el juicio ha durado ocho meses

Vatileaks: condenado el sacerdote español que filtró datos de corrupción del Vaticano

El caso de la mayor filtración de documentos de la Santa Sede llega a su fin, al menos por ahora. Los principales imputados han sido condenados a 18 y 10 meses de prisión, pero no pisarán la cárcel

Foto: Protesta contra el procesamiento a los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldo por haber publicado las filtraciones del Vatileaks. (EFE)
Protesta contra el procesamiento a los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldo por haber publicado las filtraciones del Vatileaks. (EFE)

El pasado martes 5 de julio, en una de las últimas audiencias del juicio Vatileaks II (que se celebra en un tribunal ubicado en el Vaticano), no hubo mucho lugar para la galantería. Algo, quizás, esperable tratándose del mayor escándalo de filtración de documentos reservados de la era del papa Francisco. “Escúchame bien, gusano. No valías y no vales nada. (…) Gusano. Mierda de puto, yo te ‘ensucio’ ante la prensa. Mierdas como tú no se merecen nada”. Este fue el texto, leído en público durante la audiencia por la abogada Manuela Bellardini, que integraba un mensaje telefónico enviado por la relaciones públicas italo-marroquí Francesca Chaouqui (San Sosti, 1982) al sacerdote español Lucio Vallejo Balda (Villamediana de Iregua, 1961). Bellardini pretendía demostrar así que su cliente había sido presionado para traicionar la confianza del Papa y difundir decenas de miles de documentos sobre las finanzas vaticanas, una tesis que rechazó en su totalidad la defensora de Chaouqui, Laura Sgro.

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Chaouqui, considerada una especie de Mata Hari de nuestros días y quien acaba de dar a luz a un bebé, y Vallejo Balda, un prelado de 54 años cercano al Opus Dei que por estos hechos vive recluido en el Vaticano desde el pasado 1 de noviembre, se gastaban así sus últimos envenenados cartuchos antes del veredicto final, en un proceso en el que también fueron acusados los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi, en su caso por haber publicado en dos libros la información revelada por el sacerdote y la mujer, básicamente revelaciones sobre la guerra intestina contra las reformas de Francisco y múltiples casos de malversación de fondos y el despilfarro en la Santa Sede. 

Vallejo Balda ha sido finalmente condenado a 18 meses de prisión, mientras que Chaouqui ha recibido una pena de 10 meses, suspendida por cinco años. Se trata de condenas relativamente leves, teniendo en cuenta que se enfrentaban a posibles penas de hasta ocho años. En próximos días y “hasta nuevo aviso”, Vallejo Balda estará "en régimen de semilibertad”, afirmó el portavoz, Federico Lombardi. En concreto, el sacerdote no podrá salir del Vaticano, pero sí circular “con una cierta libertad de movimiento” dentro del diminuto Estado, “como ha ocurrido en los últimos meses”, añadió Lombardi. No obstante, el portavoz no supo aclarar con exactitud qué ocurrirá posteriormente.

Los dos periodistas, en cambio, quedaron libres de cargos, ante el razonamiento legal del juez de que el tribunal no tiene jurisdicción para juzgarles. "¿Me invitan a cenar?”, dijo un sonriente Vallejo Balda, al conocerse el veredicto. “Ha sido reconocido el derecho que tenemos los periodistas a ejercer nuestra labor también cuando se habla de temas vaticanos”, fue, en cambio, el comentario de Nuzzi.

No obstante, el cierre del juicio no supone el fin de los escándalos vaticanos, ni mucho menos. En opinión de la mayoría de los vaticanistas, “es más bien lo contrario, lo que ha demostrado este juicio es que Francisco está a mitad camino y hay todavía mucho por descubrir de los tejemanejes vaticanos. Dentro de la Santa Sede, siguen produciéndose tramas y hay 'lobbies' y centros de poder que siguen haciendo de las suyas”, según dice a El Confidencial el mexicano Jorge Sandoval, vaticanólogo acreditado ante la Santa Sede desde hace más de 40 años. “El juicio Vatileaks ha arrojado luz, audiencia tras audiencia, sobre la turbia realidad de los aparatos internos [del Vaticano] que han trabajado para bloquear los cambios [llevados adelante por Francisco] y para conseguir ventajas personales”, escribía hace algunos días el vaticanista Francesco Peloso, en las páginas del diario italiano 'L’Unitá'.

