las transformaciones sociales y económicas

La ultraderecha, en el Bundestag: ¿cómo ha llegado Alemania hasta aquí?

AfD ha logrado que los dos principales partidos asuman parte de la agenda ultra y tiene pie y medio en el Bundestag. Conviene preguntarse cómo Alemania, "oasis de estabilidad política", ha llegado a esto

Foto: Un cartel electoral de Alternativa para Alemania, en Berlín, a finales de agosto de 2017. (Reuters)
Un cartel electoral de Alternativa para Alemania, en Berlín, a finales de agosto de 2017. (Reuters)

Un partido ultraderechista tendrá fracción propia en el Bundestag tras las elecciones federales del 24 de septiembre por primera vez desde la fundación de la República Federal de Alemania en 1949. A estas alturas, prácticamente ya nadie en Alemania se atreve a dudar sobre la entrada en el parlamento federal de Alternativa para Alemania (AfD), una joven fuerza ultra que marca una incómoda agenda electoral a los partidos tradicionales y amenaza con sentar un peligroso precedente en el tablero político del país más poderoso y rico de la Unión Europea.

Durante el primer y único debate televisado entre los dos principales candidatos a canciller el pasado 3 de septiembre, Angela Merkel y Martin Schulz dedicaron más de la mitad del tiempo a discutir fundamentalmente sólo cuatro temas: refugiados, inmigración, seguridad y fronteras. Es difícil no ver la firma de AfD en la agenda del debate. Los dos principales partidos del país (CDU-CSU y SPD) demuestran tener miedo a perder votos en pos de AfD, y por eso asumen parte de la agenda ultra. Es más: el resto de partidos establecidos (La Izquierda, los liberal-conservadores del FDP y los ecoliberales de Los Verdes) también saben que los ultraderechistas les robarán votos en las próximas elecciones federales. El éxito de AfD descansa precisamente en que va más allá del voto neonazi: sabe aglutinar un voto protesta y transversal.

El surgimiento y establecimiento parlamentario de AfD es considerado por analistas y políticos un innegable fracaso del sistema de partidos alemán. Conviene, por tanto, preguntarse cómo Alemania, ese “oasis de estabilidad política” en medio de una Europa plagada de crisis, ha llegado hasta aquí.

Incapacidad o falta de voluntad de análisis

Desde prácticamente la fundación de AfD, a principios de 2013, tantos partidos establecidos como buena parte de los medios de comunicación de masas alemanes predijeron que era cuestión de tiempo que el partido ultra se disolviese. Nada más lejos de la realidad: pese a sus enormes disputas internas, AfD llega a las puertas de las elecciones federales con grandes posibilidades de obtener un resultado de dos dígitos; así lo apunta la media de todas las encuestas de intención de voto.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué no se han cumplido los vaticinios del hundimiento del partido ultra? Muy probablemente, porque sus rivales políticos no han sabido o no han querido entender qué había generado realmente AfD, y lo que no se comprende, difícilmente se puede combatir. No, no fue la llegada masiva de refugiados la que provocó el surgimiento de la fuerza ultra, como algunos argumentan. La llegada masiva de peticionarios de asilo se produjo en el verano de 2015, y AfD fue fundado a principios de 2013, cuando todavía no se podía ni siquiera atisbar la dimensión de la llamada crisis de refugiados.

Una mujer musulmana pasa ante un cartel electoral de AfD, en Duisburg, Alemania. (Reuters)
Una mujer musulmana pasa ante un cartel electoral de AfD, en Duisburg, Alemania. (Reuters)

El politólogo y periodista Sebastian Friedrich, autor del libro 'AfD. Análisis, trasfondos, controversias' y observador del fenómeno AfD desde su inicios, resume las razones del surgimiento del partido ultraderechista más exitoso desde la Segunda Guerra Mundial con cuatro grandes crisis: “AfD no cae del cielo. Este fenómeno solo se puede entender si recuperamos el trasfondo social ante el que tiene lugar el éxito del proyecto derechista. (...) No hay solo una causa que permita explicar AfD. Más bien son diversas transformaciones culturales, políticas, económicas y sociales las que propiciaron la escalada de AfD. Fundamentalmente son cuatro las crisis ante las que el proyecto derechista reacciona: la crisis del conservadurismo, la crisis de representación, la crisis del capital y la crisis social”.

Es decir, la crisis del conservadurismo, generada por una evidente socialdemocratización del discurso político de Angela Merkel en busca del centro del tablero político; la crisis de la representación, generada por una repetición de aplastantes gobiernos de Gran Coalición, que ha generado la sensación entre la población de falta de alternativas y alimentado posiciones antiestablishment como las de AfD; la crisis del capital, en un país como Alemania, en el que una parte del empresariado familiar, más enfocado al mercado interno, ya no apoya las políticas de rescate del euro a cualquier precio; y la crisis de lo social, provocada por un aumento innegable del llamado “Prekariat” (precariado): es decir, la masa asalariada, que supone alrededor de un cuarto del mercado laboral alemán, trabaja pocas horas, gana poco o/y encadena contratos temporales. Estas cuatro crisis han abonado el terreno para la inminente llegada de AfD al Bundestag.

