LA LUCHA DE LA MUJER EN SOMALIA

Las chicas del baloncesto que ganaron a Al Qaeda: "Si juegas te cortaremos una mano"

En 2006, la Unión de Tribunales Islámicos de Somalia prohibió a las mujeres practicar cualquier deporte; en caso de hacerlo, se les cortaría la mano derecha

Foto: Amina, la capitana de la selección nacional de baloncesto, posa junto con el resto de compañeras en el estadio Wiish de Mogadiscio (A. Pampliega).
Amina, la capitana de la selección nacional de baloncesto, posa junto con el resto de compañeras en el estadio Wiish de Mogadiscio (A. Pampliega).

“¿Miedo?”, repite en voz baja Amina mientras se ata con fuerza los cordones de las zapatillas deportivas. “¿Miedo?”, vuelve a decir la muchacha, esta vez esbozando una amplia sonrisa. “El miedo es lo que nos impide avanzar y luchar por nuestros sueños. Claro que tenemos miedo a que nos maten. Tenemos miedo de las amenazas telefónicas. Tenemos miedo… pero nuestro deseo es seguir haciendo deporte, seguir jugando al baloncesto. El miedo no tiene cabida en esta cancha de baloncesto”, afirma con convicción Amina Abukar Ibarahin, capitana de la selección nacional de baloncesto femenino de Somalia.

Sus palabras reverberan en unas gradas desiertas. Es, como casi siempre, la primera en llegar al estadio Wiish y la última en irse. Representa un ejemplo de lucha y superación para el resto de sus compañeras, que ven en ella una líder. Amina es raza y fuerza. Es digna heredera de esas mujeres que se vieron despojadas –primero por la guerra civil y después por los fundamentalistas islámicos– de su derecho a practicar deporte, pero, sobre todo, de su derecho a elegir y ser libres.

En 2006, la Unión de Tribunales Islámicos de Somalia emitió una orden que prohibía a las mujeres practicar cualquier deporte; en caso de saltarse esta ley, se les cortaría la mano derecha o el pie izquierdoLas paredes de la cancha de baloncesto son el mejor ejemplo de lo que ha sido Somalia durante los últimos 23 años. Agujeros de bala por doquier. Edificios semidestruidos. Pero estas muchachas son las que ahora deben escribir la historia del país… Y junto con ellas, un total de 75 adolescentes, repartidas en siete equipos, han vuelto a fundar la liga femenina de baloncesto.

Se despoja de su chador, que coloca con mimo sobre los escalones de la grada, y se ciñe en la frente un pañuelo de color negro para ocultar su cabello. “Hace 20 años en Somalia las mujeres ya jugaban al baloncesto. Nosotras no somos pioneras ni heroínas, simplemente seguimos sus pasos. No tenemos más mérito que otras mujeres somalíes que salen cada día a la calle a luchar por sus derechos”, cuenta con pasión esta joven a El Confidencial.  

Un grupo de mujeres somalíes cruza el río Shebelle, al norte de Mogadiscio (Reuters).
Un grupo de mujeres somalíes cruza el río Shebelle, al norte de Mogadiscio (Reuters).
En el punto de mira de Al Qaeda

Aunque trate de restar importancia a lo que hacen ella y sus compañeras, la realidad es que este equipo de baloncesto está en el punto de mira de los fundamentalistas de Al-Shabab (la filial de Al Qaeda en el cuerno de África). Amina, como alguna de sus compañeras, ha recibido llamadas de teléfono amenazantes, pero prefiere obviar el tema y centrarse en el baloncesto. La muchacha agarra uno de los balones que están desperdigados por el suelo y comienza a botarlo. Sus compañeras, tapadas hasta los pies, comienzan a entrar en el pabellón.

'Claro que tenemos miedo a que nos maten, a las amenazas telefónicas… pero nuestro deseo es seguir jugando al baloncesto', cuenta Amina, capitana de la selección nacional de baloncesto femenino de SomaliaLas chicas del equipo suelen venir en grupos de dos y de tres hasta esta cancha. Tapadas con sus chadores para que no se las reconozca, tratan de pasar desapercibidas en las calles de Mogadiscio. Saben que su cabeza tiene precio y que se juegan la vida viniendo a entrenar. “Las chicas son muy valientes al formar parte de esta selección de baloncesto. Hemos recibido muchas amenazas desde que volvimos a reconstruir el equipo y muchas chicas dejaron la selección por temor”, advierte a este diario Hussein Ibrahim Ali, presidente de la Federación Somalí de Baloncesto.

