lucha cuerpo a cuerpo contra los yihadistas

Desolación y muerte en Mosul oeste: entramos en el último reducto del ISIS

La realidad sobre el terreno desmonta la propaganda oficial. Sin la cobertura de la aviación de EEUU, el avance contra el ISIS en el laberinto de callejuelas se hace casi imposible

Foto: Un miembro de la policía federal iraquí observa las posiciones del ISIS, en el oeste de Mosul, el 11 de abril de 2017. (Reuters)
Un miembro de la policía federal iraquí observa las posiciones del ISIS, en el oeste de Mosul, el 11 de abril de 2017. (Reuters)

Tras cruzar el último 'check point' de la policía federal de Irak al sur del aeropuerto Internacional de Mosul, un mar de dunas de escombros se abre a nuestro paso. La destrucción es tan salvaje que el recinto aeroportuario está literalmente arrasado. No hay rastro del recibidor del aeropuerto, la torre de control o el hangar. En las pistas de aterrizaje, la mayoría inoperativas, las fuerzas iraquíes han emplazado baterías lanzacohetes para atacar posiciones de los yihadistas del Estado Islámico. Desde allí también despegan helicópteros militares iraquíes que, con el apoyo de la aviación de la coalición internacional, dan cobertura desde el aire a las tropas terrestres que avanzan lentamente por la ciudad vieja de Mosul, donde siguen atrapados más de 400.000 civiles.

A medida que se avanza hacia al casco histórico, se hace evidente la destrucción y desolación en los barrios. El vecindario Al Jadida es el que más ha sufrido los bombardeos de la coalición internacional. Hay escombros por todas partes. Se cree que hasta cerca de 300 civiles murieron en un bombardeo indiscriminado de la coalición el pasado 23 de marzo. Se trata de uno de los ataques más mortíferos de la historia reciente en Irak. El alto número de bajas civiles, todavía por determinar —aún quedan cuerpos enterrados bajo los escombros—, llevó a las fuerzas iraquíes a detener la ofensiva para liberar el lado oeste de Mosul.

Entre los supervivientes al bombardeo está Abu Tareq, excapitán del Ejército de Sadam Husein. Abu Tareq es un superviviente nato: consiguió escapar de la muerte cuando el Estado Islámico arrestó a todos los oficiales en el barrio de Wadi Jayar, al suroeste de Mosul. Poco después, un escondite en el sótano de un edificio abandonado a medio construir le salvó del bombardeo de Al Jadida. “Nos apresaron a 25 entre oficiales y policías y nos llevaron a un colegio. Nos pusieron de rodillas en el patio. Había 41 yihadistas con nosotros”, relata el antiguo oficial.

Ethel Bonet. BeirutEthel Bonet. Beirut

“En todo momento pensé en escaparme. Sabía que era una decisión casi suicida y que solo tendría una oportunidad, así que esperé el momento. Aproveché que un grupo de ellos se había marchado y el resto estaba ocupado interrogando a otros detenidos para salir corriendo. Con todas mis fuerzas corrí y salté el muro del patio de la escuela y me metí en la casa de unos vecinos que me ayudaron a esconderme y, después, a huir cuando la calle estaba despejada”, continúa.

Abu Tareq consiguió llegar hasta el barrio de Mosul Al Jadida, a una distancia a pie de 45 minutos pero que le llevó dos horas porque tenía que esconderse a cada rato. El fugitivo se refugió en casa de unos familiares durante 20 días, y para no ponerlos en peligro decidió marcharse de la casa de su primo. “Me marché por la noche, e iba vestido con chilaba y turbante. Encontré un edificio abandonado que estaba a medio construir y tenía un sótano. Así que decidí quedarme allí". Abu Tareq permaneció en su 'guarida' durante 120 días, saliendo a buscar algo de comida y agua cada tres o cuatro noches.

El 23 de marzo, mientras él permanecía a salvo guareciéndose en un espacio subterráneo, varios cientos de civiles que estaban en sus casas murieron o resultaron gravemente heridos por los bombardeos aéreos. Afortunadamente, su familia se había marchado hacía semanas a la localidad de Al Qayyara, a 30 kilómetros al sur de Mosul.

