DENTRO DEL MERCADO PARALELO DE DÓLARES

Argentina en la cueva: el mercado negro contra la 'dictadura' cambiaria de Kirchner

Imposible precisar cuánto mueve el dólar blue. Los economistas hablan de entre 10 y 20 millones al día en un mercado tan institucionalizado que los medios informan del valor de su cotización

Foto: Ciudadanos reflejados en la ventana de una casa de cambio en el distrito financiero de Buenos Aires, el pasado mes de agosto (Reuters).
Ciudadanos reflejados en la ventana de una casa de cambio en el distrito financiero de Buenos Aires, el pasado mes de agosto (Reuters).

Argentina arde. La petición de imputación para Kirchner por presunto encubrimiento de terroristas, a raíz de la denuncia presentada por Alberto Nisman días antes de su extraña muerte, ha degenerado en una embestida del Ejecutivo contra la Justicia. Y mientras el país sucumbe a la polarización política, los ciudadanos sufren los vaivenes de su economía. En 2011, Kirchner restringió duramente la compra de divisas extranjeras a particulares, algo que, con la continua devaluación del peso y a las grandes cotas de inflación, provocó una pérdida de valor adquisitivo para los argentinos. Las “cuevas” de cambio, un mercado paralelo de dólares y euros, han supuesto su salvación. Entramos en las tripas de un negocio que mueve 20 millones diarios.

Ya sabía que andabas buscando a un tipo como yo”. Lo dice sonriendo y con un marcado acento italiano mientras estrecha fuerte la mano del turista. Se presenta como Mauricio y emplea mucho la palabra “amigo”. Lleva toda la mañana anclado en una esquina de Lavalle, una de las principales calles peatonales del microcentro porteño. Al contrario que el resto de arbolitos, Mauricio no eleva la voz para anunciar el cambio de divisas al viandante, y sólo se limita a sonreír hasta que uno se le acerca. Cuenta a su favor el aspecto: calvo, corpulento y con un traje blanco y azul celeste; imposible que pase inadvertido.

Lleva ocho meses en Buenos Aires, aunque hace años que abandonó Italia por el sol de Andalucía. “Si pudiera elegir un sitio para vivir sería allí... pero me vine a este país por amor. Ya sabes que pueden más dos tetas que dos carretas”, comenta, y guiña un ojo. Como el amor no da de comer en Argentina, se dedica desde que llegó a captar posibles clientes para una cueva cercana a cambio de una pequeña comisión. Así, cuando uno de ellos se le acerca, interesado en comprar pesos argentinos al valor “paralelo”, solo tiene que conducirle a un pequeño espacio techado en el interior de la calle circundado por comercios aparentemente poco exitosos. “Estas tiendas no son nada, son lo que ves. Viven de ser cuevas”, dice antes de llegar a una supuesta agencia de viajes cuyo escaparate afirma operar con las principales líneas del país.

El turista quiere saber si podrá adquirir sus pesos al mismo precio al que los medios de comunicación establecen el valor del dólar paralelo para ese día. Mauricio se ríe antes de entrar en el local: “Hay veces que los periodistas no tienen ni idea. Ellos dicen que el dólar está a tantos o tantos pesos, pero en realidad su única fuente es una cueva a la que llaman por teléfono a la mañana y les dice lo que le da la gana. No se puede establecer un precio fijo para el blue”, sentencia. La agencia de viajes, en el interior, está muy animada. Unas ocho personas hablan y discuten sobre el precio del dinero. Nada sobre un posible viaje a Europa o a la costa brasileña. En una esquina, un tipo barbudo y armado con una calculadora ejecuta la transacción con el turista detrás de un mostrador. Al salir, Mauricio se despide con un apretón de manos: “ya sabes dónde estoy, si necesitas algo”.

Él es uno de esos personajes que, desde 2011, vienen transformando el paisaje del centro de Buenos Aires. En calles como Florida o Lavalle es imposible no toparse con decenas de personas, arbolitos, que al grito de “cambio” tratan de buscar su comisión de una transacción tan ilegal como cotidiana. En noviembre de ese año, el Gobierno de Cristina Fernández Kirchner restringió duramente la compra de divisas extranjeras a particulares; lo que, en un país que sufre una continua devaluación del peso y grandes cotas de inflación, ha supuesto de hecho la pérdida de valor adquisitivo para muchos argentinos. Ello explica la explosión de las cuevas financieras y sus arbolitos, que sin embargo ya existían en mucho menor número desde al menos las fuertes restricciones cambiarias de 2002, y que tratan de hacer negocio con la compra-venta de un bien de difícil acceso a través del cauce legal: el dólar o el euro.

La presidenta argentina, Cristina Kirchner, junto al lider chino Xi Jinping durante una reciente visita a Pekín (Reuters).
La presidenta argentina, Cristina Kirchner, junto al lider chino Xi Jinping durante una reciente visita a Pekín (Reuters).