El baloncesto es el segundo deporte más popular en Somalia después del fútbol, y uno de los tres deportes donde las mujeres tienen representación, junto con el fútbol y el balonmano. Pero esto no siempre fue así. En 2006, la Unión de Tribunales Islámicos de Somalia –que gobernaba el país bajo los preceptos de la sharia (la ley islámica)–, emitió una orden que prohibía a las mujeres practicar cualquier deporte; en caso de saltarse esta ley, las jugadoras serían castigadas de manera ejemplar. “Se les cortaría la mano derecha o el pie izquierdo”, confiesa Hussein avergonzado, recordando los tiempos oscuros en los que estuvo sumergido su país.

Una desplazada por los combates en el interior de la catedral de Mogadiscio (Reuters).
Una desplazada por los combates en el interior de la catedral de Mogadiscio (Reuters).
“Si tienen la oportunidad de atentar contra nosotros, lo harán”

Al Shabab es, ahora, sólo un murmullo; un mal sueño. De la presencia del grupo fundamentalista en Mogadiscio sólo quedan fogonazos en forma de atentados suicidas que se repiten con mayor o menor frecuencia. Pero las muchachas de la selección siguen temiendo por su vida y por su seguridad. Prueba de ello es que en el acceso a esta cancha hombres armados registran a todo aquel que franquea las puertas de color verde. “Aunque Mogadiscio es ahora una ciudad tranquila, no podemos bajar la guardia; sabemos que somos un objetivo para los terroristas de Al Shabab y si tienen la oportunidad de atentar contra nosotros lo harán, sin dudarlo”, se lamenta Hussein Ibrahim Ali, quien desea que la selección vuelva a dar grandes alegrías a Somalia.

Las chicas del equipo suelen venir en grupos de dos y de tres hasta esta cancha. Tapadas con sus chadores para que no se las reconozca, tratan de pasar desapercibidas en las calles de Mogadiscio. Saben que su cabeza tiene precio y que se juegan la vida viniendo a entrenarPosiblemente hagan falta varias décadas para ver a las mujeres de esta selección desfilando detrás de la bandera de Somalia en unos Juegos Olímpicos, pero tras más de 20 años de guerra civil los primeros éxitos no se han hecho esperar: estas jugadores han vuelto a disputar partidos internacionales. En 2011 la selección logró vencer por 67-57 a Qatar en los Juegos Árabes, fue su primera victoria (logró otra ante Kuwait), y marcó un hito en la historia moderna del baloncesto somalí. “Ganar a Qatar –el país anfitrión– fue la mayor alegría de mi vida. Cuando acabó el partido nos abrazábamos, parecía que habíamos ganado el campeonato y sólo habíamos ganado un partido. Pero para nosotras era un logro. Además, defender a Somalia en un campeonato internacional fue todo un orgullo”, confiesa Suweys Ali Jam, una de las integrantes del equipo durante ese partido. Desde 1987 Somalia no había participado en ningún torneo internacional por culpa de la guerra civil.

Esta joven, de 17 años, es otra de las estrellas de la selección. Conocida por conceder varias entrevistas a medios nacionales e internacionales, su rostro se ha hecho ‘popular’ y eso la ha granjeado diversos enemigos. “Varias veces me han llamado a mi teléfono. Siempre era la voz de un hombre que me decía: ‘Deja de jugar al baloncesto o te vamos a matar’”, cuenta. Suweys hace una pausa para reflexionar. “No te voy a engañar, he pensado en muchas ocasiones dejar de jugar al baloncesto. No sólo por mí, sino por mi familia. Pero al final siempre encuentro fuerzas para continuar. Mi madre es mi principal apoyo y quien se enfada conmigo cuando le comento que quiero dejar de jugar por culpa de las amenazas”, confiesa a este diario.

Al frente del equipo nacional se encuentra Fátima Ali Abderraman. Fue jugadora de la selección en los 80 y ahora se ha convertido en la entrenadora y en la alma máter de este grupo de mujeres. “El baloncesto es sólo una excusa para dar visibilidad a las mujeres somalíes. Este deporte debe demostrar que debemos tener un rol en la sociedad más allá de casarnos, tener hijos y cuidarlos. La mujer somalí es el futuro del país y como tal debemos demostrarlo; por eso, el valor de estas niñas debe servir de ejemplo a muchas más”, sentencia.

El futuro es esperanza… y la esperanza es algo que desborda en este estadio.

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