quinto aniversario de su detención

Bernard Madoff: cinco años del escándalo que destapó las vergüenzas de las finanzas

"Durante un indeterminado periodo de tiempo hasta ahora, [Bernard] Madoff y BMIS [Bernard Madoff Investment Securities] han cometido fraude a través de las actividades de asesoramiento

Foto: Madoff, con abrigo negro, a su llegada a una de las sesiones en la Corte Federal en enero de 2009
Madoff, con abrigo negro, a su llegada a una de las sesiones en la Corte Federal en enero de 2009

"Ayer, Bernard Madoff admitió a uno o más empleados de BMIS [Bernard Madoff Investment Securities] que durante muchos años había estado conduciendo un esquema Ponzi a través de sus actividades de asesoramiento de inversiones de BMIS y que BMIS tiene unas deudas de aproximadamente 50.000 millones de dólares...". Este relato, recogido en el primer punto del resumen del expediente 08 CIV 10791 abierto por la Comisión de Mercados y Valores (SEC, en sus siglas en inglés) de EEUU, refleja el principio del fin, el comienzo de la confesión que desembocó en uno de los hundimientos más sonados de la historia de Wall Street.

El desmoronamiento comenzó el 11 de diciembre de 2008, hace justo cinco años, cuando Madoff, una de las figuras más idolatradas en las altas finanzas estadounidenses, fue arrestado por el FBI. El escándalo empezó así, con el reconocimiento del mayor fraude financiero de todos los tiempos, por valor de 50.000 millones de dólares. Y terminó con una sentencia, anunciada en junio de 2009, también sin precedentes para estos casos: 150 años de cárcel.

Ficha policial de Carlo Ponzi
Ficha policial de Carlo Ponzi

Pero el escándalo fue más allá. Porque Madoff caminaba sobre las aguas del centro financiero estadounidense. Creó su propia firma de inversión, Bernard Madoff Investment Securities, en 1960, presidió el mercado Nasdaq y, sobre todo, descubrió (o eso parecía) la pócima mágica de las ganancias eternas. Nunca perdía, ni cuando los mercados sufrían; siempre ganaba, con rendimientos anuales regulares de doble dígito o casi. 

Markopolos y el 'desierto'

Los inversores le adoraban por ello. Pero, en realidad, su fórmula del éxito era sencilla. Mucho más sencilla. Y, sobre todo, tramposa. Porque estafó y cometió fraude. Recreó la estrategia seguida por Carlo Ponzi a comienzos del siglo XX, esto es, pagar a los inversores con el dinero aportado por otros clientes, formando un bucle continuo cuyo éxito dependía de que su fama siguiera actuando como gancho para que no dejaran de entrar dólares. En adelante, este tipo de estafas piramidales pasó a conocerse como esquema Ponzi. Madoff, por tanto, ni siquiera inventó nada. Simplemente reprodujo un timo ya empleado antes. 

Hasta que ese invento de segunda mano se desvaneció. Y en su caída removió los cimientos de las finanzas mundiales, con pérdidas multimillonarias. La onda expansiva de Madoff también se sintió en España. BBVA reconoció unas pérdidas de 300 millones de euros por su inversión en productos de Madoff, en tanto que Santander, a través de su fondo Optimal Strategic, elevó su exposición por encima de los 2.000 millones de euros

Desde 1999, Markopolos denunció ante la SEC que Madoff estaba llevando a cabo un esquema Ponzi. Pero la policía financiera nunca le hizo caso
Pero, sobre todo, el escándalo destapado hace ahora cinco años puso de relieve las enormes grietas del sistema financiero. Ni los reguladores ni los inversores (particulares, pero sobre todo los institucionales, con muchos bancos involucrados) fueron capaces de identificar un fraude que estuvo vivo durante décadas.Aún hoy, muchos de esos inversores siguen luchando por recuperar su dinero. De hecho, según los cálculos de la organización que se ocupa de seguir el rastro de ese dinero, ya se han rescatado 9.500 millones de dólares.
 

Aunque, sin duda, la muestra más evidente de los fallos en cadena que alimentaron el fraude de Madoff la protagoniza Harry Markopolos. Con varias décadas de experiencia en el mundo financiero, su olfato le dijo que algo fallaba. Y desde 1999 denunció ante la SEC que Madoff estaba llevando a cabo un esquema Ponzi. Pero la policía financiera estadounidense nunca le hizo caso. Las quejas en el desierto de Markopolos hallaron su confirmación aquel diciembre de 2008. 

"Un impacto brutal"

La venganza de Markopolos supuso una de las mayores demostraciones de lo frágiles que son los cimientos, aparentemente todopoderosos, de las altas finanzas. "El escándalo Madoff destapó todas las miserias y las vergüenzas de la industria financiera. En un mundo de egos, Madoff demostró el carácter terrenal de financieros con altos bonus y apariencia de infalibilidad", reconoce un asesor financiero que prefiere no ser citado. 

Harry Markopolos (REUTERS)
Harry Markopolos (REUTERS)

"El impacto fue brutal, bestial, en toda la industria", certifica José Manzanares, director de SC Alternative Sicav y profesor del IEB. "Ese escándalo modificó el comportamiento de toda la industria financiera", afirma categórica Ana Hernández, CFA y miembro del Consejo de CFA Society Spain. Y prosigue: "Ha cambiado el trabajo de los asesores financieros, de los gestores y de los comercializadores de productos, pero también el comportamiento de los inversores, de los clientes que compran productos financieros. El inversor final perdió su confianza y eso obligó a la industria a replantearse su trabajo". Con todo, los expertos subrayan que hacen falta más pasos, como "poner por delante los intereses de los clientes y no pensar sólo en vender mucho, sino en cómo vender los productos financieros". 

"Una limpia necesaria"

Manzanares coincide en que una de las consecuencias que aún se percibe del escándalo Madoff es la "desconfianza". Pero también realiza una lectura positiva. "De lo malo se saca lo positivo. Y la industria financiera necesita limpias de este tipo para corregir los excesos y los errores. Se ha producido un cambio en la industria, con mejoras en las áreas de control de riesgos. Los inversores piden consistencia. La industria no demanda gestores que no pierdan, sino que caigan menos que los índices de referencia cuando estos caen y que suban más que los índices cuando suben", sostiene. Y concluye en primera persona: "Madoff nos recordó que hay que desconfiar. Yo, particularmente, me fijo en lo que hace un gestor cuando los mercados caen. Si sus productos no sufren caídas, no me lo creo".  

Los supervisores lo tienen difícil porque la mente del defraudador siempre está trabajando

Ana Hernández también valora positivamente la reflexión realizada en el sector desde el estallido del caso Madoff. De hecho, considera que cuanto más tiempo esté vivo el recuerdo de lo ocurrido con esta estafa, mejor, porque mantendrá viva la cautela. "Los supervisores lo tienen difícil porque la mente del defraudador siempre está trabajando. La mejor forma de combatir escándalos de este tipo son el sentido común y la prudencia. No hay que olvidar nunca que la rentabilidad y el riesgo siempre van asociados. A mayor rentabilidad, mayor es la posibilidad de sufrir pérdidas", asegura.

El economista John Kenneth Galbraith lo escribió bien claro: "La memoria financiera es muy efímera". Y selectiva, se podría añadir. Por eso, el riesgo de ser complacientes crecerá con el regreso de la confianza y de los mercados alcistas. Aunque no fue el primero, Ponzi ya pasó a la historia, pero su recuerdo no impidió que Madoff siguiera sus pasos. Sus huellas todavía están frescas. El peligro acechará cuando el tiempo las borre. 

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