TRUMP DECLARA UNA "EMERGENCIA DE SALUD PÚBLICA"

Los rostros de la epidemia que arrasa Estados Unidos

Kermit es un pueblo de Virginia Occidental, el segundo estado más pobre de EEUU. En dos años, tres farmacéuticas enviaron allí casi nueve millones de pastillas opioides. Tiene 400 habitantes

Kermit es un pequeño pueblo del condado de Mingo, en Virginia Occidental, el segundo estado más pobre de EEUU y donde se registran los mayores índices de muertes por sobredosis de opiáceos de todo el país. En dos años, tres grandes compañías farmacéuticas enviaron casi nueve millones de pastillas opioides a una farmacia de Kermit. El pueblo tiene 400 habitantes.

Kermit es el paradigma de una epidemia que mata a 175 estadounidenses al día, siete cada hora, y en la que entran en juego factores como una excesiva prescripción de analgésicos por parte de los médicos o el gran negocio de las compañías farmacéuticas, que desde 1999 han cuadriplicado las ventas de estos medicamentos. El presidente Donald Trump declaró ayer como “una emergencia de salud pública” el abuso de analgésicos opiáceos, lo que permitirá destinar fondos ya existentes a nivel estatal y federal a la lucha contra la adicción a analgésicos con receta, como el oxycontin o el vicodin. Trump da prioridad a la guerra contra la adicción pero en realidad no destina más fondos, como había prometido en agosto.

EEUU es de lejos el mayor consumidor de estas drogas, consume más pastillas por persona que cualquier otro país del mundo”, declaró el presidente, antes de asegurar que esta crisis es “la peor de la historia de Estados Unidos” y de "la historia de la humanidad". "Enfrentarnos a esto exigirá todos nuestros esfuerzos y nos exigirá afrontar la crisis en toda su complejidad", añadió durante un acto en la Casa Blanca.

La declaración de “emergencia de salud pública” es una respuesta tardía a una crisis que se extiende inexorablemente desde hace casi dos décadas y que ha estado marcada por el silencio de las autoridades, pero cuyos efectos en lugares como Montgomery County (Maryland) -donde la cifra de muertes por sobredosis pasó de 127 en 2010 a 349 en 2016- son imposibles de ignorar. La sobredosis de opiáceos (incluida la heroína, a la que muchos adictos recurren por ser más barata) se ha convertido en la principal causa de muerte accidental entre los norteamericanos menores de 50 años: provocó 64.000 muertes en 2016, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Es decir, casi 20.000 muertos más que en el pico de la epidemia del VIH.

De hecho, el abuso de analgésicos estaría detrás del brusco aumento en las tasas de mortalidad entre estadounidenses blancos de mediana edad, un fenómeno sin parangón en otros países desarrollados ni entre otros grupos de población de EEUU y que, entre otros factores, responde a un mayor acceso a analgésicos potentes y a una heroína más barata y de mayor calidad -su consumo aumentó un 79% entre 2007 y 2012, según la revista médica 'The Lancet'-. Cierto es que las cifras oficiales de muertos por abuso de opiáceos incluyen los casos de sobredosis de heroína, pero casi la mitad de los 33.091 muertos en 2015 se debieron a analgésicos comprados en una farmacia con una receta.

En la práctica, la declaración de “emergencia de salud pública” anunciada ayer por Trump permitirá a los pacientes aislados en zonas rurales, como Virginia Occidental, conseguir recetas por teléfono o videoconferencia sin visitar físicamente a un doctor, como exige la ley actual. También permite al Departamento de Trabajo subvencionar programas de búsqueda de empleo para adictos en los diferentes estados.

Donnie Gooding y Katy Yeager Gooding con su bebé, en Barboursville, Virginia Occidental. (Reuters)
Donnie Gooding y Katy Yeager Gooding con su bebé, en Barboursville, Virginia Occidental. (Reuters)

El origen de la 'epidemia' se remonta a los años noventa, cuando se registró un creciente número de muertes por sobredosis con analgésicos con prescripción médica como el oxycontin. Más tarde, alrededor del año 2000, miles de consumidores se pasaron a la heroína, una opción mucho más barata en el mercado negro. Finalmente, en los últimos años, cada vez más estadounidenses ha muerto por el uso de potentes analgésicos sintéticos como el Fentanilo o el Carfentanil. De hecho, el opiáceo que se detecta con más frecuencia en los fallecidos por sobredosis es el mencionado fentanyl, cuarenta veces más potente que la heroína.

Desde 1999, las compañías farmacéuticas han cuadriplicado las ventas de opiáceos - según datos de 2012-, que en EEUU figuran en la mitad de recetas para combatir el dolor,. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades afirman que la prescripción de opioides ha caído en un 18% desde el récord que marcó en 2010, pero el total sigue triplicando el porcentaje de 1999.

Virginia Occidental, donde 6 de sus 55 condados tienen los mayores índices de muertes por sobredosis de opiáceos de EEUU (casi 2.000 muertos por abuso de hidrocodona y oxycontin en seis años), sirve de ejemplo. En diciembre de 2016, dos periodistas del 'Charleston Gazette Mail' que analizaron los datos de la Administración de Meicamentos y Alimentos (FDA) descubrieron que tres grandes farmacéuticas -McKesson, Cardinal Health y AmerisourceBergen- ganaron 17.000 millones de dólares con el envío de 423 millones de analgésicos a Virginia Occidental entre 2007 y 2012. En teoría, los distribuidores deben alertar a la autoridad estatal cuando reciben un pedido excesivo para una farmacia determinada, como es el caso de Kermit. Es más, según la investigación del 'Charleston Gazette Mail', las grandes farmacéuticas habrían estado almacenando analgésicos en zonas donde se ha detectado una mayor adicción.

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