los ciudadanos, a la espera del dinero de eeuu

Cuba, el día después del embargo

Pasado el primer momento, en que la inmensa mayoría del país celebró el comienzo de negociaciones, la gente comienza a sacar cuentas y a pensar en el futuro

Foto: Adolescentes cubanos durante una lección de  boxeo en el centro de La Habana (Reuters).
Adolescentes cubanos durante una lección de boxeo en el centro de La Habana (Reuters).

A lo lejos, las inmensas grúas chinas marcan el paisaje como una premonición de los nuevos tiempos que llegan. Son la imagen más visible de un proyecto de inversión mucho mayor, que se empeña en convertir a una pequeña bahía en la mayor terminal para contenedores de la cuenca del Caribe.

Todo cambia a marcha forzadas en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDIM), la principal apuesta económica de Cuba durante el último medio siglo. A horcajadas del nuevo Canal de Panamá y la incontenible expansión china, y amparado por casi mil millones de dólares del Gobierno brasileño, el proyecto que se levanta a treinta kilómetros hacia el oeste de La Habana es la joya de la corona del actual proceso de modernización económica que vive la isla.

Pasado el primer momento, en que la inmensa mayoría del país celebró el regreso de 'Los Cinco' y el comienzo de negociaciones, la gente comienza a sacar cuentas y a pensar en el futuroNada de esto tendría sentido sin los cambios en la política norteamericana hacia Cuba. Para resultar eficiente, el Mariel necesita brindar servicios a los buques de línea que van hacia los Estados Unidos o retornan desde allí, algo que hoy resulta imposible debido al cuerpo de leyes que conforman la política estadounidense del bloqueo (embargo, para EEUU). Bajo sus postulados, toda nave que amarre en la Mayor de las Antillas debe aguardar al menos seis meses antes de atracar en alguna rada norteamericana, un obstáculo que muchos esperan ver desaparecer o al menos atemperarse después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

A la espera de los cambios

Tanto para las más altas instancias como para los ciudadanos comunes, la semana pasada terminó llena de incógnitas... y expectativas. “Decir que todos los cubanos están felices sería demasiado absoluto, pero lo cierto es que no me he topado aun con ninguno que no lo celebre”, escribió Fernando Ravsberg, un periodista uruguayo radicado en La Habana desde hace casi dos décadas.

Cubanos caminan por el centro de La Habana (Reuters).
Cubanos caminan por el centro de La Habana (Reuters).

Pasado el primer momento, en que la inmensa mayoría del país celebró el regreso de “Los Cinco” (los agentes cubanos que permanecían presos en EEUU) y el comienzo de negociaciones para normalizar vínculos con los Estados Unidos, la gente comienza a sacar cuentas y a pensar en el futuro.

“Si te lees el discurso de Obama (que fue publicado por Granma, principal rotativo del país), te das cuentas de que los cambios van a ser graduales, pero bien profundos”, asegura Alberto, propietario de una casa renta en la que alquila dos habitaciones para extranjeros. “¿Tú te imaginas la cantidad de americanos que van a venir cuando quiten las restricciones de los viajes? Imagínate que con todo y pese a que estaba prohibido por sus leyes, este año yo alojé como a diez y te digo que son de los que mejor pagan”.

Para los ciudadanos comunes, la semana pasada terminó llena de incógnitas... y expectativas. ‘Decir que todos los cubanos están felices sería demasiado, pero lo cierto es que no me he topado aun con ninguno que no lo celebre’, escribió Fernando RavsbergComo él, otros muchos auguran una nueva “invasión” estadounidense, que pudiera poner en tensiones las capacidades hoteleras, sobre todo en La Habana y algunas ciudades del interior del país. De hecho, hace varios meses un estudio del Ministerio de Turismo señalaba que, de eliminarse las restricciones a los viajes para ciudadanos estadounidenses, su número de visitantes podría llegar hasta un millón, y eso solo en el primer año (entre 2006 y 2013 su cifra pasó de poco más de 36.000 a casi 170.000, según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba).

Por eso no sorprenden las labores de expansión en numerosos hostales “del Estado” y particulares, aunque el proceso comienza a extenderse incluso a las paladares (restaurantes privados) y centros recreativos.

El dinero “de afuera”

En los últimos años, el dinero llegado a Cuba desde los Estados Unidos tuvo signos contradictorios. De una parte estaba el que recibían algunas “organizaciones” opuestas al Gobierno; de la otra, el que miles de emigrados enviaban en forma de remesas a sus familiares.

Un niño cubano en  un concierto reciente de Silvio Rodríguez en La Habana (Reuters).
Un niño cubano en un concierto reciente de Silvio Rodríguez en La Habana (Reuters).

Tras los acontecimientos de este 17 de diciembre, los envíos del primer tipo deberán disminuir en una tendencia inversamente proporcional a lo que pudiera suceder con los recursos que tienen por destino a la economía familiar. Al menos así piensa el cubano promedio, que tiene a las remesas como una de sus principales fuentes de ingresos (algunos estudios cifran ese segmento hasta en un 40% del total).

Ahora muchos saldrán beneficiados con el incremento hasta 2.000 mil dólares en la cifra que cada trimestre podrán recibir desde los Estados Unidos, pero, según analistas, el verdadero fin del actual proceso estará en la llegada de inversiones estadounidenses a Cuba. A ese objetivo apunta la nueva Ley para la Inversión Extranjera, aprobada hace meses por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Después de casi 54 años de su salida, tras las nacionalizaciones del por aquel entonces naciente Gobierno Revolucionario, el futuro previsible de Cuba tiene a los inversores norteamericanos entre sus protagonistas. De la nueva zona industrial del Mariel a los pequeños negocios, la isla espera.

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