Robo de órganos humanos: del mito del tráfico ilegal a la certeza del canibalismo
  1. Mundo
Crecen las sectas que utilizan corazones

Robo de órganos humanos: del mito del tráfico ilegal a la certeza del canibalismo

La aparición de cadáveres destripados ha resucitado a los ladrones de órganos. Esto es lo que se esconde tras una de las leyendas urbanas con más solera

Foto: Robo de órganos humanos: del mito del tráfico ilegal a la certeza del canibalismo
Robo de órganos humanos: del mito del tráfico ilegal a la certeza del canibalismo

De nuevo, alarma y estupor en Centroamérica. Una banda criminal llamada “Los Pistachos” secuestra niños que viajan solos por México rumbo aEstados Unidos y les roba los órganos para traficar con ellos. Una fuente “de entero crédito” ligada a la Policía Nacional de Honduras confirmaba esta práctica inhumana a un periódico de ese país días atrás, mientras las autoridades ya investigaban las conexiones entre los traficantes de personas hondureños y esta red de robo de órganos, que podría embolsarse hasta 100.000 euros por riñón o 150.000 por un hígado. Un asunto gravísimo, de no ser porque tiene todos los números para ser falso.

Según los investigadores que han escarbado durante años en este submundo y los propios cirujanos especializados, es técnicamente imposible robar órganos para venderlos en el mercado negro, tal como denuncian las historias escabrosas que circulan por el mundo desde hace décadas. "Se trata de una leyenda urbana, un mito”, sentencia el doctor Fernando López Neblina, prestigioso cirujano de trasplantes en el Hospital de la Familia de Mexicali. “Un trasplante es un operación muy compleja que requiere de personal muy cualificado y un protocolo de estudio previo. Hay que hacer pruebas cruzadas para saber si el donante es compatible con el receptor, empezando por el grupo sanguíneo y siguiendo con la compatibilidad molecular; luego hay que realizar una serie de exámenes para confirmar que el donante no sufre enfermedades".

"Los traficantes deberían tener a cientos de personas encerradas en jaulas para poder seleccionar al donante indicado para cada comprador, llevar a esa persona a un centro hospitalario de alto nivel y tener a un equipo de 25 personas, desde químicos a anestesiólogos, disponible las 24 horas", explica. En México, por ejemplo, no hay más de 15 laboratorios habilitados para realizar pruebas cruzadas, todos ellos estrictamente auditados por la secretaría de Salud y en el interior de concurridas instalaciones hospitarias.

“El robo de órganos es un tema muy vivo, circula en muchos medios de comunicación pero nunca se ofrecen evidencias. Las fuentes suelen ser indirectas, a veces líderes políticos o religiosos, y se señala a gente de forma muy difusa. No se emiten condenas explícitas por este delito, no hay nadie en la cárcel sentenciado por robo y venta de órganos”, indica Francisco Cortázar, investigador de fenómenos socio-urbanos de la Universidad de Guadalajara, Jalisco.

“En Centroamérica esta leyenda surgió en el contexto de la Guerra Fría, en la que se culpaba a los países ricos de la explotación de los recursos de los pobres, hasta de la propia vida y los órganos de los niños. Esa historia ha vuelto a tomar fuerza con la actividad del narcotráfico en México, ya que muchos niños desaparecen en el camino hacia Estados Unidos y retroalimentan el mito”, detalla el experto, autor del estudio “La leyenda del robo de órganos”, publicado en 2012, en el que analiza de manera exhaustiva este fenómeno para concluir que se trata, llanamente, de una falacia. Nunca un turista ha sido drogado en un hotel, metido en una bañera con hielo y despojado de un riñón para venderlo en el mercado negro. Así que si usted es de natural desconfiado, por ese lado puede viajar tranquilo estas vacaciones.

“En México, la Procuraduría General de Justicia (PGJ) ha estudiado y revisado las denuncias enviadas y nunca ha podido demostrar un solo caso de robo de órganos para trasplantes. Es una práctica médica muy regulada, con pocos especialistas y pocos hospitales preparados. Habría que corromper a todo un sistema de salud y que nadie en todo el hospital dijera nada. Porque esto no es algo que se pueda hacer en cualquier cocina de vecino; además de hacer pruebas cruzadas hay que esterilizarlo todo, en el caso del riñón saber mantener cierta longitud de las arterias y de las venas, por no hablar ya de un trasplante de hígado o corazón que son aún más complejos”, prosigue el doctor López-Neblina.

El doctor Luis Eduardo Morales, presidente de la Sociedad Mexicana de Trasplantes (SMT), secunda esa hipótesis: “Incluso si la gente que está entrenada para quitar órganos por un tumor, piedras u otro motivo, tratara de hacer una procuración con fines de trasplante, sin la adecuada experiencia los vasos no quedarían en condiciones para el implante y la falla podría ser inmediata. El paciente nefrópata es considerado de alto riesgo cardiovascular, necesita cuidados anestésicos y de terapia intensiva después del trasplante. Si se hiciera de cualquier manera la mortalidad sería tremendamente alta”.

“También la forma de preservación es fundamental, y el tiempo transcurrido, pues ya a los pocos minutos un órgano puede empezar a degenerarse si no es preservado en la solución adecuada. Por eso los trasplantes deben hacerse de un donante con corazón latiente, porque en el momento en que deja de circular la sangre ese órgano inicia un proceso de destrucción”, añade el doctor Morales. Es decir: cada requisito del trasplante hace casi por si solo inviable la idea de secuestrar a alguien, arrancarle los órganos y moverlos luego en el mercado negro. “Un riñón puede aguantar hasta 24 horas, 36 estirando mucho, pero un hígado no puede pasar de 12 horas fuera del cuerpo y un corazón apenas cuatro”, continúa el presidente de la SMT. “¿Para qué se iba a meter un grupo criminal en estos asuntos tan complicados, que requieren de una logística tan especializada, si tienen multitud de actividades mucho más fáciles, constantes y lucrativas, ya sea el cobro por el derecho de piso o la extorsión?”, añade el profesor Cortázar.