Un francotirador de la policía federal, en su posición durante combates en el oeste de Mosul, el 9 de abril de 2017. (Reuters)
Un francotirador de la policía federal, en su posición durante combates en el oeste de Mosul, el 9 de abril de 2017. (Reuters)

Lucha cuerpo a cuerpo en un laberinto de calles

Desde hace poco más de dos semanas, las operaciones militares en Mosul se han detenido y la policía federal se limita a defender los barrios liberados, hacer redadas en busca de yihadistas en casas de civiles y a desactivar explosivos diseminados por calles y viviendas. No por ello ha cesado la violencia, ya que cada día hay escaramuzas entre los yihadistas y las fuerzas de seguridad.

Una vez que se ha asegurado un área y se han chequeado las viviendas, los civiles que regresan colocan en la puerta una tela blanca, una señal de que la casa está 'limpia'. Los vecinos que han regresado o no se han podido marchar son pocos, y la mayoría son sospechosos de colaborar con el ISIS. “Hay que tener mucho cuidado y evitar estar mucho rato en un mismo sitio. Hay civiles que son informantes de los yihadistas y envían por GPS nuestra localización”, explica a El Confidencial el teniente Ali, de la unidad de inteligencia de la policía federal iraquí.

Nuestros soldados han recibido un entrenamiento especial en combate urbano. Por eso somos la única fuerza capaz de enfrentarse a los yihadistasSin agua corriente ni electricidad y apenas comida, las condiciones en los barrios liberados de Mosul oeste son muy duras. Algunas ONG locales entran en los vecindarios liberados y reparten alimentos a los civiles. “Atendemos diariamente a un total de 1.000 civiles. Les damos pan, arroz, algo de verdura y carne en lata”, indica Omar, que trabaja como voluntario para la asociación caritativa Al Safa.

A las afueras de Mosul hay otro punto de distribución de alimentos. Los encargados de cocinar y repartir tres comidas al día son voluntarios de las cofradías religiosas chiíes que siguen la orden del influyente clérigo chií Moqtada al-Sadr. “Hace 40 días que nos instalamos aquí para ayudar a los civiles que salen de Mosul. Nos llevamos bien con todo el mundo. Ayudamos a todos, ya sean suníes, chiíes o cristianos”, defiende Ali, un voluntario, ante la mala reputación que tienen las milicias chiíes en la prensa internacional.

A la vanguardia de las operaciones para la liberación de Mosul está la División de Respuesta Rápida (DRR), unidad de élite de la policía federal que lucha cuerpo a cuerpo contra los yihadistas en las laberínticas callejuelas de la segunda ciudad iraquí. “Nuestros soldados han recibido un entrenamiento especial en combate urbano. Por eso somos la única fuerza capaz de enfrentarse a los yihadistas”, asegura el capitán Firas, portavoz de la DRR.

La plaza de los Mártires en la ciudad vieja de Mosul, donde el ISIS hacia ejecuciones públicas. (Ethel Bonet)
La plaza de los Mártires en la ciudad vieja de Mosul, donde el ISIS hacia ejecuciones públicas. (Ethel Bonet)

Para reducir lo mayor posible el número de bajas civiles, las DRR se desplazan en grupos de seis con armas ligeras en las calles estrechas y densamente pobladas. "El principal problema al que nos enfrentamos es que los yihadistas están usando a civiles como escudos humanos. Colocan a francotiradores en las azoteas de las casas y dentro tienen a civiles retenidos. Son unos cobardes, apenas ofrecen resistencia. Sus tácticas son muy sucias: coches suicidas, escudos humanos y plantar explosivos”, explica a El Confidencial el capitán Firas.

Actualmente, el frente se encuentra en el área que rodea Bab Al Tob, uno de los zocos centenarios del casco antiguo, donde está la plaza que el ISIS utilizaba para las ejecuciones públicas.

A pesar de la propaganda del Ejército iraquí, que desde hace semanas asegura tener rodeada la gran mezquita Al Nuri, donde Abu Bakr Al Bagdadi dio su primer discurso, la realidad sobre el terreno es otra. Sin la cobertura de los aviones de EEUU, es muy difícil poder avanzar por entre las laberínticas callejuelas del casco viejo de Mosul.

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