Mandar en Prisa: entre la soga de Monzón y la tibieza de Pallete
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¿Una junta sangrienta?

Mandar en Prisa: entre la soga de Monzón y la tibieza de Pallete

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

Foto: Mandar en Prisa: entre la soga de Monzón y la tibieza de Pallete
Mandar en Prisa: entre la soga de Monzón y la tibieza de Pallete

Mañana lunes se celebra una junta de accionistas clave para el futuro de Prisa. O tal vez no, pues el empate técnico entre los bloques enfrentados hace difícil la imposición absoluta de una de las tesis en liza. El conflicto está presente desde los tiempos de Juan Luis Cebrián como presidente; aunque, tras su salida, el primer grupo de medios recuperó cierta apariencia de normalidad.

Al tiempo que el Gobierno de coalición tomaba forma, las aguas accionariales volvieron a picarse. Y de nuevo de la mano de su accionista de referencia, Joseph Oughourlian —Amber Capital—, quien pese a tener el 29% del capital sigue estando en minoría en el consejo de administración, para menoscabo de sus intereses: ganar, o al menos recuperar, la inversión realizada en Prisa.

Con vistas a esta junta, el inversor armenio ha tocado a todos los accionistas susceptibles de apoyar su negativa a la renovación de Monzón en el cargo. Tres cuartos de lo mismo hizo el presidente de Prisa para llevar a la junta la propuesta de renovación de los consejeros independientes —Sonia Dula y Javier de Jaime— y evitar la entrada de otros inspirados por el bando contrario.

Manuel Polanco con Javier Monzón y Manuel Mirat.
Manuel Polanco con Javier Monzón y Manuel Mirat.

En esta partida, algunos de los peones se movieron a principios de año. Y no siempre de la mano de los primeros espadas. Algunas actuaciones han corrido a cargo de accionistas con apariencia de neutralidad, como es el caso de Telefónica, que sondeó a posibles candidatos para entrar en Prisa, como fue el caso de José Miguel Contreras, con el mandato de pacificar el consejo.

Joseph vive de la agitación, como bien ha demostrado hace solo unos días en el seno del gigante galo Lagardere, donde ha intentado también remover a la cúpula. Y aunque sus intereses son financieros, no políticos, se ha dado cuenta de que parte del valor del grupo, por el negocio de medios, es su capacidad de influencia, más fácil de monetizar si no es a la contra del Gobierno.

En ese contexto, su llegada a los predios de Pedro Sánchez nace como fruto de la necesidad, no del compromiso partidista. Sin embargo, quien envuelve esa combinación para convertirlo en una jugada ganadora para todos sería el jefe de Gabinete, Iván Redondo, encargado de trasladar a los accionistas más porosos de Prisa la conveniencia de un cambio en los equilibrios de poder.

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Aunque todo se ha movido con sigilo hasta el consejo de administración de mayo, último antes de la junta, los silencios administrativos posteriores han hecho temer a Monzón que Pallete, sin puesto en el consejo pese a tener el 9%, juega en contra de sus intereses. Sabiendo que su neutralidad será mal vista por todos, la recompensa de ir con el bando oficialista puede ser mayor.

Por su codiciado cargo, el presidente de Telefónica goza de flexibilidad suficiente para encajar los cambios de inquilino en Moncloa. Igual que llegó a entablar amistad con Jorge Moragas, jefe de Gabinete de Mariano Rajoy, a cuyo último cumpleaños asistió tras no lograr la cartera de Asuntos Exteriores, el nuevo 'spin doctor' de Moncloa presume de hilo directo con Pallete.

Mientras los focos están entre Monzón, Oughourlian, Pallete y Redondo, nadie pregunta por Ana Botín, ni sobre los argumentos que le llevan a seguir sosteniendo al presidente de Prisa pese a la oposición del primer accionista. Jugando a largo plazo, ni puede permitir una salida deshonrosa para su peón, ni tampoco va a quemar su relación con el Gobierno por este conflicto.

Monzón intentó que varios ricos españoles hubieran completado un núcleo duro alternativo. Pero lo que se ha instalado es una guerra

En esta batalla, Santander reúne en torno a su 4% a todas las viejas glorias accionariales de la época Cebrián-Polanco, casi todos mexicanos (Slim, Fernández, Alcántara...) y uno qatarí. Y, además, está presente como acreedor de la compañía de varios accionistas, adquiriendo más peso de manera indirecta, al contrario que HSBC, que ha reducido su peso accionarial.

Esta minoría de bloqueo ha conseguido que Amber Capital se encomiende a Moncloa para salvar su inversión. Dada la actual situación, cuesta imaginar el rédito que Botín puede sacar de una derrota del bando contrario, sobre todo para sus verdaderos intereses, es decir, Banco Santander, y que sea solo ella quien asuma el desgaste por delimitar el afán expansionista de Moncloa.

Nada de esto habría ocurrido si, como intentó el propio Monzón, varios ricos españoles se hubieran comprometido para completar un nuevo núcleo duro alternativo en Prisa. Esa oportunidad perdida ha desembocado en esta guerra perpetua, con Amber queriendo imponer su agenda caiga quien caiga para optimizar el valor del negocio de Santillana y separarlo del de medios.

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Hace ya un par de años, Oughourlian se preguntaba en voz alta qué perfil institucional, reconocido a izquierda y derecha, podía servir para sustituir a Cebrián. Sabía de la necesidad de guardar los equilibrios. Está claro que Monzón no fue su opción, aunque tragó con ella. Ahora su agenda para acceder a nombres es infinita y con salvoconducto de Iván Redondo.

Como algunos aventuran, ambas partes deberían valorar la inconveniencia de una junta sangrienta, con el 'downgrade' de S&P aún reciente. Basta con darse tiempo para cambiar cromos, ofrecer una salida digna y en diferido a Monzón, a cambio de atenciones mayores a Botín, y optar por un perfil técnico, del tipo Luis Fernández, ex de Prisa, RTVE, Mediapro y hasta de La Liga. Mañana más.

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