SE NEGARON A SEPARARSE DEL RESTO

Pasajeros musulmanes evitan una masacre de cristianos en un autobús en Kenia

Los pasajeros musulmanes de un autobús que fue atacado por presuntos miembros de Al Shabab en el noreste de Kenia evitaron una masacre al negarse a separarse del resto de pasajeros

Foto: Agentes se ponen a cubierto durante el ataque contra un centro comercial de Nairobi, en septiembre de 2013 (Reuters).
Agentes se ponen a cubierto durante el ataque contra un centro comercial de Nairobi, en septiembre de 2013 (Reuters).

Los pasajeros musulmanes de un autobús que fue atacado este lunes por presuntos miembros de Al Shabab en Mandera, en el noreste de Kenia, evitaron una masacre al negarse a separarse del resto de pasajeros, informaron este martes medios locales. El ataque acabó con la vida de dos personas y otras tres resultaron heridas, aunque el balance podría haber sido mucho peor de no ser por la valentía de los pasajeros musulmanes, que con su negativa ganaron el tiempo suficiente para que llegaran otros vehículos a la zona y los terroristas huyeran.  

En noviembre de 2014, milicianos del grupo terrorista somalí atacaron un autobús que iba de Mandera a Nairobi y mataron a 28 personas después de hacer bajar del vehículo a los cristianos y perdonar la vida a los musulmanes. "Se negaron a separase de los no musulmanes y dijeron a los atacantes que mataran a todos los pasajeros o se marcharan. Algunos locales resultaron heridos intentando proteger a los no musulmanes", explicó al periódico 'Nation' el gobernador de Mandera, Ali Roba.  

Uno de los supervivientes, que tuvo que ser ingresado en el hospital, explicó que los terroristas decidieron huir cuando escucharon el motor de un camión, al que confundieron con un vehículo de las fuerzas de seguridad. "Nos obligaron a parar disparando contra el autobús y una de las balas me alcanzó en las nalgas. Nos hicieron bajar y uno de los pasajeros intentó huir y le mataron", relató Abdirashid Adan.

En los últimos días la Policía keniana ha comenzado a distribuir las fotos de una docena de presuntos terroristas que podrían haber entrado en el país y estarían planeando ataques.

Veinte meses después del asalto al centro comercial Westgate de Nairobi, Kenia revivió en abril de este año su pesadilla terrorista con otro brutal ataque del grupo yihadista somalí Al Shabab. Esta vez en la modesta y remota Universidad de Garissa, donde asesinó a 147 personas con fusiles y granadas. El atentado de Nairobi en septiembre de 2013 cargó contra el centro de ocio más frecuentado por la comunidad extranjera. La respuesta fue un gran dispositivo de seguridad desplegado por las principales agencias internacionales que ha mantenido la paz hasta ahora, pero solo en la capital. Las zonas rurales, especialmente las que bordean la frontera con Somalia, donde no existen intereses comerciales que proteger y son muy pocos los votos por sumar, quedaron aún más expuestas.

Hubo dos grandes matanzas a finales de 2014 que sirvieron de advertencia: 28 personas ejecutadas de un disparo en la cabeza en un autobús y otras 36 asesinadas en una cantera, ambas en Mandera, a muy pocos kilómetros de Somalia, el país vecino. El Gobierno keniano despreció la amenaza sobre unos ciudadanos que, simplemente, no cuentan, y también descartó, o no leyó, un informe de su propio servicio de inteligencia que alertaba de un ataque inminente contra la Universidad de Garissa. Y ese ataque se produjo el 2 de abril de 2015.

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