Trasplantes ilegales

Lo que sí existe y ha sido documentado por la ONU y otras organizaciones es el tráfico ilegal de órganos. “Hay una diferencia radical entre ambos casos. El robo es cuando se mata a la persona, se le extraen los órganos y se trafica con ellos en mercados internacionales del primer mundo. Esa es la leyenda. El tráfico de órganos, por el contrario, es real: tiene que ver con la facilidad de acceder a un órgano generalmente a través del propio sistema de salud de cada país”, especifica el investigador de la Universidad de Guadalajara.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en más de 7.000 los órganos traficados cada año en países tan dispares como Bulgaria, Bolivia, Brasil, Turquía, Mozambique, China o el propio México. El tráfico consiste en dos métodos básicos. El primero es la manipulación por parte del cirujano de las listas de espera para otorgarle máxima prioridad a un receptor a cambio de una considerable suma de dinero. Es una corrupción dentro del sistema de salud de un determinado país, pero en la que no se descuartiza a nadie. “Y aún así es cada vez más complicado que un cirujano pueda hacerlo”, advierte López-Neblina.

“En México, por ejemplo, los médicos están muy controlados por el Centro Nacional de Trasplantes. Hay que registrar cada trasplante una semana antes y la supervisión es exhaustiva. En el estado de Baja California somos sólo tres o cuatro nada más, igual que en otros estados, por eso sería tan difícil que apareciera un cirujano corrupto”, indica. Por su parte, el presidente de la SMT sentencia que “en México no existe tráfico ilegal de órganos”, si bien el cirujano de trasplantes del Hospital Civil de Guadalajara, Luis Carlos Rodríguez Sancho, uno de los más reputados de todo México, se vio años atrás envuelto en un escándalo de tráfico y manipulación de listas por el que recibió casi 300 demandas y tres años de inhabilitación.

La segunda alternativa para traficar órganos es conseguir un donante voluntario a cambio de dinero. Se trata de personas de entornos marginales o con problemas económicos urgentes a quienes no les importa despojarse de un riñón a cambio de una buena cantidad de dólares. Son contactados por un enlace en su país de origen y trasladados generalmente a un hospital de un país desarrollado, donde son despojados de uno de sus órganos (normalmente un riñón) bajo su consentimiento. Y aunque en muchas ocasiones sean estafados con las cantidades prometidas (3.000 dólares pueden quedar en apenas 300 después del trasplante), en ningún caso se trata de un robo. “Tal vez China sería la excepción, ya que allí se realizan trasplantes de órganos procedentes de reos en el corredor de la muerte, y eso abre la puerta a extracciones forzadas”, apunta el doctor López-Neblina.

Robo para rituales satánicos

Pero como en tantas otras historias macabras relacionadas con grupos organizados en América Latina, no se puede descartar tan rápido que, en efecto, se esté secuestrando a niños rumbo a Estados Unidos para despojarlos de sus órganos vitales y lanzar los cuerpos a una fosa clandestina. De hecho, hay varios casos documentados en los últimos años. El objetivo de esos órganos, particularmente corazón e hígado, es ser utilizados en rituales esotéricos de sectas como la Santa Muerte, el credo religioso más popular entre los narcotraficantes y los criminales mexicanos, en el que se personifica a la muerte y se la venera como a una virgen.

“Sí ha habido casos de robo de niños y de adultos y sí se les han sacado órganos, pero jamás para un trasplante. Esos órganos extraídos en cualquier lugar como si se tratase de un animal son utilizados para ritos de brujería. La PGJ ha encontrado cuerpos de niños en fosas comunes mutilados, y yo he visto cuerpos despojados de corazón, hígado y órganos internos, los cuales jamás podrían servir para el tráfico ilegal”, confirma el doctor López-Neblina.

“Por supuesto debemos dejar la puerta abierta a que haya una oleada de robos a cargo de sectas. Pero ya estaríamos hablando de casos muy esporádicos, no de una oscura red internacional”, apunta también el investigador Cortázar. “Han resurgido en la región sectas que dan mucha importancia al mito de la sangre. Incluso en la religión cristiana la sangre tiene un fuerte significado de renovación de la vida, y muchos ritos satánicos documentados históricamente retoman este tipo de elementos, como derramar sangre para ganar salud, prolongar la vida o pactar con el diablo”, explica el profesor, quien coincide con el doctor López-Neblina en la fijación de estas sectas por arrancar corazón e hígado, dejando el resto de órganos atrás. “El corazón tiene una simbología muy importante, igual que el hígado, cuya ingesta tiene la expresión simbólica de rejuvenecer y transmitir valor y fortaleza”.

El episodio más escabroso de ingesta de órganos humanos tuvo lugar en abril, cuando el comisionado de Seguridad del estado de Michoacán, Alfredo Castillo, afirmó que el cártel de los Caballeros Templarios utilizaba corazones humanos para sus rituales de fidelidad, forzando a algunos de sus miembros a ingerirlos frente a los líderes del cártel. Luego del revuelo causado por semejante insinuación, ni el comisionado ni ninguna autoridad volvió a referirse a estas prácticas.

México Estados Unidos (EEUU) OMS Trasplante
El redactor recomienda