"Ayuso se aprovechó de las mofas": de 'meme' de la izquierda a dama de hierro
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El PP barre en Madrid

"Ayuso se aprovechó de las mofas": de 'meme' de la izquierda a dama de hierro

Candidata del PP minusvalorada se convierte en hegemónica. ¿Ha vuelto a pasar lo mismo que con Esperanza Aguirre? Cómo Ayuso creció entre chanzas y no renunció a las ayusadas

placeholder Foto: Aguirre con un estampado de Ayuso en el cierre de campaña. (Ana Beltrán)
Aguirre con un estampado de Ayuso en el cierre de campaña. (Ana Beltrán)

Y Ayuso arrasó en Madrid. Ayuso, la política a la que casi nadie se tomaba en serio hace dos años. Los caminos de la chufla son inescrutables: empiezas convertida en meme y acabas liderando el mundo libre.

Una versión de esta historia la contamos aquí hace unos años: cómo una cándida Esperanza Aguirre fue objeto de mofa por la izquierda cultural, utilizó astutamente la visibilidad negativa a su favor y se convirtió en política dominatrix. Cambien ahora Esperanza Aguirre por Isabel Díaz Ayuso y ya estaría el artículo hecho.

"Los reporteros de 'Caiga quien caiga' (CQC) me perseguían siempre... Mis jefes de prensa no hacían más que advertirme... para que saliera por otra puerta. Yo no les hacía caso, porque entendí que 'CQC' me proporcionaba una popularidad enorme", contó Espe en su biografía. De su fase meme también hablaban en el libro Miguel Ángel Rodríguez: "A efectos de imagen, Esperanza era muy vulnerable. Tenía un aspecto de niña repipi de PP total". E Ignacio González: "El caso era aprovechar cualquier desliz para atacarla y mostrarla como una mujer inculta y absurda".

"Alimentó la percepción de persona atacada todo el rato por la izquierda"

Piensen ahora en los miles de chistes que HEMOS hecho sobre Isabel Díaz Ayuso como mujer absurda, en cómo ha sido la reina de la comedia involuntaria en 'El Intermedio' y Twitter, en su estrategia de saturar los medios con ayusadas y en cómo la campaña se ha retroalimentado entre la fijación de la izquierda con Ayuso y la reagrupación de la derecha en torno a ella...

“Ayuso ha sido muy hábil en convertir lo que era mofa en ataque a su persona. Alimentó la percepción de persona permanentemente atacada por la izquierda, es decir, de persona que 'hace rabiar a los progres', en expresión de Trump. Lo ha trabajado muy bien. Se convirtió en la campeona de la oposición al Gobierno y de la batalla cultural contra la izquierda. Todo ello apoyado no tanto en virtudes en positivo de Ayuso como en una especie de judo hacia el desprecio que le mostraba la izquierda. El 'si enfada tanto a los comunistas… algo bueno tendrá", resume Ramón Espinar, exsenador de Podemos.

Aguirre y Ayuso: ¿vidas paralelas? Sí y no.

El viaje del héroe

Si el héroe clásico siempre es diferente al final del viaje, y el arco narrativo de Aguirre está claro (de mosquita muerta risible a dama de hierro imbatible), el de Ayuso es aún borroso. ¿Qué ha cambiado en ella desde que Casado (2019) la nombró candidata a la CAM? Todo y nada. Ha subido el número de sus votantes, eso seguro, que ya es bastante en política. Pero si la Espe ingenua de 'CQC' se parecía poco a la Espe dura de la CAM, la nueva Ayuso se parece sospechosamente a la antigua Ayuso.

Su historia, de hecho, empieza y acaba del mismo modo: la conocimos diciendo que le flipaban los atascos nocturnos madrileños, y ahora ha cerrado la campaña asegurando que lo mejor de Madrid es no encontrarse a tu ex por la calle. Es decir, exactamente el mismo tipo de comentario regionalista alucinógeno, solo que la primera vez reflejó debilidad (el PP la metió en la nevera mediática unos días) y la segunda... fortaleza. Ayuso siempre ha sido la misma, nunca cambió su estilo desahogado pese a las críticas (también internas) del principio, pero las ayusadas han pasado de desastre retórico a sofisticada arma electoral... Así de caprichosa es la política.

"Ayuso ya hacía sus propios mantras sobre Madrid antes de contratar a Miguel Ángel Rodríguez. Sigue siendo la misma del principio, lo que ha cambiado es nuestra manera de percibirla"

"Ayuso ya hacía sus propios mantras sobre Madrid antes de contratar a Miguel Ángel Rodríguez. Tiene un desparpajo natural que fascina para bien y para mal. Ella sigue siendo la misma del principio, lo que ha cambiado es nuestra manera de percibirla", cuenta uno de los periodistas que mejor la conoce.

Habla un diputado de izquierdas que compartió legislatura con Ayuso cuando era una desconocida: "Era la última de la fila en el PP. La sacaban cuando había que montar bulla al grito de Venezuela o Caracas".

En efecto, no se puede acusar a Ayuso de no seguir fiel a sí misma. ¿Qué ha cambiado entonces si ella no lo ha hecho? Ha cambiado el humor del país (tras un denso confinamiento) y ha cambiado la correlación de fuerzas (agonía de Ciudadanos). Superado lo más duro del covid (Ayuso pasó momentos muy críticos en otoño), el clima sopló a favor del costumbrismo cervecero madrileño, por el que Ayuso apostó fuerte en lo más crudo del invierno. Su apuesta de comunidad autónoma con menos restricciones hosteleras (tan arriesgada como criticada) salió mejor de lo previsto, y dejó a la izquierda en fuera de juego en precampaña... y a Nacho Cano hablando de Ayuso como si fuera Jesucristo.