El camino de Francisco parece, por tanto, todo cuesta arriba. De hecho, según el experto en temas de religión y escritor Marco Politi, lo que ha quedado evidenciado es “el hecho gravísimo de que el Papa es un jefe de Estado vulnerable, que no se puede fiar ni de sus colaboradores más estrechos”, algo que no tiene precedentes en el mundo actual. “Ni al presidente estadounidense Barak Obama, que fue salpicado por el caso de Edward Snowden [el antiguo empleado de la CIA que reveló documentos de la Agencia Nacional de Seguridad], le ha pasado algo similar, pues Snowden no era un empleado de la Casa Blanca mientras que Vallejo Balda sí es un empleado del Vaticano”, dijo Politi a El Confindencial.

La imputada Francesca Chaouqui, a su llegada al Tribunal del Vaticano que juzga el caso, el 5 de julio de 2016. (EFE)
La imputada Francesca Chaouqui, a su llegada al Tribunal del Vaticano que juzga el caso, el 5 de julio de 2016. (EFE)

Espionaje cibernético

Otro aspecto totalmente novedoso son los flecos de espionaje cibernético que el caso Vatileaks II ha revelado, dado que esto era completamente desconocido en lo que se refiere a la Iglesia. De hecho, según admitió él mismo durante su interrogatorio el pasado 14 de marzo, Vallejo Balda le entregó al periodista Nuzzi, a través de WhatsApp, cinco páginas con 87 claves de acceso a correos electrónicos y documentos encriptados de una comisión nombrada en 2013 -disuelta un año más tarde- por Francisco para estudiar la reforma financiera integrada por Vallejo Balda y Chaouqui.

De hecho, estas claves, según los fiscales vaticanos, fueron usadas para acceder de manera remota a un programa informático del Vaticano, creado por el marido de Chaouqui, un exasesor del Vaticano que también realizó el sistema de seguridad del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el llamado Banco Vaticano. “Lo que, junto con los documentos entregados en papel y las conversaciones privadas de Francisco, grabadas por Vallejo Balda, constituyen el grueso del material usado en los libros”, precisa Politi, al añadir que, a pesar de todo, no cree que esto impida que el Papa siga llevando adelante sus cambios. 

El caso es que, si la guerra por el poder que asola a la Iglesia romana es una preocupación que concierne más a la sempiterna batalla que existe entre las diferentes almas del Vaticano, más inquietante es, según los analistas, que el Vaticano también haya decidido poner en tela de juicio la libertad de prensa, al procesar a los dos periodistas. “No ha sido una buena señal que los fiscales vaticanos hayan pedido para Nuzzi una condena de un año de reclusión, con suspensión condicional de la pena”, argumenta Sandoval. “No sé a quién se le ocurrió la idea de juzgarlos, lo que deberían haber hecho desde hace tiempo es pedir disculpas y enviarlos a casa”, coincide Politi. El Vaticano, a diferencia de la mayoría de estados democráticos en el mundo, no posee legislación alguna de tutela de la libertad de información.

En este debate, además de prestigiosos periodistas y magistrados italianos, también han intervenido en los últimos días decenas de ciudadanos a través de las redes sociales, quienes publicaron sus comentarios bajo el 'hashtag' #AssolveteNuzzieFittipaldi (absuelvan a Nuzzi y Fittipaldi), en una iniciativa promovida por la editorial de Nuzzi, Chiarelettere, y apoyada también por el director del diario 'Il Fatto Quotidiano', Peter Gomez. De igual forma, el caso ha obtenido una gran atención mediática en las páginas de los diarios italianos.  

Dicho esto, desde que el pasado 24 de noviembre empezó el juicio -que se alargó más de lo previsto y deseado por el mismo pontífice-, casi la totalidad de los observadores y sacerdotes cercanos al Vaticano creen que Francisco optará por dar el perdón, tarde o temprano, a todos los protagonistas de estos hechos. Francisco prefiere ejercitar su autoridad, como en su momento Benedicto XVI -quien perdonó al protagonista del primer Vatileaks, el mayordomo Paolo Gabriele, en diciembre de 2012-, a través de exhibiciones de 'soft power', para no erosionar su imagen de líder carismático, fuerte pero también clemente, como explica otra fuente que pide el anonimato.

Más aún teniendo en cuenta que lo que todavía le espera a Francisco no son reformas sencillas. Sigue pendiente la gran (y muy temida por el clero) reforma de la curia romana y de la maquinaria administrativa del Vaticano, que tantos dolores de cabeza ha dado en el pasado. Están los anunciados cambios para los organismos que se ocupan de difundir la información del Papa y de la Santa Sede, entre ellos el diario y la emisora radiofónica de la Santa Sede, que a menudo están en números rojos. Y también están por finalizar las reformas relativas a las estructuras económicas del Vaticano, en momentos en los que ha surgido un inédito conflicto de competencias entre la Secretaría de Estado y la nueva Secretaría para la Economía, nombrada en febrero de 2014.

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