Truchas adictas a la metanfetamina por la contaminación del agua dulce
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Podrían alterar su comportamiento natural

Truchas adictas a la metanfetamina por la contaminación del agua dulce

Las aguas residuales están colmadas de medicamentos y drogas que, una vez llegan a ríos y mares, pueden afectar a la flora y la fauna. Ahora, han descubierto truchas 'yonkis' que sufren abstinencia a la metanfetamina

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Truchas que, isn saberlo, podrían estar ingiriendo metanfetamina. (Unsplash/@johnwernerphotography)

Detrás de lo que en muchos países representa un creciente problema de salud para los seres humanos, están los costes ecológicos. Un nuevo estudio de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida en Praga revela que el uso de drogas ilícitas está creando peces adictos ante la presencia del aumento de niveles de metanfetamina (en forma de pastillas, polvo y cristales) en los arroyos de agua dulce. La metanfetamina es un estimulante poderoso y altamente adictivo que afecta el sistema nervioso central y su consumo puede conducir a una fuerte dependencia psicológica y física.

“Donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación por metanfetamina”, dice Pavel Horký, coautor del trabajo que publica la revista The Journal of Experimental Biology.

¿Cómo es esto?

Los seres humanos excretan metanfetaminas en las aguas residuales, pero las plantas de tratamiento de aguas no están diseñadas para filtrar tales sustancias. Por ello, a medida que las aguas residuales tratadas discurren hacia los arroyos a través de los sistemas de alcantarillado y las plantas de tratamiento de aguas residuales, también lo hacen las metanfetaminas y otras drogas similares.

La metanfetamina contamina los ríos de todo el mundo, con concentraciones desde unos pocos nanogramos hasta decenas de microgramos por litro de agua. De ahí surgió el inicio del estudio. ¿Podrían los peces engancharse a estas pequeñas dosis de droga?

“Los antojos de recompensa de drogas por parte de los peces podrían eclipsar las recompensas naturales como buscar comida o aparearse"

Para ello, pusieron en marcha un experimento para detectar posibles efectos secundarios adversos de esta epidemia ecológica oculta. Primero, colocaron 120 truchas marrones (Salmo trutta) de criadero en dos tanques de 350 litros y dejaron que se aclimataran durante 8 semanas. El agua de un tanque contenía metanfetaminas que coincidían con las concentraciones medidas en arroyos salvajes, mientras que el otro se dejaba sin contaminar como escenario de control. Luego, transfirieron los peces a un tanque de agua dulce, pero les ofrecieron elegir entre agua dulce o agua que contenía metanfetamina cada día alterno durante 10 días para averiguar si los peces estaban ansiosos por volver a tomar metanfetamina.

¿Buscarían la droga? ¿Tendrían síndrome de abstinencia?

Los peces del grupo de control no mostraron preferencia por un lado del arroyo simulado o por el otro, pero los otros... Efectivamente. Después de la inmersión en aguas contaminadas con metanfetamina, el equipo descubrió que los peces expuestos a la metanfetamina se volvían menos activos, pero también mostraban niveles preocupantes de dependencia. Estaban enganchados. Durante los primeros cuatro días, los peces que habían estado en el tanque con drogas durante dos meses tenían más probabilidades de optar por regresar a un tanque con metanfetamina que los peces que no habían tenido una exposición prolongada a la metanfetamina, según los científicos.

placeholder Diversas sustancias químicas (como la metanfetamina) no se elimina en las plantas de depuración de agua. Unsplash
Diversas sustancias químicas (como la metanfetamina) no se elimina en las plantas de depuración de agua. Unsplash

Los investigadores encontraron no solo que los peces eran menos activos y que buscaban activamente el agua con metanfetamina, también hallaron evidencia de la droga en sus cerebros hasta 10 días después de que la metanfetamina fuese retirada por completo de los tanques objeto del experimento, lo que podría reducir sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse en la naturaleza.

“Los antojos de recompensa de drogas por parte de los peces podrían eclipsar las recompensas naturales como buscar comida o aparearse. Tal contaminación podría cambiar el funcionamiento de ecosistemas enteros”, aclaran los expertos.

A partir de los resultados, parece que incluso niveles bajos de drogas ilícitas en nuestras vías fluviales pueden afectar gravemente a los animales que viven allí.

Foto: Foto: Unsplash/@snowscat

Además del daño fisiológico que el consumo de metanfetamina podría causar a los peces, los científicos creen que la adicción a las drogas podría hacer que migren hacia descargas de aguas residuales no saludables en busca de una solución a su adicción.

“No estaba claro si las drogas ilícitas alteraban el comportamiento de los peces a niveles cada vez más altos observados en los cuerpos de agua superficial. La provocación de la adicción a las drogas en los peces silvestres podría representar otro ejemplo de presión inesperada sobre las especies que viven en entornos urbanos”, concluye Horký.

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