Confinamiento en el Segrià

El caos con los jornaleros le estalla al Govern y causa una 'estampida' para dejar Lleida

La caótica gestión de los cientos de jornaleros que residen en la comarca ha sido clave en el repunte de casos de coronavirus. Ahora, ante las medidas, muchos culpan a la inmigración

Foto: Cuando se conoció la noticia comenzaron a formarse colas en la estación de tren de Lleida. (Ferran Barber)
Cuando se conoció la noticia comenzaron a formarse colas en la estación de tren de Lleida. (Ferran Barber)

Cientos de personas han abandonado Lleida este sábado ante el temor de regresar al punto 0 del confinamiento. Un aumento de los contagios por coronavirus en la comarca del Segrià ha hecho que la Generalitat opte por cerrar a cal y canto la capital de esta comarca y otros 37 municipios de la zona. Aunque la consejera de Salud, Alba Vergés, había descartado esta medida un día antes, no son pocos quienes anticipaban que era cuestión de horas que el Segrià siguiera los pasos de otras áreas, como la cuenca de Òdena. Y así ha ocurrido. Ahora bien, en rigor, no se trata de un confinamiento domiciliario. Lo que el Govern de Quim Torra ha clausurado, con 25 unidades de policía y 200 agentes, es el perímetro de la comarca. Su objetivo es restringir la movilidad al interior y exterior de los 210.000 habitantes de esta zona para impedir que se siga extendiendo el virus. La situación en la que han vivido cientos de jornaleros que residen en la comarca y trabajan en distintas industrias de la zona está en el foco de toda la situación.

"Hace ya un par de semanas que se percibía un incremento alarmante en el número de casos de coronavirus, aunque no se reflejaba ni en los medios de comunicación, ni en el discurso de las instituciones", asegura el cuidador Francisco López.

Eran poco más de las doce del mediodía y López trataba de abandonar la ciudad con destino al País Vasco, donde proyecta pasar las vacaciones en compañía de un amigo. De pronto, Lleida se ha convertido en una ratonera para algunos. Sobre el papel, solo los no residentes en la zona podían abandonar la comarca antes de las cuatro de la tarde, pero no son pocos los que han burlado las restricciones para no desperdiciar sus vacaciones.

"Que la situación se había agravado se hizo aún más evidente cuando se instaló un hospital de campaña para las urgencias junto al Arnau Vilanova", dice una madrileña que también había decidido el día antes regresar a su ciudad. Ella sí ha logrado dejar la ciudad catalana, aunque haya sido a costa de abandonar a su pareja precipitadamente. Otros no han tenido tanta suerte.

Los viajes en autobús a otras poblaciones de la comarca seguían funcionando ayer. (Ferran Barber)
Los viajes en autobús a otras poblaciones de la comarca seguían funcionando ayer. (Ferran Barber)

Uno de los empleados de las ventanillas de venta de billetes de la estación de Lleida-Pirineus define como "avalancha" la cantidad de personas que han abandonado por ferrocarril este sábado el territorio clausurado. Durante las algo más de cinco horas con las que han contado los no residentes para dejar el Segrià, el flujo de viajeros habituales para la tarde de un sábado de julio en esta estación se ha incrementado de forma considerable. De forma sistemática, los empleados solicitaban a todos los clientes de trenes de largo recorrido que se identificaran, tal y como establece el protocolo en cualquier circunstancia. En este caso, debían acreditar también que residen fuera de la comarca.

Según el vendedor de billetes, una parte significativa de los clientes que han abandonado Lleida en tren eran inmigrantes africanos. Han tomado trenes regionales para realizar desplazamientos de corto recorrido hasta ciudades como Binéfar, que es uno de los primeros núcleos de población aragoneses con el que uno se da de bruces tras los límites provinciales y, por lo tanto, no se ha visto afectado por la decisión de Torra. Dicen que ser obligados a permanecer en el Segrià, en las duras condiciones en las que muchos viven, hubiera comprometido su situación todavía más.

Este marroquí con residencia habitual en Benicarló llegó a Lleida buscando trabajo y se ha quedado atrapado. (Ferran Barber)
Este marroquí con residencia habitual en Benicarló llegó a Lleida buscando trabajo y se ha quedado atrapado. (Ferran Barber)

Otros, sin embargo, no se han enterado o, simplemente, carecían del tiempo necesario o de la posibilidad de reaccionar. Este es el caso, por ejemplo, de un marroquí llamado Muhammad, recién llegado a la capital de la comarca desde Benicarló, su población de residencia. "He venido en autobús a Lleida para interesarme por un trabajo, que probablemente no consiga, en un pueblito próximo. Tengo mi familia en la Comunidad Valenciana y ahora me encuentro con que no puedo regresar".

