DEL FESTIVAL DEL VINO A 'WALKING DEAD'

De reinar en Europa a los números rojos: el Parque de Atracciones cumple 50 años

El 15 de mayo de 1969 se inauguró el Parque de Atracciones, uno de los lugares más queridos por los madrileños que de nuevo se enfrenta al reto de la reconversión

Foto: Imagen del parque en los años 70. (Parques Reunidos)
Imagen del parque en los años 70. (Parques Reunidos)

El 29 de abril de 1969 llovió en Madrid como pocos recuerdan. Una tormenta dominical se descontroló y terminó por inundar barrios enteros como Aluche o Carabanchel y varias carreteras nacionales tuvieron que cortarse al tráfico. El Manzanares se desbordó y los Bomberos tuvieron que sacar a varios conductores de varias carreteras por la ventanilla de sus vehículos. En la Casa de Campo, el lago creció tanto que, al juntarse con la arena, expulsó una riada de lodos que obligó a cerrar todos los accesos.

Aunque media ciudad estaba sin electricidad y la otra media necesitaba una canoa para salir de casa, a las autoridades lo que más les preocupaba en ese momento era el estado del Parque de Atracciones. Faltaban solo diez días para la inauguración y la tormenta había desvencijado los trabajos de construcción, que por entonces avanzaban en tres turnos de ocho horas al día. Todas las instalaciones quedaron inundadas y hubo que traer bombas hidráulicas para achicar de varias partes de Europa.

Durante las siguientes dos semanas los trabajadores del Parque de Atracciones trabajaron sin descanso para terminar la primera fase de las obras, a menudo con el alcalde Arias Navarro enfundado en unas botas de pescador revisando los trabajos 'in situ'. Había que tomar decisiones inmediatas: los técnicos no se atrevían a cuantificar los daños hasta ver las instalaciones secas y en muchos casos hubo que rehacer interiores e incluso apuntalar algunas estructuras. Pese a que nadie lo reconocía ante los medios, en esas dos semanas se valoró la posibilidad de posponer la apertura del parque varios meses.

Aspecto del Parque a finales de los años 60. (Parques Reunidos)
Aspecto del Parque a finales de los años 60. (Parques Reunidos)

No fue necesario y el 14 de mayo, hace hoy cincuenta años y una semana, el Parque de Atracciones de Madrid abrió sus puertas. Las crónicas de la época más allá de glosar las "maravillas del ocio del siglo XX", se centran en la excitación de Arias Navarro, que estuvo a punto de sufrir un 'estendalazo' al contemplar el Auditorio y se puso después la corbata por montera en los 7 Picos. No era para menos: aquel día era la culminación de casi cinco años de enganchones con promotores y constructores, con varios juicios y amenazas de sacar de nuevo el proyecto a concurso de por medio. En total costó 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros), pero cumplía su función básica: competir con los mejores parques de atracciones de Europa.

El Parque que abrió para el público el día siguiente, San Isidro Labrador, no se parece en nada al de hoy. En su libro 'Parque de Atracciones de Madrid', Marco Besas y Héctor García explican que el objetivo era hacer lo que posteriormente se conocería como parque temático, alejarlo de la clásica verbena de pueblo que imperaba en toda España. Pero no pudo ser: "Esta costumbre de ir de puesto en puesto, ya fuese para comer, probar juegos de azar o subirse a distintas atracciones, provenía de las ferias y estaba fuertemente arraigada en los hábitos de los madrileños", dicen los autores, "y los directivos se dieron cuenta rápidamente y, en vez de seguir rechazando esta idea, la abrazaron y la impulsaron. Pronto surgieron eventos como el Festival del Vino, la Fiesta de la Tortilla, la de la paella, la del jamón y la del queso. Tampoco se dudó en montar saraos andaluces al estilo de la Feria de Sevilla con sus casetas, guirnaldas y tablaos".

