AMBOS BUSCAN UN PACTO CON NICK CLEGG

Brown ofrece su cabeza a los liberales y Cameron una reforma electoral

Gordon Brown se apartó ayer a un lado para que las negociaciones entre los laboristas y los liberal-demócratas pudieran ser posibles. El premier anunció que para

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Brown ofrece su cabeza a los liberales y Cameron una reforma electoral

Gordon Brown se apartó ayer a un lado para que las negociaciones entre los laboristas y los liberal-demócratas pudieran ser posibles. El premier anunció que para otoño ya no sería el líder de su partido y prometió que, si finalmente se formaba un gobierno de coalición con la tercera fuerza, él no estaría en Downing Street más que el tiempo necesario para garantizar la consolidación de la recuperación económica y el inicio de las reformas políticas que incluyen la revisión del sistema electoral.

El escocés sabía que él suponía el gran obstáculo para que su partido entablara diálogo con los liberales. Nick Clegg era reacio a hablar con él. Entre los dos nunca hubo química y además, el joven político, no quería darle de nuevo las llaves del Número 10 siendo consciente de que no gozaba de popularidad ni dentro de sus filas y ni en la calle.

Con su anuncio, Brown volvió a confirmar el buen estratega que ha sido durante los últimos años. Y es que, el movimiento no pudo hacerse en un momento más clave. Los liberal-demócratas y los conservadores llevan días reunidos para llegar a algún acuerdo que garantice un gobierno estable, después de que estos últimos no consiguieran la mayoría absoluta en las elecciones del jueves pasado. Pero el pacto no parecía llegar nunca.

Los dos equipos negociadores habían logrado un borrador, pero cuando éste fue presentado a todos los diputados de la tercera fuerza, la respuesta no fue muy positiva. No se descartó, pero se demostró que aún quedaban muchas aristas entre los dos partidos. Y fue entonces cuando Brown actuó, consciente de que los liberales aún no estaban convencidos de dar su apoyo a nadie. Su comunicado pilló por sorpresa, pero los de David Cameron fueron rápidos en devolver la pelota con otra jugada maestra: la promesa de un gobierno de coalición y, lo más importante, una reforma del sistema electoral.

El cambio de actual modelo a otro más proporcional y representativo siempre ha sido la principal premisa para los de Clegg y era el anzuelo que los laboristas tenían preparado. Los “tories” siempre se habían negado a hacer concesiones, pero cuando vieron que el tercer hombre podía irse con el enemigo decidieron renovar estrategia.

Y aún está por ver si funciona o no porque, de momento, anoche comenzaron las conversaciones formales entre liberales y laboristas. Los encuentros entre las dos formaciones habían tenido lugar de forma furtiva ante los ojos de la Prensa a lo largo de todo el fin de semana, pero ayer se oficializaron.

Si prosperan, Reino Unido podría tener por segunda vez consecutiva un primer ministro que no ha sido elegido en las urnas. Con la promesa de Brown de abandonar el liderazgo del partido para el congreso laborista de septiembre, ha comenzado una carrera por la sucesión a la que sólo le faltaba el disparo de salida. Los candidatos, conscientes de los malos resultados que les esperaba al partido en las elecciones, estaban preparados desde hace tiempo en la línea de salida.

Un ‘premier’ no elegido por los ciudadanos

El sistema de las islas es parlamentario y no presidencialista, por lo tanto, los inquilinos de Downing Street se puede pasar el testigo sin necesidad de comicios como ya pasó en 2007, cuando Tony Blair le delegó la responsabilidad a Brown para que éste pasara al frente del Gobierno.

Los nombres que más suenan son el de Ed Balls, el responsable de Educación, Alan Johnson, de Interior, y David Miliband, de Exteriores. Éste último se postula como favorito, pero tendrá que competir también con su propio hermano, Ed Miliband, responsable de Medio Ambiente, que podría haber avisado ya el fin de semana en casa que se espera una “guerra familiar”.

Los movimientos de las últimas horas ofrecen un amplio escenario de posibilidades. Si los conservadores finalmente no consiguen el apoyo de los liberales podrían decidir gobernar en minoría garantizándose el apoyo de los unionistas del Ulster para sacar adelante sus planes más inmediatos, entre otros, un recorte para 2010 de 6 mil millones de libras para atajar el agujero presupuestario.

Si finalmente el tercer hombre acepta sus planes se formaría un extraño gobierno de coalición de derechas e izquierdas que, a priori, ya no gusta a las bases más veteranas de ambas partes.

Por último, si los liberales deciden irse finalmente con los laboristas sin Brown, éstos últimos conseguirían un histórico cuarto mandato consecutivo. Aunque para garantizarse el poder deberían pactar también con nacionalistas galeses y escoceses, cediendo a las peticiones de un Alex Saldmond que no piensa desaprovechar la oportunidad de protagonismo que tanto le gusta.

En cualquiera de los marcos no se garantiza un gobierno estable por lo que no se descarta que Reino Unido tenga que enfrentarse a las urnas en un plazo de uno o dos años.

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