DEUDOCRACIA, CLAVE PARA ENTENDER EL CASO HELENO

El ‘Inside Job’ griego: "Las medidas tomadas por Atenas se extenderán al resto de Europa"

Ha sido repetidamente calificado como el Inside Job griego. Financiado gracias a numerosas pequeñas aportaciones y distribuido de forma gratuita y con licencia copyleft a través

Ha sido repetidamente calificado como el Inside Job griego. Financiado gracias a numerosas pequeñas aportaciones y distribuido de forma gratuita y con licencia copyleft a través de una web, www.debtocracy.gr Deudocracia, es uno de los documentales más vistos en la red en las últimas semanas y una de las fuentes más referenciadas para explicar lo que está pasando en Grecia desde una visión alternativa. Además, es también el preferido por el director de los servicios informativos de laSexta y por varios de los periodistas de Público.

Dirigido por Katerina Kitidi y Aris Chatzistefanou, el largometraje recorre el pasado de un país como Grecia, que ha vivido con elevados niveles de deuda desde su mismo nacimiento, compara su situación actual con la que vivió Argentina en el cambio de siglo y analiza las causas estructurales de su presente crisis económica. Asimismo, impugna la legitimidad de esta deuda, tomando como punto de partida el concepto de deuda odiosa que hizo valer en Ecuador Rafael Correa y que fue también empleado por EEUU para no devolver, tras la invasión de Irak, los préstamos que debía el Gobierno de Saddam Hussein. Hay tres elementos que deben darse para que ese concepto pueda tener validez jurídica: A) El gobierno de un país recibe un préstamo sin el conocimiento y la aprobación de sus ciudadanos. B) Destina el dinero recibido a actividades no beneficiosas para el pueblo. C) El prestamista conoce esta situación pero decide ignorarla.

Utilizando estos criterios, Correa logró anular gran parte de la deuda de Ecuador, consiguiendo que sólo el 20% del presupuesto de su país se destinase a pagarla en lugar del 50% que exigían el Banco Mundial y el FMI. Y es una posibilidad plenamente vigente en el caso griego, según los economistas que intervienen en Deudocracia, caso de Eric Toussaint o Costas Lapavitsas, además de por diversas organizaciones europeas. Como asegura Leonidas Vatikiotis, periodista griego miembro del colectivo que ha puesto en marcha Deudocracia y encargado de realizar la investigación económica del largometraje, muchas de las características del concepto deuda odiosa reaparecen en la Europa de comienzos del siglo XXI.

“Es cierto que países como Grecia y Portugal no han sido gobernados en las últimas décadas por regímenes militares, sino por gobiernos electos. Pero también lo que es buen parte de las medidas que han tomado estos gobiernos han sido impuestas contra la voluntad del pueblo, por lo que carecen de toda legitimidad”, asegura Vatikiotis. “Muchas de las decisiones del Gobierno griego, por ejemplo, deberían ser sometidas a análisis por una comisión auditora, e incluso deberían ser investigadas judicialmente, como la actuación mediadora de Goldman Sachs, la compra de material bélico a la compañía alemana Siemens, y gran parte de las que rodearon a los Juegos Olímpicos”.

“La culpa es de los bajos impuestos al capital”

Una parte sustancial de los analistas piensan que la situación era inevitable, y que la utilización de conceptos como deuda odiosa no tienen otro propósito que esconder la realidad de que los griegos han vivido permanentemente por encima de sus posibilidades, fruto de un sistema corrupto que concedía innumerables privilegios a sus ciudadanos. Una lectura que el documental rechaza. “Cuando desde Bruselas y desde buena parte de los países europeos se  dice que la explosión de la deuda pública es debida a la gente de los países periféricos, están tratando de que se acepten los programas de austeridad sin objeciones y sin luchas. La verdad es muy distinta. La deuda pública ha alcanzado estos extremos porque, en todos los países periféricos, los impuestos al capital son muy bajos. Especialmente en Grecia, Irlanda y Portugal, que son una suerte de paraísos fiscales en la UE”.

El problema se dispara cuando llega la crisis financiera y los gobiernos tratan de salvar a los bancos del colapso. Su actuación, señala Vatikiotis, fue errónea, ya que redujeron aún más los impuestos del capital y subsidiándole de diversas maneras y prometiendo a los ciudadanos que con eso llegarían el crecimiento y los trabajos. “En lugar de eso, y como era esperable, llegó la crisis de la deuda”. Además, la ausencia de una independencia monetaria “añadió nuevos problemas a países que (hasta la adopción del euro) cada cinco o diez años devaluaban su moneda para competir exitosamente con Alemania. Ahora los elevados déficits (y las profundas crisis) de la periferia son la otra cara de las ganancias y de las inusuales tasas de crecimiento del centro”.

La negligencia de Papandreu

En el caso griego, además, se dieron actuaciones manifiestamente negligentes por parte del Gobierno. Papandreu tuvo muchas opciones, que no aprovechó, para solucionar los problemas desde la primera manifestación de la crisis. “En enero de 2010, cuatro meses antes de que Grecia tuviese que firmar el acuerdo con la UE y el FMI, bajo el argumento de argumentando que las puertas de los mercados estaban cerradas a causa de los prohibitivos tipos de interés que imponían los prestatarios, Papandreu rechazó el préstamo que le estaban ofreciendo los mercados. Y esta maniobra acabó provocando la crisis”.

