TOMA DE POSESIÓN DE CARLES PUIGDEMONT

Ni Constitución, ni Rey: el nuevo ‘president’ solo cuenta con el “pueblo de Cataluña”

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ha evitado citar al Rey y a la Constitución y ha preguntado a Puigdemont por su fidelidad "a la voluntad del pueblo de Cataluña"

Foto: El presidente electo de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente electo de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

El nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, delimitó hoy en su toma de posesión el tablero de juego que quiere establecer: ni Estatuto, ni Constitución, ni Rey. Fueron los grandes ausentes de un acto que reunió a la flor y nata de la política y la sociedad catalanas, 400 personalidades entre las que destacaban ausencias como la de la cúpula del PP catalán o de Ciutadans. Pero sí estaban el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, la delegada del Gobierno, Llanos de Luna, y el general inspector del Ejército Ricardo Álvarez Espejo.

Puigdemont hizo servir una fórmula polémica: prometió “cumplir lealmente las cargas de ‘president’ de la Generalitat con fidelidad al pueblo de Cataluña representado por el Parlament”. En sus primeras palabras, quiso aclarar el motivo de su fórmula: “He prometido lealtad al Parlament y al pueblo porque el ‘president’ es elegido por el Parlament, que a su vez es elegido por el pueblo. Y este círculo virtuoso es el que tiene una legitimidad democrática indiscutible”. La fórmula puede ser polémica, pero en principio no tiene visos de ilegalidad.

Ni Constitución, ni Rey: el nuevo ‘president’ solo cuenta con el “pueblo de Cataluña”

Advirtió el nuevo mandatario de que su labor se basará en cinco ejes principales: lograr mejores condiciones de vida, crear más empleo, elevar la calidad de los servicios públicos, elevar la calidad del medioambiente y aplicar un compromiso de solidaridad internacional.

Claro que aseguró que “con las herramientas que tenemos no podemos garantizar estos deberes. Con lo que nos han dejado no lo podemos hacer, porque nos tienen ahogados y humillados financieramente, menospreciando nuestra identidad y nuestra lengua. No lo permitiré”.

Por tanto, anunció que daría órdenes a su Gobierno “para preparar y garantizar el plan de gobierno que anuncié en mi investidura, con las garantías jurídicas de cada una de las iniciativas”. En otras palabras: intensificar el camino hacia la independencia y poder convocar unas “elecciones constituyentes” en 18 meses, periodo durante el cual ha de poner en marcha las polémicas “estructuras de Estado”, como la Agencia Tributaria Catalana, la Agencia de la Seguridad Social Catalana o el Banco Central de Cataluña.

El acto dio mucho de sí. Artur Mas, en una breve alocución anterior al discurso de Puigdemont, comenzó diciendo a sus colaboradores: “Yo sí os agradezco los servicios prestados”. La alusión al decreto del BOE, en el que no se le agradecen los servicios prestados, era clara (en los decretos de cese no se aplica esa fórmula cuando el cesado no ha cumplido lealmente sus obligaciones y, por tanto, sale por la puerta de atrás; pero hasta al último funcionario se le aplica la coletilla de agradecimiento). Mas fue largamente aplaudido cuando hizo esa alusión, con el público puesto en pie.

Mas aseguró que deja el cargo “con una gran tranquilidad de espíritu. Llegué hace cinco años con una vocación honesta y sincera de servicio a Cataluña y me voy con esa sensación, con la convicción de haberla servido tanto como he podido y sabido”. Y terminó con una metáfora marinera: “President’, muy buena singladura y que lleguemos juntos a buen puerto”, dijo a Puigdemont. Este le respondió luego con otra frase de un poeta turco (“Lo mejor del mar es lo que aún no hemos navegado”), pero terminó echando mano de una máxima de Gaziel: “Soy falible, pero insobornable”. Terminó, eso sí, con un contenido “Visca Catalunya!” sin el 'lliure', que gritó nada más ser elegido en el Parlamento el pasado domingo. Las formas, pues, comienzan a afinarse.

Ni Constitución, ni Rey: el nuevo ‘president’ solo cuenta con el “pueblo de Cataluña”

La tarde, no obstante, dio mucho de sí. Fue la reaparición pública, por ejemplo, de la exvicepresidenta del Govern Joana Ortega, que salió del Ejecutivo de Artur Mas tras la fractura de CiU. Y Jorge Fernández Díaz, por ejemplo, departió largo tiempo con los dos máximos dirigentes de ERC, Oriol Junqueras y Marta Rovira, en un ambiente de franca cordialidad. La despedida al final del acto fue igualmente cordial. La presidenta del Parlamento, Carme Forcadell, también saludó de la misma manera a Llanos de Luna. Los dos representantes políticos del Gobierno central, en cambio, siguieron la ceremonia protocolaria con caras muy serias. Por cierto, Fernández Díaz y De Luna fueron los políticos más silbados por centenar y medio de personas que se concentraron ante el palacio de la Generalitat. Durante su entrada y su salida, los concentrados corearon la clásica consigna de ‘In, Inde, Inde-pendèn-cia!’.

Quedó plasmado con claridad, sin embargo, un primer mensaje del Estado: en la anterior toma de posesión, el Gobierno central estuvo representado por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que luego fue el encargado de controlar e intervenir virtualmente las finanzas de la Generalitat. En esta ocasión, el representante ha sido el ministro del Interior. La excusa es que es un ministro catalán. Pero también en la anterior ocasión lo era y, en cambio, no asistió al acto. Las lecturas en los círculos políticos son múltiples, pero el hecho no tiene nada de inocente.

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