su apuesta para el tribunal supremo

¿Por qué Gorsuch es la nominación más importante de Trump hasta la fecha?

El presidente Trump elige a Neil Gorsuch para el Supremo en un intento por convertir a la máxima instancia judicial en la piedra angular de su programa para cambiar EEUU

Foto: El nominado a la Corte Suprema, Neil Gorsuch, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. (EFE)
El nominado a la Corte Suprema, Neil Gorsuch, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. (EFE)

Donald Trump acaba de realizar su nominación más importante hasta la fecha. El presidente de EEUU ha elegido a Neil Gorsuch, un juez de apelación de 49 años de Colorado, para la plaza vacante del Tribunal Supremo, un cargo vitalicio, con el que busca convertir a la máxima instancia judicial del país en la piedra angular de su programa para cambiar Estados Unidos. De tendencia más centrista que el resto de los candidatos, Gorsuch deberá ocupar el puesto del fallecido juez conservador Antonin Scalia.

Gorsuch deberá afrontar ahora una tenaz resistencia a su nominación por parte de los senadores demócratas, que se preparan para obstruir su nombramiento. El Partido tiene 46 senadores, por lo que puede entorpecer los planes de Trump, cuyo candidato debe contar con el respaldo de 60 votos (los republicanos cuentan con 52). Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata, ha perfilado hoy la batalla en ciernes al afirmar que Gorsuch debe demostrar que "en esta nueva era está dispuesto a defender con vigor" la Carta Magna "de los abusos del poder ejecutivo".

"Si el fundamento [del veto migratorio] es más económico, más proteccionista, que una cuestión de seguridad, Gorsuch podría tumbarlo"El Tribunal Supremo emite generalmente fallos sobre cuestiones de importancia nacional —como en el caso de la batalla por Florida en las presidenciales del año 2000 entre Al Gore y George W. Bush—, pero su poder también posee enormes ramificaciones en clave internacional. Por ejemplo, el Supremo probablemente deberá decidir sobre el veto migratorio impuesto por el presidente, que afecta a más de 130 millones de personas de siete países de mayoría musulmana. Varios tribunales menores han paralizado temporalmente ciertos aspectos de la orden ejecutiva, definida por los fiscales generales de 16 estados como "inconstitucional, antiestadounidense e ilegal". Asimismo, Trump cesó el martes a la fiscal general Sally Yates por su rechazo a defender el veto en los tribunales.

"La historia de EEUU siempre ha estado vinculada a este juego de poder entre el poder político y el poder judicial. El Supremo interviene mucho en cuestiones políticas porque casi todos los asuntos en EEUU se acaban judicializando. Cuando crean su Estado, los norteamericanos quieren apartarse del modelo británico. Se dan cuenta de que el Parlamento es un instrumento esencial, pero que debe ser controlado porque puede llegar a oprimir a una minoría. Por ello, otorgan mucho poder al presidente y desarrollan un modelo de control, conceden un papel de control a los jueces para que vigilen a la mayoría. De hecho, al Supremo se le llama el 'Watchdog' [perro guardián]", explica a este diario Federico de Montalvo, doctor en Derecho y profesor de Derecho Constitucional comparado en la Universidad Pontificia Comillas.

En el caso, por ejemplo, del veto migratorio, el Tribunal Supremo deberá dictaminar cuáles son los papeles constitucionales del presidente en esta materia, cuál es el interés general que se pretende proteger ("la seguridad", según la Administración Trump) y la garantía de los derechos. Para los demócratas, las sentencias que Gorsuch ha emitido en el pasado demuestran "un enfoque ideológico de la jurisprudencia" que les hace ser "escépticos" sobre su capacidad de convertirse en un "juez fuerte e independiente" en el Tribunal Supremo, en palabras de Chuck Schumer.

El profesor Montalvo tiene una visión diferente: "Gorsuch es 'originalista', que son aquellos juristas que piensan que la Constitución se debe interpretar de acuerdo con la tradición histórica de la voluntad de los padres fundadores. EEUU se ha conformado sobre la base de la inmigración. Si el fundamento [del veto] es más económico, más proteccionista, que una cuestión de seguridad, Gorsuch podría tumbarlo".

Neil Gorsuch, junto a Antonin Scalia, el juez fallecido cuyo puesto ocuparía en el Supremo. (Reuters)
Neil Gorsuch, junto a Antonin Scalia, el juez fallecido cuyo puesto ocuparía en el Supremo. (Reuters)

Como juez de la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito, Gorsuch ha defendido firmemente la pena de muerte y la libertad religiosa de los individuos por encima de las regulaciones del Gobierno. Aunque nunca ha emitido una sentencia sobre el aborto, sí ha asegurado que no hay ninguna "base constitucional" que respalde la idea de que debe darse prioridad a la libertad de elección de la madre. Uno de los casos que le catapultaron a la fama es el de la compañía de artesanía Hobby Lobby, que demandó al Gobierno para lograr que no fuese obligatorio proporcionar a sus empleados seguros médicos con cobertura de anticonceptivos, como establece la ley sanitaria proclamada en 2010 por Obama y conocida como Obamacare.

En un falló de 2013 de la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito, Gorsuch consideró que la ley sanitaria obligaba a la compañía Hobby Lobby y a otros grupos religiosos a "violar su fe religiosa al obligarles a prestar un grado inadmisible de asistencia" que vulnera sus creencias. Esta oposición a la ley sanitaria de Obama podría haber conquistado a Trump, quien ha prometido derogarla y que tras tomar posesión el pasado 20 de enero, se apresuró a firmar una orden ejecutiva para debilitar la reforma sanitaria.

Defensor de los valores "tradicionales" de EEUU, Gorsuch se crió en Colorado aunque conoce bien los entresijos políticos de Washington, donde su madre, Anne Gorsuch Burford, trabajó entre 1981 y 1983 como directora de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) bajo el mando del expresidente Ronald Reagan. Influido por los valores de su madre, el joven Gorsuch cofundó la revista 'The Fed' para dar voz a los ideales conservadores en la progresista Universidad de Columbia en Nueva York, desde la que pasó a las prestigiosas universidades de Harvard y Oxford, donde obtuvo su doctorado.

Comenzó su carrera legal en la década de los noventa, trabajó durante un año para el juez conservador del Tribunal Supremo Anthony Kennedy y, en 2006, el expresidente George W. Bush nominó a Gorsuch para la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito, una instancia inferior al Tribunal Supremo. Dos meses después de su nominación, Gorsuch logró la confirmación del Senado con el respaldo de demócratas y republicanos.

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