3.000 SOLDADOS HAN SIDO DESPLEGADOS A CADA LADO

¿Van a ir a la guerra China y la India en el Himalaya?

China ha tratado de expandir una carretera en territorio que India considera de Bután, y tropas indias han cruzado la frontera para impedirlo. Nadie quiere un conflicto armado, pero nadie cede

Foto: Soldados indios en una base militar en Sikkim, muy cerca de Doklam, en enero de 2009. (Reuters)
Soldados indios en una base militar en Sikkim, muy cerca de Doklam, en enero de 2009. (Reuters)

El hecho de que esté sucediendo en una de las regiones más remotas del mundo, en las cumbres del Himalaya, lejos de fotógrafos y televisiones, explica que apenas se haya hablado de ello: el pasado 16 de junio, un centenar de soldados del Ejército Popular de Liberación chino llegaron con excavadoras a la llamada Planicie de Doklam (o Donglang, según China), un área fronteriza entre el Tíbet, el estado indio de Sikkim y el reino de Bután. Su intención era modernizar y extender una carretera ya existente, expandiéndola hacia el interior del valle. Casi inmediatamente, una compañía de soldados indios cruzó la frontera y formó una cadena humana para impedir las obras, instando a los chinos a “desistir de cambiar el status quo”. Desde entonces, el conflicto ha ido sufriendo altibajos, combinando los esfuerzos diplomáticos para reducir la tensión con la acumulación de topas de ambos países y una retórica bastante incendiaria en algunos momentos. Nadie quiere la guerra. Pero ninguno de los dos países parece dispuesto a ceder públicamente.

En el origen de este desencuentro está la percepción radicalmente distinta sobre el estatus de Doklam: mientras India lo considera territorio de Bután, China nunca ha reconocido la soberanía butanesa sobre el área. Bután es un pacífico estado de apenas un millón de habitantes que depende totalmente del ejército indio para su defensa, de modo que Nueva Delhi se ha sentido justificada para penetrar en Doklam y plantarle cara a Pekín. Aunque eso signifique entrar en otro país.

Fuente: Reuters
Fuente: Reuters

“China argumenta que tiene soberanía incuestionable sobre Doklam a partir del tratado de 1890 entre China y Gran Bretaña que delimita la frontera entre el estado indio de Sikkim y el Tíbet, así como el punto fronterizo con Bután. Dado que tanto India como China han aceptado este tratado, India no tiene razones legítimas para cruzar la frontera, y por lo tanto sus acciones constituyen una 'invasión' de territorio chino”, explican los académicos Sameer Lalwani, Yun Sun y Liv Dowling en un artículo en la revista 'Foreign Policy' titulado significativamente “¿Por cuánto tiempo pueden China y la India evitar la guerra en el Himalaya?”. “India admite que sus tropas han cruzado una frontera internacional, pero a Bután, no a China. La injerencia india está justificada por el tratado de amistad con Bután de 2007, y en el interés de ambos países en detener los intentos de China de revisar el status quo”, señalan.

Bután, en cualquier caso, todavía no se ha posicionado públicamente, lo que hace que muchos piensen que India ha actuado de forma unilateral, pensando ante todo en sus propios intereses: la defensa del llamado Corredor de Siliguri, una franja de apenas 27 kilómetros de anchura en su parte más estrecha que conecta el subcontinente indio con las provincias orientales del país, que rodean Bangladesh. “Lo que convierte a esta desconocida planicie en algo tan importante es su relación con el paisaje circundante. La planicie de Doklam se alza sobre el valle de Chumbi, y se podría considerar el área más estratégica desde la que defender -o atacar- el corredor de Siliguri. Para mantener su integridad territorial, India debe controlar el corredor y enfrentarse a cualquier desafío a ese control. Por esta razón, el Gobierno de Nueva Delhi no puede tolerar la más mínima presencia china, ni puede permitir el acceso chino a Doklam, siquiera en forma de carretera”, asegura Allison Ferdika, analista de la firma de inteligencia privada Stratfor.

En la propia planicie, ambos países tienen entre trescientos y cuatrocientos soldados cada uno (el doble de lo habitual), apoyados por el despliegue de unos 3.000 soldados en cada bando. Además, India ha puesto en alerta a sus tres divisiones de infantería de montaña, compuestas por unos 10.000 combatientes cada una. Las cifras en el lado chino son menos claras, pero a mediados de julio el EPL realizó maniobras con fuego real en el Tíbet, en un intento de sacar pecho frente a la India.