Más palabras de Ignacio González sobre los ataques a Espe cuando era meme: "La mayoría de las veces se la descalificaba personalmente, no por su gestión". O la pija falta de luces. También le pasó a Ayuso: "Mis palabras se intentan vender como meteduras de pata, como si estuviera confundida, para dar a entender que no tengo conocimiento o capacidad de gestión", dijo Ayuso durante su accidentada campaña en 2019. Pero el problema de reducir la política a los estilos de vida es que Ayuso se ha mostrado una candidata costumbrista fuerte, como demuestra su victoria en la guerra de los bares, pero sobre todo su hazaña de convertir las primeras elecciones tras la mayor crisis sanitaria en un siglo... en un referéndum sobre el derecho a beber cerveza fría en Madrid (que se dice pronto).

El murcianazo

Pero, por mucho que a los madrileños nos guste bromear sobre Ayuso y beber en terrazas, el verdadero momento político decisivo quizá haya sido otro: el murcianazo. O cómo el PP respondió a la moción de censura del PSOE y Ciudadanos en Murcia con un contraataque antológico.

Como toda jugada política de éxito, el murcianazo tiene muchos padres: Pablo Casado, Teodoro García Egea, Miguel Ángel Rodríguez (MAR), Ayuso... Todos pusieron su granito de arena, pero el gran martillazo fue la convocatoria relámpago de elecciones en Madrid, que en una sola jugada dejó a todos los rivales tiritando. Al PSOE (con marejada interna en Moncloa por la errática Operación Murcia y con un rentabilizado Gabilondo compitiendo de nuevo por falta de tiempo para sustituirlo), a Podemos (forzado a adelantar la sucesión Pablo Iglesias/Yolanda Díaz para no desaparecer en la CAM), a VOX (la candidata favorita de sus votantes era... Ayuso) y, sobre todo, a Ciudadanos: la salvaje opa hostil del PP no solo acabó dando un triunfo holgado a Ayuso en Madrid (la gran mayoría de sus nuevos votantes han venido de las ruinas de Ciudadanos), sino que activó la refundación de las derechas a un coste mínimo para el PP.

Las ayusadas han pasado de desastre retórico a sofisticada arma electoral... Así de caprichosa es la política

Tremenda maniobra que Ayuso va a rentabilizar una larga temporada. Cuando Casado eligió a una desconocida Ayuso para la CAM, algunos vaticinaron el fin de un cuarto de siglo de hegemonía popular en Madrid, y no solo por un PP desgastado por la corrupción y una derecha partida en tres, sino porque Ayuso patinó tanto en precampaña que su partido llegó a ocultarla a los medios. Pero, dos años después, el PP jalea a Ayuso para que diga las mismas ayusadas sobre la vida en Madrid... que en 2019 parecían errores catastróficos.

"Cuando la izquierda dice que Ayuso no sería nada sin Miguel Ángel Rodríguez, cae en el paternalismo. Yo diría incluso que MAR la ata corto para que no se pase de frenada: Ayuso volaría aún más alto si le dejaran. ¿Que da una comparecencia sin preparar y se le escapa algo que no debería haber dicho? Le da igual. Para eso es muy trumpista: no cree que las palabras y las hemerotecas tengan consecuencias", cuenta el periodista citado anteriormente.

¿La convierte esto en la nueva Esperanza Aguirre? Sí y no. Sí si reducimos todo a un relato sobre cómo la izquierda cultural se equivocó al minusvalorar a una candidata del PP. Pero Espe era mucha Espe. El PP ya no es el rodillo hegemónico del ladrillo y las mayorías absolutas. Espe privatizó servicios públicos a gran escala, Ayuso diserta sobre beber cañas. Espe reinó en la abundancia, Ayuso surfea la precariedad. Eso sí, si Ayuso lograse reunificar las tres derechas, sería también leyenda. Queda saber, por tanto, si las analogías Espe/Ayuso incluirán asalto nacional al PP. Recordatorio amistoso a Ayuso: Espe se estrelló contra un gallego, y la historia siempre se repite.

Todos somos Pecas

Ha costado, en definitiva, tomarse en serio a Ayuso. Hasta el mismísimo presidente del CIS, José Félix Tezanos, escribió sobre ella desde la suficiencia en un artículo reciente en el que la comparó con Trump: “La mayor parte de los analistas —al menos los que mantienen alguna independencia de criterio— vienen mostrando su sorpresa por la escasa entidad intelectual y política de la candidata. Algunos, incluso, no han dudado en recordar su pobre trayectoria anterior en el PP, subrayando la humillación que tuvo que soportar por parte de quienes valoraron en su día su nivel óptimo de competencia encargándola del Twitter del perro de Esperanza Aguirre (“Pecas”)”.

Por supuesto, hay otra manera de ver esto: si consideras que tu rival es una cabeza de chorlito, pero te gana fácilmente unas elecciones, ¿en qué lugar de la escala mental te deja a ti esa derrota? Para más información: pregunten a Hillary Clinton si algún día superará el trauma de haber sido derrotada por Trump.

Resumiendo: el ayusismo sigue siendo tan psicodélico como al principio, pero si antes nos reíamos de Ayuso, ahora es Ayuso quien ríe la última, mientras reina en Madrid tras haber destruido a Ciudadanos, robado los votantes a Vox, acelerado la salida de Iglesias y reducido al PSOE a la mínima esencia. Nunca una caña fresquita con limón dio tanto de sí.

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