"Los jornaleros son víctimas, no culpables"

Activistas como la catalana de origen senegalés, Nogay Ndiale, miembro de la Plataforma Fruta con Justicia Social, no albergan duda alguna de que los nueve brotes activos declarados en la zona aislada por la Generalitat están relacionados con la forma en que se ha tratado a los cientos de jornaleros sin techo que pasaron parte de la cuarentena hacinados en la calle ante la incapacidad de los políticos locales de garantizarles unas condiciones dignas y seguras durante la pandemia. "Se les ha dejado en la calle y se les ha abandonado a su suerte durante meses. Les hicieron test a última hora para cubrirse las espaldas", asegura Ndiale.

Además, hace más de dos meses, en plena cuarentena, se declararon dos de los mayores brotes de covid-19 en los dos mataderos de Binéfar (Huesca). Buena parte de esos trabajadores que estuvieron en contacto con el virus vive en la propia Lleida o en otras poblaciones como Alcarrás, dada la carestía de vivienda que hay en la capital de la Litera y las dificultades que tienen para alquilar viviendas. Varios sindicatos, como Comisiones Obreras y la CNT, ya advirtieron entonces de que esa cadena de contagio, que alcanzó los 450 casos confirmados de trabajadores de Fribin y Litera Meat, terminaría por tocar también a Lleida y a todas las zonas frutícolas de La Franja de Huesca, el Segriá y las comarcas aledañas, en el supuesto de que las administraciones no actuaran de modo diligente. Sus advertencias fueron proféticas. Eso es exactamente lo que ha ocurrido.

"Se está culpando a esos migrantes de los brotes, cuando ellos, en verdad, han sido las víctimas", añade la activista

"Lo que sucede ahora es que se está culpando a esos migrantes de los brotes, cuando ellos, en verdad, han sido las víctimas", añade la activista. "Mucha gente se ha pasado las normas por el forro tras el fin del confinamiento. Se han detectado casos de contagio en fiestas y en reuniones familiares, que posteriormente han terminado alcanzándolos". En el mismo sentido, el también miembro de la plataforma Fruta y Justicia Social, Javier López, cree que las medidas adoptadas por Torra han desencadenado otra clase de avalancha, en este caso de acusaciones racistas a los inmigrantes extranjeros. Según dice, las redes se llenaron este viernes de esa clase de "escandalosos comentarios que atribuían a los jornaleros lo ocurrido".

Todavía hoy siguen algunos de ellos durmiendo en la calle o viviendo en condiciones deplorables en edificios ocupados. Eso explica que trataran de salir también de Lleida en autobús. A partir de las cuatro de la tarde de este sábado, ya no ha sido posible. Las líneas de autocar han suspendido todos los itinerarios que exceden la comarca, aunque algunos viajes internacionales —concretamente, con destino a Rumanía— no han sido interrumpidos, pese a que eran ya las cinco cuando han recalado en Lleida. Una empleada de la compañía ha indicado que tenían autorización de la policía porque el vehículo circulaba con retraso. Los trenes siguen circulando. Sin embargo, solo las personas que cumplan los requisitos establecidos podrán hacer uso de ellos. Y lo mismo sucede con las autopistas y las autovías que atraviesan la comarca. Pueden utilizarlas quienes tengan su destino o su punto de partida en el Segrià.

'Nueva normalidad' dentro del perímetro

A las personas mayores se les ha recomendado encarecidamente, pero no obligado, permanecer en sus domicilios, salvo para realizar la compra. Solo en los casos de fuerza mayor o el personal laboralmente autorizado puede entrar o salir. A media tarde, la principal arteria comercial, la calle Mayor, era transitada por un número respetable de personas y la gente no había dejado de acudir a las terrazas o los bares.

Dentro de la ciudad, el ambiente se asemejaba mucho al que había antes de la entrada en vigor de las nuevas restricciones. (Ferran Barber)
Dentro de la ciudad, el ambiente se asemejaba mucho al que había antes de la entrada en vigor de las nuevas restricciones. (Ferran Barber)

"Es verdad que también se han adoptado otras medidas como la prohibición de reunirse en un número superior a diez personas, pero en realidad, nadie ha sido confinado. Eso hace que me pregunte hasta qué punto va a ser efectiva una medida así, más allá de impedir que el virus se extienda por las comarcas próximas", dice una gaditana que ha acompañado a dos amigas a la estación de tren.

Se ha dado también, por otra parte, el fenómeno inverso: la "avalancha de retorno" de toda la gente que estaba fuera de su domicilio en la comarca y ha regresado a toda prisa por temor a quedarse 'atrapado' fuera del perímetro delimitado. Las medidas adoptadas por Torra, y posteriormente sancionadas por un juez de guardia, se aplicarán durante quince días. En este momento, existen nueve brotes activos en la zona afectada.

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