“¿Ese policía? Tiene un arreglo con mi jefe”

Sin embargo, y a pesar de que la Ley pena este tipo de transacciones, resulta llamativa la tolerancia demostrada por la Administración. La calle Florida, epicentro de la actividad de las cuevas en Buenos Aires, suele estar blindada por agentes, tanto de la Policía Federal como de la Metropolitana, que patrullan incesantemente entre la multitud. Los arbolitos ni siquiera ocultan su actividad cuando pasan. “Llámame, amigo, en cualquier momento”, dice Martín mientras entrega su tarjeta de contacto, “de todas formas, siempre me vas a encontrar aquí”, en la esquina con Lavalle, a sólo tres metros de un policía federal.

La misma tranquilidad muestra Laura, de no más de veinte años, que trabaja como arbolito en Florida desde hace seis meses. Ella sonríe al peatón y le ofrece cambiar dólares a poca distancia de un agente, que observa la escena impasible. Cuando el cliente, asombrado, le pregunta cómo es posible que le permitan hacer su trabajo sin molestarla, ella le quita importancia: “Oh, no pasa nada, si ese de ahí es amigo mío. Además tiene un arreglo con mi jefe, ya sabes...”, esto último lo dice en voz baja, con tono de confidente. Después añade: “además, tampoco estamos haciendo nada ilegal. O sí, pero ya me entiendes”. Su jefe es el dueño de uno de los quioscos de flores que adornan la calle a pocos metros de Galerías Pacífico. Cuando Laura lleva hasta allí al turista, el quiosquero saca la calculadora y, sin mediar palabra, establece el intercambio pactado.

Un negocio que mueve entre 10 y 20 millones de dólares al día

Aunque resulta imposible precisar el volumen de negocio que mueve el dólar blue, los economistas hablan de entre 10 y 20 millones de dólares al día (unos 200 en el mercado “formal”), y si bien este tipo de operaciones se producen en todo el país, se concentran principalmente en Buenos Aires. Especialmente en su microcentro. Este mercado paralelo se ha institucionalizado tanto en los últimos años que la mayor parte de los medios de comunicación informan a diario tanto del valor de cotización del dólar oficial como del blue.

Imposible precisar cuánto mueve el 'dólar blue'. Se cree que entre 10 y 20 millones de dólares al díaAl contrario de lo que un extranjero podría pensar al pasear por Florida, el mayor volumen de clientes de las cuevas financieras no lo forman los foráneos interesados en aprovecharse de la ventaja cambiaria para rentabilizar sus dólares o euros (actualmente el oficial tiene un valor de alrededor de 8,5 pesos argentinos, mientras que el blue ronda los 14). Son los propios argentinos los que buscan, o bien adquirir dólares de manera extra oficial, o bien vender los pocos dólares que el Gobierno les permite adquirir al mes por un mayor precio al que encontrarían de acuerdo al cambio oficial.

La diferencia se encuentra en el método, ya que no son tantos los argentinos que recorren microcentro a la caza de arbolitos. Según explica a El Confidencial Alejandro, un ciudadano porteño al cargo junto con su esposa de una pequeña gestoría, tanto él como amigos suyos tienen su propio arbolito “fijo y de confianza” al que llaman por teléfono y citan ex profeso en alguna parte cada vez que desean realizar alguna transacción.

Se ahorran así el tedioso paseo por Florida y alrededores, donde hay decenas de arbolitos a cientos de metros a la redonda, de muy diversos aspectos y edades. Se reparten bien el negocio. “No hay competencia entre nosotros: nos tenemos repartidas las calles y las esquinas, y nos solemos llevar bien. Vive y deja vivir, hermano”, explica Hugo, habitual de la esquina con Tucumán. Tiene 26 años y es peruano, aunque lleva algún tiempo buscándose la vida con el business del cambio de divisas ilegal. Antes de despedirse, lanza una pequeña advertencia: “Es cierto que algunos son poco de fiar. Sobre todo tratan de engañar a los turistas, a los que intentan colar billetes falsos y demás, así que ten cuidado, amigo”.

Un hombre lee un periódico a las puertas de la Bolsa de Buenos Aires (Reuters).
Un hombre lee un periódico a las puertas de la Bolsa de Buenos Aires (Reuters).

“Así consolido el valor de mi dinero”

Mario Ferro, contador público y profesor de la Universidad de La Matanza, explica un poco más sobre el origen de las cuevas y la jerga empleada en el mercado paralelo. “Se le dice pintar de verde a la adquisición de dólares. Es decir, yo pinto mis pesos de verde cuando los cambio por dólares o divisa extranjera estable. Así consolido más o menos el valor de mi dinero, que, de otro modo, se iría perdiendo poco a poco teniendo en cuenta la inflación que tenemos”. Sobre el curioso nombre del blue, asevera que “lo llaman así para no decirle directamente negro, pero el blues es la música de los negros”.

Aunque las cuevas empezaron a surgir más o menos abiertamente tras las políticas post-corralito de 2002, Ferro señala los antecedentes en el llamado “Rodrigazo” de 1975. En ese año, el ministro de Economía Celestino Rodrigo intentó atajar la crisis económica que atravesaba el país con medidas como la devaluación elevada del peso respecto al dólar comercial.

Cada vez que aquí se ha querido controlar el mercado de divisas han aparecido cuevas, de una manera o de otra”, señala Ferro, que apostilla con una de esas frases que podría salir de boca de cualquiera de los personajes de una obra de Campanella: “Desde el 75 ya no quedan estúpidos en Argentina. El boludo en este país se cotiza más que el dólar”.

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