205 muertos en lo que va de año

La oleada de atentados que ha desestabilizado Turquía

El país ha sufrido más de 430 ataques terroristas en el último año y medio. El Estado Islámico, la guerra con los kurdos y la inestable frontera con Siria castigan al gobierno de Erdogan

El fallido golpe de Estado en Turquía abre una profunda herida en su sociedad. La fatídica noche del viernes 15 de julio incrementa aún más la inestabilidad del país, que tiene en la guerra contra el terrorismo otro de sus grandes desafíos. Al menos 431 atentados se cometieron en Turquía en el último año y medio. Es el peor registro desde 1992, cuando 1.233 personas fallecieron en un total de 514 actos violentos, según datos del Global Terrorism Database

El pasado 2 de julio moría en un hospital de Estambul Rayyan Mohammed. El pequeño de cuatro años se convertía en la víctima 45 de la masacre del aeropuerto internacional Atatürk ocurrida cuatro días antes. El último ataque terrorista deja un total de 205 muertos este año, diez veces más que los registrados hasta julio de 2015. Ante la oleada de incidentes, Turquía y la Unión Europea viven un constante cruce de acusaciones sobre la responsabilidad de permitir la entrada de yihadistas al país. Entre tanto, ningún grupo se atribuye la matanza en la capital. “Está claro que fue Daesh”, clamaba horas después de las explosiones el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en referencia al Estado Islámico.

El ISIS reivindicó tres de cada diez atentados ejecutados el pasado año en suelo otomano, mientras que el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) lo hizo del 65%. De cumplirse la hipótesis de Erdogan, el ataque de Estambul sería el cuarto de los militantes del 'Califato' en 2016. “La dificultad es que el Estado Islámico no ha reclamado la mayoría de los atentados en Turquía”, observaba en su cuenta de Twitter Rukmini Callimachi, corresponsal del New York Times centrada en Al-Qaeda e ISIS. "Es una táctica dirigida a fomentar desconfianza hacia el Gobierno y aumentar la tensión social", responde desde Washington Aaron Stein, analista de Oriente Medio en el Atlantic Council.

Una de las claves del aumento de la violencia llega de los 900 kilómetros de frontera que comparte con Siria. La guerra civil iniciada en 2011 dejó, por ahora, 270.000 muertos y 11 millones de refugiados, la mitad de la población antes del comienzo del conflicto. Más de 2,5 millones de ellos se encuentran hoy en Turquía, cuyos relajados controles en puestos fronterizos convirtieron el norte de Siria en un campo de entrenamiento para yihadistas de todo el mundo. El ataque contra el semanario 'Charlie Hebdo' obligó al gobierno de Erdogan, presionado por Europa, a imponer restricciones de tránsito de bienes y personas hacia el interior del 'Califato’.

El embajador turco en Estados Unidos, Serdar Kilic, saltó contra los ataques sobre la negligencia turca frente a la amenaza yihadista con una carta al New York Times, en la que destacaba los esfuerzos de su país por frenar la violencia. “Se han deportado más de 3.600 extranjeros y detenido a 5.310 miembros del Daesh, Frente Al-Nusra y Al-Qaeda”, enumeraba el diplomático. Otra de las actuaciones de los otomanos por frenar al ISIS se encuentra en el corredor de Azaz, localidad siria situada a apenas 7 kilómetros de la frontera.

"Turquía lucha por controlar esta zona como un amortiguador ante el avance de los kurdos", mantiene Stein. El experto afirma que las tropas turcas "tienen cierto éxito en la frontera", pero que su apoyo a grupos "débiles y divididos" le impiden desafiar a las milicias kurdas y del Estado Islámico.

La reciente amenaza de los seguidores del 'Califato' se suma a la guerra que el Estado otomano mantiene contra el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, que desde finales de los años setenta lucha por la autonomía de la región. Más aún desde que las Unidades de Protección Popular (YPG), que Turquía considera como una extensión del PKK, combaten al Estado Islámico en el norte de Siria desde la autoproclamada región autónoma de Rojava.

La Unión Europea y Estados Unidos catalogan como grupo terrorista al Partido de los Trabajadores de Kurdistán, pero no así al YPG sirio pese a los intentos de Erdogan. "Los dos grupos están estrechamente relacionados", asevera Stein, que explica la connivencia de Occidente con los kurdos sirios del YPG por "haber demostrado una capacidad militar excelente y sin lazos con el terror yihadista". "Son un gran socio en los planes norteamericanos en la región", continúa el experto.

Los ataques turcos a las fuerzas kurdas de Siria toparon con el rechazo de la Unión Europea y Estados Unidos, que ya en febrero exigió el fin de los bombardeos. “Tenemos informes sobre los ataques de artillería al otro lado de la frontera y demandamos a Turquía el cese de la violencia”, señaló en febrero de este año John Kirby, portavoz del Departamento de Estado americano, que también demandó al YPG que frenase en su avance hacia nuevos territorios. Stein considera que los eventos obligarán a que el Gobierno de Erdogan acabe por buscar una reconciliación con las milicas kurdas para asegurar la estabilidad, aunque advierte de que Turquía "adopte una actitud dominante" en las negociaciones.

Por el momento, sin embargo, el analista observa que "la amenaza del Estado Islámico es equiparable a la del PKK y el YPG desde Ankara". Ante los micrófonos de la BBC, una de las portavoces del Kurdistán Iraquí denunciaba que "Turquía apoya descaradamente al ISIS y a Al-Qaeda al luchar contra los guerrilleros kurdos". Mientras la guerra continúa en las localidades kurdas y la frontera con Siria, el país se mantiene en vilo tras la trágica noche del golpe fallido.

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