EL CONFIDENCIAL, EN PRIMERA LÍNEA DE COMBATE

“Regresé a Irak para matar terroristas”

Miles de kurdos vuelven a su tierra para luchar contra los yihadistas. El Confidencial comprueba en el frente que las armas de occidente empiezan a llegar a Irak

Miles de kurdos residentes en el extranjero vuelven a su tierra, el Kurdistán, para luchar contra los yihadistas del Estado Islámico. El Confidencial comprueba en primera línea del frente que las armas de occidente empiezan a llegar al norte de Irak. 

El capitán Yama Madid Ahmad sonríe mientas apunta con su fusil. Dicen que nunca tuvo miedo, ni siquiera cuando era un joven peshmerga (guerrero kurdo) que luchaba contra las tropas de Sadam Husein. El resto de su brigada porta kalashnikovs pero él empuña un M16, un arma norteamericana. Cuando le preguntamos de dónde sacó el fusil, contesta sin tapujos: “Hay más, por fin empezaron a llegar las armas de los alemanes”.

El resto de su brigada porta kalashnikovs pero él empuña un M16, un arma norteamericana. Cuando le preguntamos de dónde sacó el fusil, contesta sin tapujos: ‘Hay más, por fin empezaron a llegar las armas de los alemanes’La canciller Angela Merkel defendió hace días la decisión que, en principio, tomó su Gobierno de enviar armamento a quienes están combatiendo al grupo yihadista Estado Islámico (EI), en el Norte de Irak. Los gobiernos de Francia, Italia y Gran Bretaña también anunciaron que los kurdos comenzarán a ser abastecidos con armas para hacer frente a la ofensiva lanzada por esta milicia, el pasado junio.

Esta medida anunciada los países europeos se suma a los ataques aéreos lanzados por Estados Unidos contra posiciones del EI, que han jurado formar un califato en una región que podría extenderse desde la ciudad de Alepo, en Siria, hasta el propio Bagdad, en el centro de Irak.

El apoyo aéreo es fundamental ya que los kurdos tan sólo cuentan con algunas unidades de eurocopter EC120 Colibrí, un helicóptero ligero de fabricación china que es usado por la policía para operaciones de vigilancia. No tiene capacidad para bombardear objetivos enemigos.

En cualquier caso, la ayuda estadounidense y europea no es la única. Irán fue el primer país en suministrar armamento y munición a las fuerzas kurdas, según reveló esta semana el presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani.

Tampoco es la primera vez que los kurdos trabajan codo con codo con los norteamericanos para enfrentar una amenaza común. En 1988 mediante el llamado “Acuerdo de Washington”, desplegaron agentes de la CIA en el Kurdistán, en lo que sería el nacimiento de una relación de cooperación entre los peshmerga y Estados Unidos para luchar contra el Gobierno de Sadam Husein. De hecho, el papel de los peshmerga fue vital para la caída del fallecido dictador.

Combatientes kurdos observan el frente de Yalawla (Reuters).
Combatientes kurdos observan el frente de Yalawla (Reuters).

El retorno de los peshmergas

Para saber qué tipo de armamento utiliza el ejército kurdo y si cuentan con apoyo extranjero hay que adentrarse en el frente de batalla, una tarea que no es fácil. Los peshmergas no son como los rebeldes de Siria o Libia, donde los periodistas podían empotrarse fácilmente con ellos y acompañarlos en su guerra de trincheras. Los kurdos son organizados y no quieren poner en peligro a los periodistas extranjeros, a sabiendas de que un muerto o un secuestrado supondrían un borrón en su historial. Y más en estos momentos, cuando trazan alianzas con Occidente para recibir logística y armamento.En esta improvisada trinchera, un grupo de unos quince combatientes se enfrentan a tiro limpio contra los yihadistas, a las puertas de Yalawla

Por eso aquí los permisos no sirven. Se trata de insistir y dormir días en los puestos de control hasta que algún general asume los riesgos. Fue así como el capitán Yama Madid se decidió a montarnos en su pick-up y trasladarnos hasta el frente de batalla de Yalawla, una localidad situada al sureste de Kirkuk. Incluso cuesta que cualquier taxista te acerque al primer check-point, por miedo a ser secuestrados o volar por los aires a causa de alguno de los explosivos que minan la carretera.

