La expansión del estado islámico

Mientras el mundo miraba a Ucrania, el ISIS extendía sus tentáculos en Chechenia

Algunos de los islamistas que viajaron a Siria para unirse a la yihad están volviendo a Chechenia. La región, pacificada con puño de hierro por Putin, vuelve a ser un polvorín

Foto: Un millón de personas, en Grozni, protestando contra las caricaturas de Charlie Hebdo. (EFE)
Un millón de personas, en Grozni, protestando contra las caricaturas de "Charlie Hebdo". (EFE)

Hace un mes Moscú celebró con una gran fiesta, para escarnio de EEUU y la UE, el aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia. Ese mismo día, a miles de kilómetros de la capital rusa, Abu Abdullah Shishani, alias 'el Checheno', se despedía de su madre por carta desde Siria: "Mamá, sé que estás llorando, me duele que me hayas perdido y me acuerdo de ti".

Meses antes había llamado a su padre, que vive en Georgia, en un pueblo a pocos kilómetros de la frontera chechena: "Volveré con todos los que me siguen y nos vengaremos de los rusos". El hartazgo de vivir en una zona deprimida había enviado a este joven a la vanguardia de la yihad más célebre del momento. 

El radicalismo del Cáucaso ha descubierto al Estado Islámico, y ahora Rusia teme que los encapuchados de Siria e Irak devuelvan la visita, apoyando el separatismo dentro de Rusia igual que Moscú lo impulsa en Ucrania.

El presidente Vladimir Putin puede presumir de haber impuesto orden en Chechenia, donde todavía existe un movimiento separatista cada vez más contaminado por el extremismo religioso. El dominio ruso se ha logrado a costa de imponer un caudillo, Ramzan Kadirov, que ha construido un estado dentro de un estado, sin garantías ni derechos. Pero el auge del Estado Islámico ha empezado a carcomer ese sangriento castillo de naipes. El ISIS ya tiene presencia en Chechenia.

Putin durante una ceremonia en recuerdo del genocidio armenio (Reuters).
Putin durante una ceremonia en recuerdo del genocidio armenio (Reuters).

"El ISIS está ganando simpatizantes en el Cáucaso Norte y la insurgencia de allí ve los combates en Siria como la 'yihad' del momento", explica Tanya Lokshina, directora de proyectos de Human Rights Watch en Rusia. "Decenas, tal vez centenares, de combatientes de la vecina Daguestán, y también algunos de Chechenia, han sido reclutados y están luchando en Siria, y Kadirov contempla esto como un desafío a su prestigio y a su dominio de la región".

Durante los últimos meses, el Gobierno checheno que Moscú instaló en Grozny, la capital de la república, ha intentado evitar que se agranden estos vasos comunicantes entre los integrantes del Estado Islámico y los islamistas del Cáucaso Norte, que desde hace años plantan cara a Moscú sin gran ayuda del exterior.

En 2007 estos radicales proclamaron un Emirato del Cáucaso en el norte de este territorio. Sin más ley que la sharia y sin más diálogo que el de las armas y los atentados suicida. Dos fueron especialmente sangrientos y en Moscú nadie los ha olvidado: el ataque contra el aeropuerto de Domodedovo en 2011 y el atentado en la estación de tren de Volgogrado en 2013.

Durante el año pasado decreció su actividad. En parte por el férreo control que impuso Rusia en la zona para proteger los Juegos Olímpicos de Sochi, pero también porque el líder que se hizo cargo el año pasado del grupo armado, Aliaskhab Kebekov, había rechazado los ataques contra la población civil. Este lunes se anunció que Kebekov había sido aniquilado, y algunos analistas temen que una facción más radical tome las riendas de un sentimiento independentista que sigue latente. 

Manifestantes islamistas en Chechenia (Reuters).
Manifestantes islamistas en Chechenia (Reuters).

Guerras de ida y vuelta

Dos guerras, la de Ucrania y la de Siria, han distraído la atención y han abierto nuevos horizontes a los guerrilleros del Cáucaso. En Donbás se sabe que hay chechenos luchando en ambos bandos, aunque es especialmente conocido el Batallón Muerte, de unos 300 integrantes.

Hacia Siria, y también hacia Irak, han partido experimentados combatientes chechenos para unirse al Estado Islámico. Hasta 1.700 ciudadanos de la Federación Rusa podrían estar desplegados en la zona, pero los horrores de allí pueden tener billete de vuelta. El general Sergei Smirnov, subjefe del FSB, cree que el ISIS "se está empezando a infiltrar" en Rusia, sobre todo en el Norte del Cáucaso.

Al Qaeda no tuvo estrechos vínculos con los radicales de Chechenia y Daguestán. Pero el ISIS ha sido claro sobre sus intenciones de "liberar Chechenia y el Cáucaso, siguiendo el deseo de Alá", según dijeron en un vídeo de hace unos meses.

Mientras el mundo mira a Ucrania, la olla chechena sigue calentándose a fuego lento. En diciembre de 2014 volvió la violencia con un ataque en el que murieron 14 policías y 11 radicales. Kadirov no acepta desafíos y se ha mostrado dispuesto a expulsar de Chechenia a todos los familiares de los integrantes de este grupo armado y derruir sus casas, un castigo colectivo de dudosa legalidad.

Una mezquita de Grozni, en Chechenia (Reuters).
Una mezquita de Grozni, en Chechenia (Reuters).

La amenaza se ha materializado en varias ocasiones: "Ha habido 16 viviendas derruidas", explica la analista Marta Ter, activista de Txetxenia.org. Y aunque esta política de Grozny se ha recurrido, "desde Moscú se respaldan estas prácticas".

Según el Comité Nacional Antiterrorista (NAK), Kebekov está entre los tres activistas encontrados muertos el lunes tras un enfrentamiento entre fuerzas de seguridad y separatistas armados en las afueras de Buinaksk, una ciudad situada al suroeste de la capital de Daguestán, Majachkala. 

Kebekov, también conocido como Amir Ali Abu-Muhammad, fue elegido el año pasado para suceder a Doku Umarov como líder del Emirato del Cáucaso y estaba catalogado como terrorista por el Departamento de Estado de EEUU desde 2015. Pero no era un guerrero, sino un teólogo. Y sus relaciones con el Estado Islámico eran malas. Su incómoda presencia era un fusible que ha saltado por los aires en una zona donde, como denuncia Ter, "impera una dictadura sin elecciones y donde los derechos humanos se pisan con impunidad" por parte de Kadirov y los suyos. 

Las dos guerras que ha librado Moscú contra Chechenia han dejado semillas de odio. "Mamá, soy un león, no tengas miedo y reza", decía Abu Abdullah, este hijo de georgiano y chechena, en su carta a su familia. Moscú está esperando a que ese león vuelva, furioso, a casa. Y Kadirov es, a pesar de los pesares, el hombre elegido por el Kremlin para plantarle cara.

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