Wirecard, un escándalo que perjudica a todo el sector tecnológico europeo
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2.000 millones que no aparecen

Wirecard, un escándalo que perjudica a todo el sector tecnológico europeo

No hay razones para dudar de todas las empresas del sector 'fintech' o las tecnológicas europeas, pero sí para mirar con recelo unas valoraciones que parecen infladas

Foto: EC.
EC.

Las opciones eran ya reducidas para los inversores en tecnología europeos antes del escándalo de las cuentas de Wirecard. Ahora, encontrar valores adecuados a precios normales es todavía más complicado.

Las acciones de la 'fintech' alemana se desplomaban más de un 45% en los primeros compases de la sesión bursátil de este lunes, después de que la compañía reconociera que hay "posibilidad predominante" de que los 1.900 millones de euros en 'cash' que reflejaban sus balances y que no localizaban ni existan. Sus socios en países donde Wirecard no tenía licencia como tal han aportado beneficios en los últimos años, según un informe de KPMG publicado a finales de abril. Esos beneficios parecen ahora tremendamente ficticios.

Los arquitectos del crecimiento de la compañía se quitaron de en medio la semana pasada, dejando la patata caliente en manos del estadounidense James Freis, al que contrataron para el recién creado cargo de CCO (por las siglas en inglés de 'chief compliance officer'). El lado bueno es que está perfectamente cualificado para el puesto. Graduado en Derecho en Harvard, Freis pasó siete años luchando contra el crimen fiscal en el Tesoro de EEUU, y antes había sido responsable del departamento antilavado de dinero en Deutsche Börse, la gestora de la bolsa de Fráncfort.

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Para los críticos de Wirecard, la única sorpresa es lo mucho que ha tardado todo en volar por los aires. ¿Por qué tantos gestores de fondos mantienen su fe incluso cuando las pruebas de irregularidades se van amontonando?

Una de las razones es que Wirecard es una empresa tecnológica que el 'establishment' alemán quería ver triunfando. De hecho, hasta se tomaron muchas molestias para defender la compañía, incluyendo una prohibición temporal de los cortos sobre el valor el año pasado. La empresa incluso contrató investigadores privados para desmontar los argumentos críticos.

Otra es que esta situación sirve de valiosa lección para los inversores en el sector tecnológico. El discurso de pagos digitales de Wirecard se vendía solo, sobre todo en un momento en que el sector está en auge impulsado por la crisis del coronavirus.

Foto: Puesto de Wirecard (Reuters)

No ha sido el único valor enfocado en pagos digitales que ha repuntado. Puede que haya incluso una conexión: cuando las pruebas de las malas prácticas de Wirecard ya eran imposibles de ignorar —sobre todo cuando KPMG presentó su informe—, los gestores de capital perdieron el interés en este tipo de valores, lo que les forzó a mirar en otras direcciones.

Uno de los valores más parecidos a Wirecard es la holandesa Adyen, muy involucrada en el comercio electrónico. A finales de abril, Adyen, que tiene una considerable exposición al sector turístico, informaba de que su volumen de transacciones se había hundido un 30% respecto al mismo periodo del año pasado.

Entrada a las oficinas de Adyen en Ámsterdam. (Reuters)
Entrada a las oficinas de Adyen en Ámsterdam. (Reuters)

Pese a ello, sus acciones ganan un 77% en 2020. Los inversores imaginan un mundo pospandemia en el que la tecnología de pagos de Adyen tiene mucho valor. El mercado apunta a un "acelerado y permanente cambio a más comercio electrónico", según escribía a principios de este mes Robert Lamb, analista de Citi. En cualquier caso, el precio de los títulos de Adyen parece caro, cotizando a 52 veces las ventas, comparado con las 16 veces de Square o las nueve de PayPal.

Este ha sido un problema habitual con los valores tecnológicos europeos, donde hay mucho dinero persiguiendo a unos pocos 'players'. Y la aceleración de ciertas tendencias digitales que ha provocado la pandemia solo ha empeorado la situación. Los inversores se encuentran con un riesgo que es superior al que han asumido los crédulos que confiaron en Wirecard: sobrepagar por un crecimiento que no va a llegar tan rápido como se esperaba.

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