Pero a Madid no parece importarle todo esto. Acelera hasta llegar a un cerro. Allí nos invita a subir. En esta improvisada trinchera un grupo de unos quince combatientes se enfrentan a tiro limpio contra los yihadistas, a las puertas de Yalawla.

El combate en la trinchera

Han levantado un muro de hormigón y desde ahí disparan sin cesar. Casi todos andan con la cabeza gacha para no recibir fuego enemigo, pero el capitán dirige a su brigada con el cuerpo bien erguido. Uno de los chavales vacía su “machine gun” orgulloso. Aunque nos asomamos tímidamente por lo orificios de la pared no somos capaces de divisar el objetivo. Al parecer, los fundamentalistas se encuentran acantonados detrás del puente, ya dentro de Yalawla. La escena bizarra la constituye otro de los reclutas que se lava semidesnudo en un barreño, mientras sus compañeros libran combate. “No, no me grabes”, exclama.

‘Yo también vivo en Inglaterra, pero me vine a asesinar terroristas. Mi novia no lo entiende porque es inglesa pero me esperará’, nos comenta un joven soldadoA su lado, Suleiman, un peshmerga muy joven, se acerca para preguntarnos si somos del Real Madrid o del Barcelona -la pregunta más recurrente una vez comprueban que somos españoles-. Entablada la conversación nos pide que le hagamos una foto para mandarle a su novia que reside en Birmingham. “Yo también vivo en Inglaterra, pero me vine a asesinar terroristas. Mi novia no lo entiende porque es inglesa pero me esperará” nos comenta.

Hasta el momento mucho se ha hablado de los extranjeros que luchan en las filas del EI. Son 12.000 de 50 países, incluidos un centenar de EEUU. En total la banda suma 50.000 hombres, según los servicios de inteligencia norteamericanos. Pero también muchos kurdos e hijos de kurdos que se encontraban en el exterior han vuelto a su tierra para defender ese sueño llamado el Kurdistán.

Como, por ejemplo, Sam Kahraman, un combatiente voluntario que además es kakai. Los kakai son como los yazidíes, una minoría religiosa que, junto con los cristianos, se han convertido en objetivo de los miembros del Estado Islámico.

“A mi padre lo asesinó Sadam, lo colgó de la plaza y luego arrastró su cuerpo varias calles para que todos lo vieran. Mi madre pagó para que unos contrabandistas me llevaran en un maletero hasta Londres, primero por carretera y luego en barco” dice. “Viví mi mejor época en Inglaterra, mi juventud, hasta que hace dos años regresé para casarme. Justamente me iba a volver con mi esposa cuando comenzó esta guerra. Ahora tengo que quedarme a defender a mi madre, mis hermanos…”, agrega, resignado.

(Reuters).
(Reuters).

“Un día podrían llegar a las puertas de Europa”

Para conocer si hay más soldados que hayan retornado para luchar por su patria nos trasladamos hasta Germian, una de las zonas más pobres del Kurdistán. Allí, en una casa de estilo palaciego, convertida en sede administrativa, nos recibe Mahmud Sangawi, gobernador de esta región. “Sí que han venido combatientes extranjeros y otros que estaban fuera. Es normal el problema del EI no es sólo nuestro. Muchos residen en Europa y EEUU y de seguir avanzando un día podrían llegar a las puertas de vuestro continente”, afirma.

Otro ejemplo de este éxodo es Samir Harashakay, uno de sus escoltas. Se le ve con mejores equipos que es resto, siempre con un auricular enganchado en la oreja. Aunque kurdo, lleva más de 20 años viviendo en Alemania. Mientras nos enseña fotos de su hijo jugando al futbol, se emociona. “Me vine para salvaguardar la vida de mi líder Samir, pero en cuento acabemos con ellos me vuelvo con mi familia”, confiesa.

Vemos más fotos de su coche, su casa con jardín. Parece difícil imaginar cómo alguien puede abandonar la comodidad de su hogar para venir a batallar a esta tierra seca y árida, donde el sol quema a 50 grados. Pero así son los kurdos. La esperanza de un estado libre y en paz no desaparece y quizás después de esta última guerra podría quedar el terreno despejado. Aunque también podría empezar otra nueva batalla. Pero esto, ya es otra historia…

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