categorías que iban de la A a la D y, aunque con una versión diferente, parece que ahora Pekín quiere seguir una senda que algunos expertos señalan como una continuación de las “cinco categorías negras” de Mao Zedong, una campaña destinada a identificar a aquellos considerados como enemigos de la Revolución Cultural y entre los que se incluían a propietarios de tierras o contrarrevolucionarios.

Ciudadanos chinos durante una ceremonia de izado de bandera en la Plaza de Tianamen, Pekín. (Reuters)
Ciudadanos chinos durante una ceremonia de izado de bandera en la Plaza de Tianamen, Pekín. (Reuters)

El lado positivo: regular un mercado caótico

A pesar de las dudas que, a nivel ético y legal, presenta este plan, son varios los que han visto en el mismo una manera de solucionar los múltiples fallos de un mercado con escasa regulación y carente de un sistema de crédito nacional.

“En China todavía hay muchos casos de corrupción a pequeña escala, se siguen produciendo bienes que no cumplen ningún tipo de regulación y que son exportados a otros países. A escala nacional hemos tenido casos de envenenamientos por comida o medicamentos adulterados y, en definitiva, el fraude a todos los niveles es algo extendido y casi aceptado como una realidad contra la que poco o nada se puede hacer. Este sistema de crédito social, al menos en su parte económica, puede ayudar a revertir esta situación y hacer que la opinión de clientes y usuarios llegue donde la justicia no lo ha hecho”, afirma Chang.

Más allá de la primera parte de este proceso, la económica, China busca crear un sistema de control social nunca antes visto y que, de cumplirse el plan, echará a andar en menos de tres años. Como explica Huang, “China ha demostrado ser capaz de cosas impensables para el resto de países, tanto en lo bueno como en lo malo. Si se continúa por el camino marcado podremos decir que, de nuevo, ha hecho que la realidad haya, como mínimo, igualado a la ficción”.

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