¿Y si estuviéramos avanzando hacia otra pequeña edad de hielo?
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Borrasca Filomena

¿Y si estuviéramos avanzando hacia otra pequeña edad de hielo?

Hace años que los científicos del IPCC vienen alertando sobre un posible escenario al que solemos prestar poca atención: el de un descenso brusco y pronunciado de las temperaturas

Foto: La borrasca Filomena deja Madrid nevado. (EFE)
La borrasca Filomena deja Madrid nevado. (EFE)

Durante estos días, el debate sobre si el considerable temporal de nieve y frío que nos ha dejado la borrasca Filomena se puede asociar a los efectos de la crisis climática ha acaparado buena parte de la actualidad informativa. Basta con ver la acumulación de comentarios a nuestro artículo de ayer a ese respecto para comprobar lo apasionado (e interesante) que está siendo.

Pero ¿existe de verdad una base científica que pueda sostener esa relación causa-efecto? Y más aún, ¿podría ser Filomena un mal augurio de lo que nos aguarda si persistimos en dudar de la crisis climática en lugar de tomar medidas urgentes para hacerle frente?

Lo que nos dice la ciencia

Hace años que los científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) vienen alertando sobre un posible escenario al que solemos prestar poca atención: el de un descenso brusco y pronunciado de las temperaturas en el sur de Europa por el deshielo del Ártico.

El profesor Peter Wadhams, catedrático de Física de los Océanos de la Universidad de Cambridge, es considerado el mayor experto del mundo en hielo marino. Y Wadhams lleva años prediciendo la fusión estival de la capa de hielo ártico y alertándonos de sus graves consecuencias.

Una previsión que, por cierto, ha estado muy cerca de cumplirse en los últimos años, mientras que otros investigadores la sitúan en 2030 y hay quienes la alargan hasta 2050. De lo que no cabe duda es que el retroceso del hielo ártico está en marcha, que ese proceso podría ser pronto irreversible y que, si no tomamos medidas urgentes, su total disolución acontecerá más pronto que tarde.

Y si esto sucede en la corriente del Golfo (la famosa Gulf Stream), podría ralentizarse hasta llegar a colapsar. Y si la corriente del Golfo y la circulación termohalina que arrastra se frenan, el Atlántico Norte y toda Europa sufrirán (sufriremos) un fuerte descenso de las temperaturas en menos de una década.

Pero ¿realmente puede llegar a suceder?

Lo que nos dicen los científicos es que el deshielo del Ártico genera una extraordinaria aportación de agua dulce a los océanos, alterando su salinidad y, en consecuencia, también su densidad, lo que afecta de manera directa a la corriente del Golfo.

Esta corriente se inicia en las aguas templadas del Golfo de México (de ahí su nombre) y sube hacia el norte doblando la península de La Florida y resiguiendo la costa este de los Estados Unidos hasta alcanzar el cabo de Hateras. Desde allí, se adentra en el Atlántico para iniciar su singladura rumbo a Europa, convertida en una corriente termohalina, una especie de gigantesca cinta transportadora de agua caliente que al llegar a nuestras latitudes atempera el clima y lo hace mucho más confortable.

Algunos datos aproximados señalan que la potencia calorífica de la Gulf Stream equivaldría a 1.000 millones de megavatios

Con una velocidad que supera el metro por segundo, al llegar al Atlántico Norte, la corriente empieza a enfriarse y se ramifica por las costas de Portugal, Francia y Reino Unido, sigue ascendiendo por Escandinavia y Groenlandia y, con una mayor carga salina, se planta frente al hielo del Ártico.

Una vez allí, la temperatura media de la corriente, que rondaba los 10 grados centígrados a la altura del paralelo 50, cae en picado hasta situarse por debajo de los tres grados. En consecuencia, al aumentar de densidad se hunde y empieza a retroceder, cediendo el paso a la que llega por detrás, como si fuera una gigantesca polea.

Pero los estudios de los científicos que monitorizan la corriente del Golfo señalan que el deshielo del Ártico está provocando que esa enorme cinta deslizante de agua templada, que gira y se ramifica caracterizando nuestro clima, se esté ralentizando y alertan de que si no se toman medidas urgentes para evitarlo, podría colapsar por completo.

El deshielo del Ártico puede helarnos

Si la corriente del Golfo colapsara, podría darse un rápido enfriamiento de las temperaturas medias en toda Europa. Un descenso de los termómetros que algunos expertos sitúan entre los 10 y 20 grados por debajo de las mínimas invernales actuales.

Sería un hecho sorprendente, pero no insólito, pues ya ha ocurrido en la historia reciente del continente. Entre 1650 y 1850, tuvo lugar lo que los climatólogos denominan Pequeña Edad de Hielo Europea, un periodo que sumió nuestro continente en una intensa y persistente ola de frío que llegó a mantener congelados la mayoría de los ríos en invierno.

Son muchas y muy diferentes las causas que pudieron provocar una situación climática tan adversa. Entre ellas, algunos expertos señalan el aumento de la actividad volcánica y la alteración de la radiación solar. Pero existe abundante literatura científica que asocia ese periodo de intenso frío y grandes hambrunas a una ralentización de la corriente del Golfo.

Foto: Temporal de frío y nieve en Madrid. (Foto: EFE)

¿Se imaginan que alguien anunciara años atrás que Madrid podría llegar a sufrir nevadas de más de medio metro y alcanzar los 10 grados bajo cero? Sin embargo, no sería riguroso ni acertado aprovechar la situación excepcional que estamos viviendo para afirmar que el paso de Filomena y sus devastadores efectos son consecuencia de la crisis climática y el deshielo del Ártico.

Lo que sí podemos proclamar y defender es que contamos ya con la suficiente ciencia acumulada para afirmar que el debilitamiento de la corriente del Golfo como consecuencia de la crisis climática podría provocar que estos escenarios se repitan e incluso se agraven.

Por eso, en lugar de seguir debatiendo sobre falsas controversias ampliamente superadas, lo que deberíamos hacer es atender a los científicos que han identificado ese riesgo y nos señalan los mecanismos de mitigación que contribuirían a evitarlo para ponerlos en marcha de manera urgente y eficaz.

Durante estos días, el debate sobre si el considerable temporal de nieve y frío que nos ha dejado la borrasca Filomena se puede asociar a los efectos de la crisis climática ha acaparado buena parte de la actualidad informativa. Basta con ver la acumulación de comentarios a nuestro artículo de ayer a ese respecto para comprobar lo apasionado (e interesante) que está siendo.

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