Llevar el coche al taller es un acto de fe. Así lo demuestran las imágenes que este cliente de un taller de Canadá dejó grabando en una cámara que colocó estratégicamente en su automóvil. 

Después de pagar 700 dólares por un arreglo en el sistema de transmisión, el cliente pudo comprobar cómo de los 90 minutos de trabajo que pagó, el coche solo pasó 11 con el capó abierto en el foso. ¿Qué hicieron los trabajadores el resto del tiempo? Dar "paseos de prueba", ir a comprar helados -que comieron descuidadamente dentro del auto con su correspondiente chorreón- y dar vueltas alrededor del concesionario.

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