Concierto de Julio Iglesias en el Auditorio (P.R.)
Concierto de Julio Iglesias en el Auditorio (P.R.)

Todo un espectáculo cañí con Don Quijote y Sancho a las puertas que costaba 20 pesetas (0,12 €) a los adultos y 5 (0,03 €) a los niños, aunque las mejores atracciones, como la montaña rusa, costaban 20 pesetas más, y otras como el Gusano Loco, 10. Estaban también la pista de karts y el Platillo Volante, del que hablaremos más adelante, aunque el Viaje Espacial y la noria llegaron meses más tarde. Un detalle que pocos visitantes recuerdan, pero desde luego sí todos los trabajadores, es que durante el primer año las atracciones funcionaban con fichas de plástico. Así, unas máquinas en cada atracción se iban llenando de fichas a lo largo del día y, al cerrar, una legión de operarios tenía que cargar con cubos y cubos de fichas para redistribuirlas por las veinte hectáreas del recinto.

Tres instalaciones se cayeron en el último minuto. La más llamativa era un monocarril aéreo que iba a unir el Parque con otras partes de la Casa de Campo, pero la que más dolió en el Ayuntamiento fue 'La España de los Niños', un gigantesco mapa de España, con su relieve y sus ríos, circunvalado por un trenecito. Arias Navarro solo renunció por una obra faraónica: una pista de hielo con capacidad para 3.000 espectadores y el techo acristalado. El suelo de hielo, explicó el alcalde ante los medios, sería replegable para dar lugar a exhibiciones de otros deportes. Incluso se compraron gigantes máquinas de hielo antes de empezar las obras, nunca más se supo de aquello.

Aspecto del Parque en los 70. (P.R.)
Aspecto del Parque en los 70. (P.R.)

La joya del proyecto, sin lugar a dudas, era el Platillo Volante, una impresionante estructura de 33 metros que se levantaba sobre la arboleda de la Casa de Campo y presidía el parque desde su punto más elevado. Arriba se montó un restaurante que presumía de tener las mejores vistas de Madrid. El diseño fue obra del ingeniero Carlos Buigas, fallecido en 1979, así como también algunas de las atracciones más recordadas como Viaje al Centro de la Tierra. Buigas era reconocido como un experto internacional en iluminación y creó alguno de los efectos más espectaculares del parque, como unos chorrillos de agua que caían del Platillo y que, iluminados en rojo desde abajo, daban la sensación de que la nave estaba a punto de despegar.

El Platillo fue un éxito desde el primer momento, espoleado en el cine por películas como 'El padre de la criatura' (1972) o 'Tobi, el niño con alas' (1978). De hecho fue en esta película, un superéxito que en muchas salas adelantó a 'Grease', una de las últimas veces que pudimos ver el Platillo abierto. Ese mismo año se aprobó una nueva legislación de seguridad en espacios públicos y los técnicos fueron incapaces de adecuar el Platillo a los requisitos de evacuación. Entre el restaurante y el mirador cabían 300 personas y era imposible desalojarlas a todas por la escalera en caso de incendio. Se valoró la opción de reabrir el restaurante con capacidad para 25 o 30 comensales, el 10% de lo proyectado, pero los costes de explotación superaban los del negocio, que incluía a dos ascensoristas y decenas de camareros.

El Platillo cerró en 1978, y fue después el Gran Árbol, pero nunca más volvió a abrir. Esto marcaría un punto de inflexión en el parque, que durante la siguiente década apenas construiría nada de interés para el visitante. Las familias y las parejas jóvenes fueron dejando paso a manadas de adolescentes, a menudo afanados en vandalizar los dinosaurios y marcianos de porexpan. El Parque, que siempre había sido un negocio rentable, comenzó a perder público y a flojear en los balances durante los 80. Se trataba de un parque diseñado con los estándares de los 60 que necesitaba una gran inversión para reconvertirse a parque temático.