Un soldado indio de un regimiento de montaña reza antes de dirigir un convoy en Srinagar, India, en 2011. (Reuters)
Un soldado indio de un regimiento de montaña reza antes de dirigir un convoy en Srinagar, India, en 2011. (Reuters)

"Una operación antes de dos semanas"

China, de hecho, parece empeñada en mostrarse beligerante. Dos recientes artículos publicados en el diario Global Times, controlado por el Gobierno chino, han agitado aún más las aguas. “China no permitirá que la confrontación militar entre China e India en Doklam dure mucho tiempo, y podría haber una operación militar a pequeña escala para expulsar a las tropas indias antes de dos semanas”, afirma Hu Zhiyong, investigador del Instituto de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai, en uno de los artículos. Además, un editorial del diario publicado este sábado asegura que, de producirse una guerra, “su resultado es obvio”. “El primer ministro indio Narendra Modi debería ser consciente de la aplastante logística y potencia de fuego del EPL. Las tropas fronterizas indias no son rivales para nuestras fuerzas de campo. Si se extiende una guerra, el EPL es perfectamente capaz de aniquilar a todas las tropas indias en la región fronteriza”, asegura el editorial.

Casi todos los expertos coinciden en que la probabilidad de que se acabe produciendo una guerra sino-india es baja. Y sin embargo ya ha ocurrido antes, en 1962, a propósito del trazado de la llamada Línea McMahon, la frontera establecida entre el Imperio Británico y el Tíbet independiente: si bien la India reconoció la soberanía china del territorio tras la invasión, el primer ministro Jawaharlahl Nehru mantuvo durante los años 50 y principios de los 60 una postura irredentista respecto a algunos territorios, que le llevó a ordenar un ataque contra posiciones chinas en septiembre de 1962. El contraataque chino penetró decenas de kilómetros en suelo indio, y la guerra solo cesó cuando tanto la URSS como EEUU y el Reino Unido ofrecieron ayuda militar a la India. Desde entonces, persiste el desacuerdo entre ambos países sobre varios puntos de la frontera. Y ahora, las señales son de nuevo inquietantes.

“El portavoz del EPL ha vinculado esta confrontación a la celebración del 90 aniversario de las fuerzas armadas chinas el 1 de agosto, situando el manejo de la disputa por parte del EPL junto a una larga tradición de defensa de la soberanía y la integridad territorial de China. A un nivel más amplio, este es un año político en China, con el 19º Congreso del Partido previsto para el otoño”, concede Ryan Hass, analista de la Brookings Institution. “En una atmósfera política tan cargada, los funcionarios chinos tienen todos los incentivos del mundo para evitar ser percibidos como 'débiles'. De forma similar, en la India, el primer ministro Narendra Modi ha limitado el espacio político al respaldo unilateral [a las acciones de su ejército en Doklam], dada la preocupación de que semejante decisión podría incentivar una mayor presión por parte de China en el futuro, además de minar la credibilidad del compromiso de seguridad de la India con Bután”, indica.

Javier Ibáñez. PekínJavier Ibáñez. Pekín

Hass, sin embargo, no cree que vaya a haber guerra. “Aunque los riesgos son reales, nada sugiere que Pekín y Nueva Delhi estén destinados al conflicto por Doklam”, escribe, señalando la larga tradición de resolución de pasados desencuentros mediante el trabajo diplomático. 1962 sería la excepción, no la regla, dada la larga lista de razones que ambos países tienen para evitar un enfrentamiento armado: no solo ambos son potencias nucleares, sino que China es el mayor socio comercial de la India, con un comercio bilateral que llega a los 70.000 millones de dólares anuales.

A pesar de eso, los riesgos están ahí. La mentalidad que prevalece en las fuerzas armadas indias, tal y como demuestra una miríada de artículos en la publicación Indian Defence Review, es que China lleva años incrementando su asertividad en la zona mientras los políticos indios prefieren mirar para otro lado. “Señales agresivas de decisión, como ejercicios militares o movilizaciones, o supuestas ventanas de oportunidad táctica en un sector diferente de las fronteras en disputa entre India y China podrían llevar a cualquiera de los dos bandos a calcular mal, lo que puede resultar en una escalada inadvertida o accidental. Y cualquier disparo que empiece en la frontera podría incluso expandirse a otros dominios como la ciberguerra o el enfrentamiento naval”, afirma el artículo en 'Foreign Policy'.

Incluso en momentos de paz, China e India no terminan de llevarse bien: ambos países mantienen una rivalidad más amplia, derivada de la tolerancia india hacia las actividades del Dalai Lama y la causa tibetana y de la tendencia de Nueva Delhi a alinearse con EEUU, Australia y Japón, así como de la resistencia india a la Belt and Road Initiative, el megaproyecto chino de infraestructuras en el continente asiático y otras zonas. “Tal vez dentro de veinte años, cuando desarrollemos nuestra infraestructura fronteriza a la par con los chinos, podamos ser más receptivos a una mejor conectividad y estar más relajados sobre esta disputa. Pero no por ahora”, indica un ex oficial del ejército citado por el periódico The Hindu. De momento, incluso una pequeña carretera es percibida como problemática. Y lo malo es que dos grandes potencias parecen creer que su imagen internacional depende de lo que suceda con ella.

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