Un año después, en mayo de 2010, “nos dijo que debíamos aceptar las condiciones impuestas en el memorándum (el plan de ajuste: bajada de sueldos, reducción de pensiones, recortes en gasto público, etc.) porque si no iríamos a la quiebra. Ahora, un año después, los spreads de los bonos griegos se han multiplicado por dos, los ratings que fijan las agencias son mucho peores y todas las previsiones del memorándum acerca de, entre otras muchas cosas, las tasas de crecimiento, han demostrado ser falsas. Y lo peor es que Grecia no puede ir a los mercados para pedir dinero en 2012, como aseguraba el memorándum. En este contexto, el Gobierno no aparece para pedir perdón por las mentiras que contó al pueblo griego, sino que nos pide nuevos sacrificios amenazándonos con los mismos argumentos”.

“El pueblo agrede a los políticos cuando los ve”

El clima político en las últimas semanas griegas, ha sido, pues, muy tenso. De una parte, estaban las disensiones entre los socialistas en el poder y los conservadores de Antonis Samaras, que se negaban a apoyar el nuevo plan de ajuste que exigía la UE. De otra, el pueblo griego tenía sitiados a sus representantes en el Parlamento, contra los que sentía una animadversión inusitada. “¡Ha sido algo sin precedentes! En estos últimos días, el pueblo griego agredía a los políticos cuando se los encontraba. No a todos ellos, sino a los 155 parlamentarios que han votado a favor de esa ley que pone toda Grecia en venta, desde las empresas públicas (agua, energía, los puertos, etc.) hasta las playas, las montañas y las islas. Ninguno político de estos 155 ha tenido el valor de salir a pasear o a tomar un café sin estar escoltado por policías armados”. Para Vatikiotis, el odio del pueblo griego es explicable si se entiende esta tesitura “como un régimen de ocupación económica que ha empezado esta semana con el nombramiento en cada ministerio de funcionarios de la UE. ¡Sólo durante la ocupación nazi había ocurrido algo similar!”.

Quienes acampaban en la plaza Syntagma, que expresaban el sentir de gran parte del pueblo griego, estaban demandando medidas muy diferentes de la austeridad y la venta de activos públicos que proponían las instituciones europeas, asegura Vatikiotis. “Hay que subir los impuestos a las grandes empresas y a los ricos. Pero, además, sería prioritario nacionalizar los bancos. Grecia ha dado a sus entidades financieras, hasta ahora, 108.000 millones de euros, (tanto en dinero líquido como en garantías) cuando el valor de sus acciones es de 15.000 millones de euros. Como el primer rescate de la Troika (UE, BCE y FMI) fue de 110.000 millones de euros, se puede decir sin género de dudas que no rescataron a Grecia sino a sus banqueros”, por lo que no es extraño que una mayoría de ciudadanos exija que esas entidades se conviertan en públicas.

“No debemos nada”

Pero la demanda crucial, señala Vatikiotis, es el cese de los pagos. En las plazas griegas hay un solo eslogan, “No debemos nada, no vendemos nada, no pagaremos”. Además, hay una creciente corriente de opinión que aboga por la salida de la UE y especialmente de la Eurozona “ya que se ha demostrado que la UE no significa ni prosperidad ni Estado de bienestar, como se ha visto a la luz del Pacto por el Euro, que no quiere decir otra cosa que austeridad para siempre y  recortes sangrantes en gasto social. Ninguna redistribución de la riqueza podrá ser alcanzada dentro de la UE”.

Sin embargo, parece que estamos lejos de ese escenario, toda vez que las élites europeas no están por un nuevo dibujo del mapa europeo. “Las crisis de Grecia, Irlanda y Portugal, eran, hasta la fecha, un indudable producto de la UE, y de sus políticas, así como de la necesidad de  crecimiento de las empresas industriales y de los bancos alemanes. Un muy reciente anuncio pagado por las más grandes empresas europeas a favor del euro y en contra de las voces alemanas que demandaban la salida de la UE de países como Grecia, apareció en los medios europeos más relevantes. Estaba firmado por el Deutsche Bank, pero también por fabricantes de automóviles como Citroen. Porque, si no hay  eurozona, ¿dónde van a vender sus productos?”

En última instancia Vatikiotis interpreta la situación griega como una la continuidad de una misma política: “al igual que ocurrió con los controladores aéreos en los EEUU de Reagan, o con los mineros en la Gran Bretaña de Thatcher es ahora Grecia la que está en primera línea del ataque del capitalismo. En este contexto, es muy probable que que las medidas de austeridad utilizadas en Grecia se trasladen al resto de países europeos. Muchos de los párrafos del Pacto por el Euro me recuerdan al memorándum del primer rescate griego. Dice, por ejemplo que los salarios de los países de la UE deben ser compatibles con los niveles salariales que tienen los competidores de Europa. Pero todo el mundo sabe que el más grande competidor de Europa es China. ¿Nuestros gobiernos nos van a bajar los salarios hasta que alcancen los niveles chinos? ¿Es eso lo que quieren hacer?”  Parafraseando una frase atribuida al multimillonario inversor Warren Buffet (“Esta es una guerra de clases y la estamos ganando”) Vatikiotis concluye sentenciando que “la guerra de clases (contra los pobres y la clase media) que ha empezado en Grecia, la tiene que perder a toda costa la clase de Warren Buffet”.

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