Florentino entra en escena

Y, como siempre sucede cuando alguien necesita dinero en Madrid, de detrás de un pino surgió Florentino Pérez. El constructor, junto a Cajamadrid, compró el parque a los constructores en 1989 por 1.100 millones de pesetas. Lo primero que hace la nueva junta directiva es aprobar un "Plan de Reordenación del Parque de Atracciones de Madrid", un dosier de 150 páginas que no solo preveía la creación de varias zonas temáticas nuevas, sino también un 'parking' para 2.000 vehículos, la mejora de los accesos al recinto y un pantagruélico jardín botánico. En total, Pérez y Cajamadrid estimaron la inversión en 3.000 millones de pesetas, a razón de 500 por año hasta 1996.

La atracción Tarzán durante los años 80. (P.R.)
La atracción Tarzán durante los años 80. (P.R.)

La mayor parte del proyecto quedó en nada, principalmente porque Pérez exigía la cesión de nuevos terrenos a un ayuntamiento, ahora socialista, que no estaba por la labor. Se trabajó, por tanto, en actualizar lo que ya había y alejarse, esta vez sí, de la imagen de verbena en la Casa de Campo. De esta época datan el Aladino, el Cóndor y el Flume Ride, la primera montaña rusa acuática del parque. También se recuperó el control de todos los establecimientos del Parque, hasta 1990 en manos de diversas concesionarias que, en ocasiones, ofrecían un mismo producto a distinto precio.

El Pasaje del Terror revitalizó un parque moribundo y lo llevó a conseguir récord de visitantes

Tan solo se permitió a una empresa externa operar dentro del parque: a los dueños de El Pasaje del Terror. La idea surge del argentino Fernando Quenard, que en 1986 instaló en Mar del Plata lo que llamaría El Torreón del Monje, una versión actualizada del Tren de la Bruja en la que los visitantes tienen que explorar, a pie, una casa repleta de actores caracterizados de monstruo. El éxito de la idea lo llevó a implantarse en 30 ciudades del mundo, pero Quenard hizo hincapié en España. Casi a la vez se abrieron pasajes del terror en Barcelona, Salou, Zaragoza, Málaga, Sevilla, Valencia y Madrid.

El Pasaje del Terror era tan novedoso que disparó la rumorología. Raro era el colegio o instituto de España en el que no se hablase de la violación de la chica que actuaba en El Exorcista o los numerosos ataques al corazón de personas aparentemente sanas. Era todo mentira; la verdad es que en el Parque de Atracciones, solo durante el verano del 89, la atracción contó con 250.000 visitantes, llevando al Parque a una cifra de 1,6 millones de entradas, récord en ese momento.

El exorcista, la parte más recordada de El Pasaje del Terror. (P.R.)
El exorcista, la parte más recordada de El Pasaje del Terror. (P.R.)

"Eran unas colas inmensas, que daban varias vueltas al edificio. Había gente que pasaba el día entero esperando para ver el Pasaje del Terror", recuerda Ana Blanco, operadora de atracciones del Parque desde 1990. "Llegó un nuevo público, volvió la gente joven, se cambió un poco el modelo de visita al Parque, que estaba muy centrado en los 7 Picos y el Jet Star, de un parque de otra época", dice. Blanco sostiene que los verdaderos cambios llegaron a partir de 1995, cuando las atracciones de exploración dejaron paso a las más frenéticas, la de la zona de Maquinismo y en especial el Rotor y Top Spin. "Ahora son viejas, pero cuando salieron eran la sensación, mucha gente no las había visto ni en televisión".

Estas nuevas atracciones fueron fruto de la mayor ampliación del parque, aprobada en 1992, ya con el PP en el ayuntamiento. Se aprobó una inversión de 5.200 millones de pesetas —finalmente serían 8.000— para una remodelación completa que, de una vez por todas, convirtiese el Parque en un parque temático. Con el plan aprobado y las obras en marcha, Florentino y Cajamadrid vendieron el 61% de sus participaciones al grupo Mercapital y otros cinco fondos de inversión por 2.000 millones de pesetas. El Parque inició así una segunda época de esplendor que, pese a no alcanzar las cifras de la primera década, tres millones de visitantes al año, superó por primera vez en muchos años los dos millones de tickets.

