para presidir la generalitat

Temor empresarial a una alianza entre Junqueras y Romeva que desbanque a Mas

En sectores empresariales, los temores se centran en la posibilidad de que estén tramando un golpe de mano que descabalgue a Artur Mas y deje a la Generalitat en manos de la izquierda

Foto: Los candidatos de Junts pel Sí, Oriol Romeva (c), Artur Mas (i) y Oriol Junqueras. (EFE)
Los candidatos de Junts pel Sí, Oriol Romeva (c), Artur Mas (i) y Oriol Junqueras. (EFE)

"Cuídate, César, de los idus de marzo", escribió Wililiam Shakespeare en su obra sobre la traición política más famosa de la Historia. No serán en marzo, pero en sectores empresariales se teme que el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva, estén tramando un golpe de mano que descabalgue a Artur Mas y deje a la Generalitat en manos de la izquierda. La puñalada metafórica estaría a la altura de la que acabaron con los días de gloria de Julio César.

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Este temor de los empresarios se basa en diversos hechos. Uno: la mala relación que siguen manteniendo Junqueras y Artur Mas, pese a que son el número cuatro y el cinco, respectivamente, de la candidatura de Junts pel Sí. Junqueras ha ido a la fuerza a esta confluencia y los acuerdos entre CDC y ERC son secretos a excepción de un punto: que Artur Mas será de nuevo presidente de la Generalitat. La desconfianza entre ambos líderes sigue dominando, según fuentes políticas de ambas formaciones.

El segundo argumento se centra en los estrechos vínculos que mantiene Junqueras con Romeva. Ambos son buenos amigos desde que coincidieron en Estrasburgo como parlamentarios. De hecho, fue Junqueras el que propuso a Romeva como la cara más visible de la nueva lista independentista, después de que otras personas más próximas a Mas, como el tenor Josep Carreras declinasen el ofrecimiento.

El tercer pilar de esta inquietud se levanta en la aversión de Junqueras a liderar nada. Oriol Junqueras aspira a ser el Xabier Arzalluz de Cataluña. A mandar mucho pero sin encabezar un gobierno autónomo, algo que incomoda a un independentista pata negra como él. Así que Romeva podría ser el presidente de la Generalitat y él, influir desde fuera: lo que mejor se le da.

El cuarto punto es la cantidad de izquierdistas que habrá en el Parlament. Junqueras ya controlaría el 40% de la lista de Junts pel Sí pero además hay muchos independientes que están mucho más allá del posicionamiento ideológico de Artur Mas. El cantautor Lluís Llach sería un buen ejemplo de esta tendencia, que ya explicó El Confidencial. La propia lista que encabeza Romeva cuenta con numerosos independientes que provienen de la izquierda catalana, como ya publicó El Confidencial, y que podrían sintonizar mucho más con Romeva, ex ICV, que con el actual presidente catalán.

El candidato de la CUP, Antonio Baños, hace campaña en Terrassa. (EFE)
El candidato de la CUP, Antonio Baños, hace campaña en Terrassa. (EFE)

ERC, por tanto, tendría que urdir su alianza con estos diputados y conseguir sumarle la decena que las encuestas dan al grupo de izquierda radical CUP, formación cuyo líder, Antonio Baños, está declarando a los cuatro vientos que no aprobarán la investidura de Mas. Todavía faltarían algunos mimbres, pero Junqueras los podría encontrar en las filas de Catalunya sí que es pot (ICV con Podemos) que encabeza un líder vecinal Lluís Rabell, quien ha reconocido que fue a votar el 9N y que su papeleta fue SÍ-SÍ.

Primera señal

La primera señal de esta tendencia aflorará en el Parlament. CDC quiere constituir un grupo parlamentario conjunto con la lista de Junts pel Sí. Cuenta con diputados con experiencia como Josep Rull o Jordi Turull, que podrían controlarlo, según aseguran fuentes de esta formación. Pero todo lo que se resista ERC a integrarse en un grupo parlamentario que no sea el propio de su formación apuntará en el sentido de un cambio de planes.

Es esta ausencia de concreción lo que dispara las teorías especulativas en todas las direcciones

Este panorama pone los pelos de punta a los poderes fácticos en Cataluña, en especial a los empresariales. Mas puede ser independentista tardío pero en los consejos de administración de las grandes empresas catalanas sólo se espera de él que "arrastre los pies", hacia una hipotética independencia, en palabras de un importante empresario. Un escenario en el que todavía podrían sentirse cómodos, a la espera de pactar con el Gobierno español que salga de las generales.

Presión

En cambio, se ve una Generalitat presidida por Romeva como más dócil a las consignas que podrían salir de un Parlament radicalizado y, a juicio de los empresarios catalanes, peligrosamente escorado hacia la izquierda. En ese entorno, la incertidumbre sería muy grande y el nada deseado choque de trenes con España, inevitable. 

En todo caso, la vaguedad de Junts pel Sí no se limita a su ausencia de programa político, más allá de una Declaración Unilateral de Independencia. Poco se sabe de su futura actividad parlamentaria o de si esta alianza política se mantendrá para la generales, tal y como apuntan fuentes políticas de la formación, en caso de erigirse con la victoria el 27-S. Es esta ausencia de concreción lo que dispara las teorías especulativas en todas las direcciones. Y en caso de acierto, ¿quién querrá avisar a Artur Mas de sus correspondientes "idus de marzo"?

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