Exitosa capitalización de la coyuntura

Más allá de las crisis que se esconden en la raíz de AfD, es innegable que sus líderes ha sabido capitalizar la coyuntura política y social que ha acompañado esta legislatura que ya acaba: partiendo desde el descontento generado por la crisis del euro y deuda europea, los líderes ultras han ido adaptando su estrategia de provocación estratégica para aprovechar los temas que desgastaban a la canciller Merkel: llegada masiva de refugiados, terrorismo yihadista, debate sobre el Islam, seguridad interna, bajada histórica del precio del dinero por parte del Banco Central Europeo (una medida fuertemente impopular entre los ahorradores alemanes), etcétera.

Algunos de los analistas que predijeron el hundimiento de AfD basaban precisamente su predicción en que era un partido demasiado dependiente de la coyuntura: sin crisis o problemas estructurales que capitalizar, se convertía en un partido sin argumentos ni programa. Sin dejar de ser cierto, olvidaron que a la actual Europa no le faltan precisamente crisis económicas, políticas ni institucionales. AfD se alimenta, sin duda, de las cada vez mayores incertidumbres que un nada menospreciable segmento de la sociedad alemana ve en el horizonte. Un revival ultra que parece azuzar la figura de Merkel, con su estilo plano, aburrido y con un discurso en el que la presunta “falta de alternativas” ha servido para justificar cualquier decisión de su gobierno. El fantasma ultra alemán se llama, no en vano, Alternativa para Alemania.

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AfD impone su juego

Durante la llegada de cientos de miles de refugiados a suelo alemán y tras cada uno de los atentados yihadistas que han sacudido Europa durante los últimos años, los líderes ultras alemanes no dudaron en subirse a la ola de las redes sociales para hacer gala de su provocativo argumentario: si los refugiados cruzaban ilegalmente las fronteras alemanas, la policía y el ejército tenían el derecho y el deber de abrir fuego contra ellos, incluyendo a mujeres y niños; “Estos son los muertos de Merkel”, escribió en Twitter Marcus Pretzell, líder de AfD en Renania del Norte-Westfalia y actual marido de la copresidenta del partido, Frauke Petry; la sostenibilidad del Estado del Bienestar alemán es incompatible con la política de fronteras abiertas de Merkel, se ha cansado de argumentar Alice Weidel, cocandidata a la cancillería de los ultras.

Cada una de estas salidas de tono, canalizadas inteligentemente a través de redes sociales, se convirtieron en titulares en los medios de comunicación tradicionales. AfD fue haciéndose así paulatinamente un hueco en el espacio público alemán al tiempo que se iba estableciendo en 13 de los 16 parlamentos regionales del país. Los líderes del resto de partidos, en lugar de buscar el debate cuerpo a cuerpo para desmontar el programa ultra, entraban en el juego de provocaciones de AfD tras calificar de intolerables las declaraciones de la dirección ultraderechista, que se presentaban como víctimas de una presunta teoría de la conspiración.

Marcus Pretzell durante su intervención en un congreso de AfD en Colonia, Alemania. (Reuters)
Marcus Pretzell durante su intervención en un congreso de AfD en Colonia, Alemania. (Reuters)

AfD ha impuesto exitosamente su estrategia; gracias a ella, ha conseguido un doble impacto: ampliar los límites de lo políticamente aceptable, en un país en el que consenso político de posguerra había excluido el ultranacionalismo y el racismo como argumentos del centro del debate político, además de imponer una incómoda agenda (inmigración, seguridad, identidad nacional) que el resto de partidos ya no puede evitar, por muy espinoso que sea su tratamiento.

Como escribe la periodista Andrea Röpke en su libro Anuario de la violencia derechista. Crónica del odio, una cosa tiene que quedar bien clara a estas alturas: los tiempos en los que políticos de formaciones ultraderechistas se presentaban torpemente junto a neonazis que apenas podían articular palabra en público son historia: “Estrategas profesionales como la eurodiputada Beatrix von Storch se sirven ahora para sus objetivos de los medios que rechazan. Las salidas de tono son puro cálculo. Gracias a esta estrategia discursiva se ensancha paulatinamente el marco político para las provocaciones. Los apologistas derechistas lidian en ese escenario con desenfado ante el desamparo liberal. Parecen ir siempre un paso por delante”.

Quien no es capaz de admitir que tiene un problema, difícilmente podrá algún día solucionarlo. Esa ha sido durante años la actitud del 'establishment' político alemán con respecto a la ultraderecha. Mientras no hubo partido ultraderechista alguno capaz de capitalizar un voto protesta suficientemente amplio, la estrategia de la política alemana funcionó. Con el surgimiento de AfD, sin embargo, las cosas cambian. Con su entrada en el Bundestag, Alemania se enfrenta a un cambio de paradigma político: la presencia ultraderechista en el parlamento, además de tener un enorme peso simbólico para un país con la historia moderna de Alemania, hará bastante más difícil formar gobiernos de coalición. La inestabilidad política será un factor fundamental en el que un día fuera considerado el “oasis político” de Europa.

*Andreu Jerez es autor del libro 'El retorno de la ultraderecha a Alemania'.

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