Aspecto del parque a comienzos de los 90. (P.R.)
Aspecto del parque a comienzos de los 90. (P.R.)

"Se nota el descenso de visitantes, por supuesto", dice Ana Blanco, "pero es que es imposible que se repitan las cifras de los 60. Han surgido muchos centros comerciales alrededor del Parque, los cines Kinépolis, el parque de Warner... ahora estamos rodeados de competencia, mientras que antes el Parque era la primera opción de ocio para los madrileños", explica la operadora.

En 1996 Parque de Atracciones se unió a Zoo de Madrid, el teleférico y el Aquopolis para fundar la mercantil Parques Reunidos. De la fusión surgió un arma poderosa: el bonoparque. "Esto lo cambió todo. Pasamos de nuevo de los adolescentes a las familias, a los que los bonos les salen muy rentables. Por un pago anual pueden ir las veces que quieran al Zoo, al acuario y al Parque de Atracciones", afirma Blanco. "¿Qué con cuáles es más fácil trabajar? Con los adolescentes. Al menos cuando les explicas algo te hacen caso, muchos padres te dicen que su hijo se quiere montar ahí y, aunque no lleguen al tamaño mínimo, siguen insistiendo un buen rato", dice la trabajadora.

Los Fiordos, la atracción más demandada en verano. (P.R.)
Los Fiordos, la atracción más demandada en verano. (P.R.)

En 2000, y después de otra mastodóntica inversión, el Parque de Atracciones recuperó el pulso con los principales parques del mundo. "Desde que yo llegué, hace casi treinta años, ha habido dos cambios básicos: los sistemas de seguridad, que son completamente distintos, y la naturaleza de las atracciones, que tiene una tendencia clara hacia las vertiginosas", dice José Luis Atienza, Jefe de Operaciones del Parque, que también se acuerda del Pasaje del Terror, hoy llamado El Viejo Caserón: "Es un espectáculo teatral que lleva 30 años interpretándose en la Casa de Campo, yo no sé si habrá otra obra tan antigua en la ciudad".

En los últimos años, superado casi siempre en afluencia por su vecino de la Warner, el Parque ha desdoblado su oferta. Por una parte se ataca a los más jóvenes con atracciones de infarto: "Vienen muchos para visitar Abismo, que es la atracción más fuerte que tenemos, y otras como Lanzadera, una caída libre que siempre te genera sensaciones", dice Atienza. "Y por otra parte hay una zona para niños, con ocio interactivo y videojuegos, que tiene atracciones de los personajes de Nickelodeon y está teniendo mucho éxito".

La atracción Abismo. (P.R.)
La atracción Abismo. (P.R.)

Parque de Atracciones ha cerrado acuerdos comerciales con Nickelodeon, 'Walking Dead', 'La Patrulla Canina' o 'Monster's High' porque, como reconoce Atienza, "nosotros no somos Disney y tenemos que asociarnos con empresas que tengan personajes conocidos". Con motivo del cincuenta aniversario, el Parque ha reabierto el Auditorio, en el que cantaron las principales estrellas nacionales, y una exposición fotográfica con la historia del Parque.

Hoy el Parque de Atracciones, para la mayor parte de los madrileños, significa más nostalgia que actualidad. Sus cuentas dicen que pierde dinero año tras año, aunque se trata de un negocio en el que la diferencia entre ganar millones o perderlos cambia según la meteorología. Más preocupante es que su cifra de visitantes, por debajo de los 1,8 millones, le sitúe fuera del ranking de los 20 parques temáticos más visitados de Europa. Parece que igual que en 1994, cuando celebró sus 25 años, el Parque tiene de nuevo ante sí el reto de reinventarse para las próximas décadas.

Madrid
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